sábado, 23 de enero de 2010

1999 / ENTREVISTA A FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES REALIZADA EN SANTA FE, ARGENTINA


ENTRECUENTOS CON FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES


Periodistas y críticos le llaman “el mejor contador de cuentos del mundo”. El cu-bano Francisco Garzón Céspedes estuvo en Santa Fe para presentarse en el Gran Teatro Municipal y para dictar un curso de narración oral escénica. Mencionar sus antecedentes es dejar de lado la entrevista por una cuestión de espacio. Entrevistar lo entrevistado es preguntar cien mil veces lo ya preguntado. Pero: ¿Cómo hacer cuando se está frente a un hombre que, como él se declara y se desnuda, se viste y se desviste y sí, por si fuera poco, te ama y te abraza a través de la magia de sus palabras? ¿Suyas? Algunas, sí; otras, no. Da igual, porque lo que no le pertenece, termina perteneciéndole en un trabajo febril y emotivo de re-creación.

–¿Quién eres?

Soy un ser humano que está alerta consigo para comportarse como una buena persona. Lo que deviene: intentar la llegada una y otra vez a una meta que se aleja. Uno tiene dudas sobre el intento y sobre la meta. Porque intento y meta se insertan en este momento del desarrollo humano. Un desarrollo en ascenso, pero lleno de retrocesos y de avances. Soy también una suerte de juglar ilustrado contemporáneo. Con varias profesiones: escritor, periodista, hombre de la escena, investigador, docente. Todas entrelazadas en la profesión del narrador oral escénico que también soy. No dejan de despertar mi asombro las denominaciones que para nombrarme han utilizado, y hallado, los periodistas y los críticos a lo largo de varias décadas. Mi vida, mi trabajo y mi obra han obtenido mucha atención y respeto. Soy, entonces, un hombre afortunado. Pero lo que cada vez resulta más visible es que, por sobre todas las cosas, soy simplemente un hombre que ama. Y que es amado.

Él dice que es: "Narrador oral escénico", es él quien ha iniciado este Movimiento pendular de la magia y la palabra hasta y desde el cuento en un camino de ida y vuelta y desde la forma más primitiva que tuvo el hombre de transmitir lo que sentía.

–¿Por qué en tu libro "cuentos para aprender a contar", está como en una segunda parte el título "cuentos donde sorprenden gaviotas" y al leer estos textos las gaviotas aparecen a veces como un complemento de la ternura y otras como aves de mal agüero o de presagios trágicos? ¿Es así?

"Cuentos donde sorprenden gaviotas" (1995) primero se publicó como un libro en sí: "Amor donde sorprenden gaviotas" (1980), que reunía treinta de sus cuarenta relatos. Diez mil ejemplares que de un tirón fueron adquiridos en las librerías. Ya desde antes de salir el libro, desde fines de los años setenta, estos relatos poéticos, que el público conocía por mis presentaciones y por la inclusión de un número significativo en publicaciones, habían encontrado el fervor de oyentes y lectores: se los aprendían y los decían a quienes amaban, los copiaban a mano para darlos, los reinventaban al compartirlos. Así que estas gaviotas entraron al corazón y a la razón de la gente, pienso que porque allí están sus nidos. Y porque, siendo siempre gaviotas, aves no humanizadas, son símbolo, más posible que probable, nunca imposible, que llama la atención sobre la complejidad humana. Acerca de sus contradicciones y enfrentamientos. Y acerca de sus batallas, las de los humanos, para ser mejores.

Varios de estos relatos poéticos están en el repertorio de narradores orales de diferentes países. Alguno fue fotografiado con actores y publicado como un cuento en imágenes en una revista masiva para jóvenes. Entrelazando o reescribiendo varios de ellos cree unos monólogos que constituyeron, al publicarse, el primer libro de monólogos teatrales editado en Cuba: "Monólogos de amor por donde cruzan gaviotas" (1980). Representados en unos y otros países; como textos dramáticos fueron, sólo en tres años: unos traducidos al inglés y otros al holandés, unos incluidos en antologías y otros en suplementos culturales y revistas de catorce países (tengo en este minuto el dato de trece: Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, Holanda, México, Panamá, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela): del suplemento cultural del diario más importante de Colombia, El Tiempo, a la revista Plural de Excélsior, el más relevante de los diarios mexicanos. Considero que el vuelo de estas gaviotas, la difusión de estos relatos, están directamente relacionados con ese significar ternura en unos casos o presagiar tragedia en otros, con ese asombrar o ridiculizar, con su capacidad para el humor o para la emoción. Cuando un libro es recreación de muy diversas situaciones de la vida, tiene más posibilidades de interesar y de influir, de ir adentro y de permanecer.

–¿Por qué las gaviotas?

Cuando escribí mis primeros y numerosos textos con las gaviotas como símbolo no conocía, y ni siquiera sé si ya había sido editado, "Juan Salvador Gaviota”, un libro que no fue publicado en mi país de origen, que no circulaba en mi contexto. Mis gaviotas no están humanizadas en sí mismas. Siempre son las aves que son en la realidad. Y mi manera de entender el mundo no es la del autor de "Juan Salvador Gaviota”. En realidad nunca nadie que ha leído mis textos ha aludido a semejanza alguna, si lo señalo ahora es porque quienes lean esta entrevista no necesariamente leerán mis textos.

Las gaviotas marcan varios de mi libros y de mis obras teatrales porque como residí por años en Santa Fe, una pequeña ciudad costera cerca de La Habana, y después en el mismísimo Puerto de La Habana, frente a la bahía, eran una presencia constante, y pude observarlas en muchos momentos, en medio de mis distintos estados anímicos, pasando por variadas situaciones. Para mí las gaviotas son un símbolo de la existencia. Hermosas, su sonido es, sobrecogedor. Anuncio de costa cercana para el náufrago, suelen comer desperdicios. Tenaces y de certero vuelo, son vulnerables. De una mirada parecen perfectas e indefensas.

¿Quién es este hombre llamado Francisco Garzón Céspedes? ¿Quién es en verdad el que allí se para, en el escenario y en un acto gestual de la ternura te abraza con la extensión de su mirada?

–¿El niño que no fue o que no pudo ser en vos: quién es o quién pudo ser? ¿Si metés la mano en tu corazón y rescatas el niño que fuiste que podés contar de él?

No pienso demasiado en el niño que fui, uno ansioso de indagar, de profundizar. Aunque a veces hablo con el público de muy determinados momentos de mi niñez. Cada vez más, cuento anécdotas personales. Pero nunca giro sobre el pasado. Sé que está dentro, que el pasado es parte de quien soy. Durante la juventud olvidé casi por completo mi infancia. Una infancia que se insertó en las contradicciones entre la pobreza de mi casa y el estudiar la enseñanza primaria en un colegio privado.

Fui esencialmente el niño que elegí ser. Y mis padres, mi familia en general, y los amigos de la familia, me protegieron para que lo fuera. Estoy agradecido por muchas razones. Y muy agradecido por lo que ha significado para mi vida el sentido de la responsabilidad de mi madre, su conciencia de quienes la rodean, y su solidaridad. Y por la generosidad, la entereza y la ética de mi padre. Aunque ellos son casi como una sola persona: las características significativas de uno en lo moral suelen estar en el otro. Mi madre, además, no obstante su tercer grado de primaria, y gracias a su sensibilidad, lucidez y oralidad, durante mi infancia me contó, y me cantó, me dijo poemas y me citó refranes y máximas e intentó descifrármelos, respondió mis preguntas y sacó a caminar para explicarme el mundo que nos circundaba, y muchas noches extrajo viejas fotos de un cofre para relatarme sobre esas personas y esos entornos; mientras mi padre me llevaba al cine una y otra vez, y en esas idas y venidas también me explicaba la realidad.

Hacia el final de mi infancia comencé a compartir lo recibido, empecé a contar a la salida del colegio primario lo que me habían contado, lo que había leído y las películas que me impresionaban, y me volví para los otros niños casi intocable, no agredible. También hacia el final de mi infancia decidí que no se podía vivir con miedo, que había que reducir el miedo a temor. Y decidí que había que vencer la timidez y cualquier inseguridad. Continúo en ese camino.

Ahora sé que mis padres hicieron por mí algo extraordinario, algo decisivo para la formación y la calidad de vida: desde la lealtad y desde la oralidad, desde lo ético, abrieron mi imaginación, me enseñaron a relacionar, trabajaron sobre mi intelecto y sobre mi capacidad de creación. Propiciaron mi afán de leer, de conocer. Y me hicieron amoroso y capaz de construir y de fundar.

Como una cuestión de cercanías y destiempos los dos, él y yo escribimos con tinta negra y cada vez que nos piden algo andamos preguntando: ¿Es tinta negra, no? Él ama las gaviotas, yo, los pájaros.

¿Es él, lo que él dice que es? ¿Es sólo un hombre que ha iniciado hace mucho tiempo un Movimiento Iberoamericano de Narración Oral Escénica y que anda con su repertorio por todos lados y a todas partes? Sí.

¿Es él quien silenció el Gran Teatro Municipal de Santa Fe con un público des-bordante donde la palidez de los adolescentes se mezclaba con la severidad de los adul-tos? Sí.

Dicen que el silencio era total.

Dicen que él se plantó como lo hace siempre y contó.

Y la magia fue.

Sí, es él.

–¿Qué me cuentas del adolescente que fuiste?

Mi adolescencia se convirtió muy pronto en juventud, por acciones y por responsabilidades, por decisiones y por transformaciones. Me siento satisfecho de que así haya sido. Mi adolescencia estuvo inmersa en un renovador proceso de cambios sociales, educacionales, culturales, entre muchos otros, en los que también yo participé como uno de los tantos protagonistas. A los quince años había publicado mi primer poema en una revista de circulación nacional, aunque no lo incluiría en una selección de mi obra; y también había publicado mi primer comentario periodístico y formaba parte de un grupo profesional de teatro de muñecos, entre otras cosas que había hecho o hacía. A esa edad ya buscaba mi amor para la vida, que al final ha sido mi amor de madurez después de salvar muchos obstáculos, sobre todo los de mi desconfianza, aunque tengo la disciplina de confiar de inicio; y de salvar los obstáculos que entraña el aprendizaje, tanto en lo racional como en lo emotivo, de que la otra parte de la pareja, si se trata de amor, es primero y es lo primero. Desde la pareja se ha construido el mundo. Y desde la pareja el amor se expande como otras muchas formas de amar y de ser útil.

Concurrí al Taller y lo primero que me sedujo fue esa honestidad frontal y el res-peto. ¿Sólo eso? No. Había mucho, pero mucho más. Dijo, lo recuerdo bien: "Quien quiera narrar oralmente que lo diga aquí y ahora. No después. Los acuerdos se respetan. Eres libre, pero si dices sí, te atienes; y si dices no, pues, está bien, eres libre.

–¿De dónde surge tu necesidad de narrar? ¿Fue una necesidad espontánea o fue el fruto de un proceso de crecimiento o necesitabas cambiar?
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Siempre soy el mismo y siempre estoy cambiando. Hay que entenderlo en su complejidad. Desde los últimos años de mi niñez creció esta necesidad de comunicación que hace bastantes años determina e impulsa mis acciones. Desde allí nace mi necesidad de narrar. He dicho y escrito: Lo que no compartimos no nos pertenece.

Al final de la niñez comencé a contar oralmente, de lo familiar a lo comunitario, pero también en esa etapa y en la adolescencia empecé a opinar más activamente en clases, a participar en debates sobre la actualidad, a ser el representante del aula o del centro de trabajo; y la palabra, la voz y el gesto de quien narra, conversa, explica, discute, propone, fueron parte cada vez más decisiva de mi vida.

Primero utilicé la conversación escénica y la anécdota personal con el público, a partir de 1962, antes y después de las obras de muñecos donde participaba como actor. Muy pronto utilicé tanto la conversación escénica como la anécdota para introducir y servir de hilo conductor a mis recitales de poemas: dichos, inventados o reinventados en el aquí y ahora unos, leídos en voz alta otros. Así que con la oralidad narradora escénica, desde la conversación y la anécdota, llevo casi cuarenta años.

Con el cuento oral como arte comencé a partir de 1975, dentro de La Peña de Los Juglares, un espectáculo del que soy uno de los dos fundadores: extensión de la cultura, integración de las artes, búsqueda de un público nuevo y más participativo.

La Peña, un espectáculo que la oralidad, la tenacidad, la imaginación, la libertad, la participación, han vuelto mítico, que ha dado lugar a incontables experiencias de otros creadores, y de la que es hilo conductor la conversación escénica, ha sido desde sus inicios un quehacer dirigido a los adultos y jóvenes, pero como al principio iban niños por ocurrir en los espacios abiertos de un Parque, de un domingo para otro decidí contar cuentos sin edad para involucrar y establecer vínculos también con los más pequeños.

El primer día que conté, los niños lo aceptaron como algo natural, algo que les pertenecía, y estuvieron felices. Pero los adultos quedaron hipnotizados, deslumbrados, emocionados y agradecidos. A los adultos les pareció un prodigio. Sintieron que en lo artístico algo fundamental les era devuelto.

Y yo percibí que contar oralmente era un acto de comunicación y un acto que podía ser escénico. Escénico comunicador. En realidad oral escénico. Y me fasciné. Decidí seguir contando, e investigar, transformar, extender. Seguir contando prioritariamente con los adultos y jóvenes. Sin olvidar a los niños. Tratar de que la mayoría de las funciones fueran dirigidas a un determinado público, y, mucho, por urgente, al público de los adultos y los jóvenes.

Al principio me interesaba influir y devolver una palabra, una voz y un cuerpo, un contar imaginativo y crítico a la gente, a personas de las más diversas profesiones. Por esa razón estructuré los talleres y me lancé a impartirlos. Después me di cuenta de que el arte de la narración oral se había quedado detenido como propuesta artística durante demasiado tiempo, cuando el acto de contar oralmente es en continuo movimiento, en continua transformación. Entonces fue que concebí la propuesta de la narración oral escénica, de un narrador oral contemporáneo, profesional, con una reflexión acerca de la oralidad como comunicación y con un entrenamiento, unos procesos, una maestría comunicadora y oral escénica. Y estructuré los Talleres de la Palabra, la Voz y el Gesto Vivos y después la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica y sus eventos internacionales. Todo concebido como un movimiento artístico iberoamericano de oralidad narradora escénica.

Nos corregía en el Taller con respeto. ¿Había dicho algo nuevo en lo ético este narrador cubano? No. Acuerdos, respeto, solidaridad, y... más y más. ¿Era algo nuevo? No.

Entonces, ¿adónde estaba el prodigio que lograba cuando atentos a sus palabras, un duende interior empezaba a navegar en nuestras arterias y nos empezaba a demandar un movimiento por pequeño que fuera?
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El grupo era heterogéneo pero no demoró en crear un clima donde todos parecían conocerse con todos y donde todos terminamos compartiendo e intercambiando.

Las cosas que él en lo ético decía de alguna manera ya las había escuchado y si no, las había leído en algún libro. Entonces, me pregunté: ¿Cuál era el patrimonio único y personal de esta figura vestida de negro que impartía órdenes con la suavidad de una pluma?

–¿El tiempo de tu trabajo cómo se comparte con el tiempo de los afectos? ¿Im-plica uno, el sacrificio del otro?

No se comparte el tiempo de mi trabajo con el tiempo de mis afectos. Es un mismo tiempo. Mis afectos están primero. Lo humano personal está primero. Lo humano siempre está primero. Y yo lo priorizo. ¿Cómo podría ser de otro modo? Porque no se trata de amar, se trata de amar con calidad.

En lo específico de la pareja: Si para mí mi pareja está primero es también porque para mi pareja yo estoy primero. Amar es construir y propiciar que se construya. Por tanto, la pareja, cualquier forma de amor y de amistad, no puede ser un obstáculo para el desarrollo y el crecimiento, para que uno se realice, se comunique y sea útil.

¿Adónde?, me preguntaba, mientras los concurrentes a su Taller subíamos con nuestros miedos y nuestras vacilaciones, con nuestra adrenalina y temblores, y nos trans-formábamos por instantes en dioses o demonios.

¿Adónde? En el estilo, no. En la técnica, no. Se la podía aprender en sus libros.

El secreto estaba en la forma. Su forma de decir. Su forma de elogiar y corregir que no ofendía jamás aunque conllevara cierta firmeza que nada tenía que ver con el autoritarismo.

–¿Tu trabajo te ha impuesto postergaciones afectivas o familiares?

Mi trabajo no me ha impuesto postergaciones afectivas o familiares. Yo he podido diseñar mi existencia. Con esfuerzo, asumiendo muchos riesgos y austeridades. Y me siento responsable por todo a lo que pertenezco. Y dispuesto a responder por todo. No es fácil el no inclinarse por el camino de "la fama", sino por el del prestigio; no ceder a las tentaciones de "lo recreativo", para empecinarse en lo más estrictamente cultural. Ha sido decisivo el haber podido elegir. Haber tenido posibilidades de seleccionar. De no aceptar todo lo que me han ofrecido. Y lo de responder por todo ocasiona muchos dolores de cabeza y noches sin dormir. En búsqueda de soluciones justas. Y de las mejores formas para decir y accionar. En búsqueda de los caminos más positivos para asumir y enmendar los errores. En búsqueda de que cualquier descalabro se transforme en enseñanza para que no se constituya en un fracaso. Pero mis principios y mi disciplina me llevan a hacer lo que tengo que hacer. A hacerlo, por difícil que sea o por descabellado que parezca a primera vista. Soy muy racional y lo potencio. Porque a la par sé que soy sensible y que puedo quedarme completamente indefenso. Aunque la verdad es que también tengo una gran capacidad de respuesta. Y que respondo en unos y en otros casos para cumplir con mi responsabilidad social. Soy un luchador y un continuo sobreviviente que está vivo y no sobreviviendo.

Esta vez Uruguay y Argentina: Montevideo, Santa Fe, Paraná, Rafaela.

Gran Teatro Municipal de Santa Fe, a sala llena.

Inolvidable.

El que se perdió la función se embromó.

En septiembre estará la Primera Muestra Iberoamericana de Narración Oral Escé-nica "Contar con Santa Fe", y los Talleres se repetirán.
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Salíamos de cada uno de sus Talleres con un aire fresco y nuevo. No éramos los mismos. Algo pequeñito había cambiado como si fuera un imperceptible milagro.

Él contó.

Contaba.

Cuenta.

Con el público y punto.

–¿Qué público prefieres, el infantil, el adolescente o el adulto?

Prefiero el público con el que en ese instante estoy contando. Ese contar con el otro de la narración oral sólo es posible si el otro te importa a fondo. Si tomas en cuenta al otro, a los otros. Si cuentas desde los puntos coincidentes con el público. Si cuentas como solidaridad. Si estás decidido a influir y a ser influido. Si tu proceso es abierto, de interacción. Si hay motivación interna y compromiso, pero también, por parte del narrador oral, propósito de poder ser comprendido de inmediato y valoración de los intereses del público. He contado en las más disímiles circunstancias, y mucho en las artísticas; en los sitios más insospechados, y mucho en los grandes recintos escénicos; a veces con niños, a veces con adolescentes, a veces con jóvenes, a veces con adultos, a veces con ancianos, y a veces con todos a la vez. Muchas veces con miles de personas. En los años más recientes me he especializado en contar con adultos y con jóvenes. Los jóvenes son fascinantes porque tienen de niños y de adolescentes y de adultos a la par. Conservan la devoción, aunque algunos no lo sospechen hasta que comparten un acto de narración oral escénica. En 1975 no se contaba oralmente entre nosotros con los jóvenes. En términos de oralidad artística, en nuestras sociedades de oralidad secundaria (escritura y oralidad audiovisual), únicamente se contaba con los niños. El teatro y otras artes contaban, pero no oralmente. La oralidad no es lo verbal, lo vocal y lo no verbal, es el proceso de comunicación que emplea estos recursos. Si nos expresamos, pero no nos comunicamos, no hay oralidad.

Aparte de narrar, escribe. Tengo dos de sus libros. Vendrán más para septiembre. En una irrespetuosa pero irrefrenable lectura veloz porque no tenía el tiempo leí alguno de sus cuentos. Entonces, en un momento, cuando se sienta me pregunta:

"¿En qué estás pensando?"

"En las gaviotas.", le dije.

Cierto. Había capturado una frase que me reflejó en un espejo desolado. La escribí en unas servilletas de café. Dice: ..."uno es el temor de hacer el ridículo, eso nunca me ocurre, soy seguro; el otro es la ternura, porque te siento como una gaviota cuando cruza desamparada por el cielo." Me sentí gaviota.

Me dieron ganas de decirle:

"Tú eres la trampa de las palabras que has escrito y la trampa de las palabras que has leído."

–Decime, Francisco, ¿qué eres: "estampido contra la injusticia o desamparo"? ¿"Estampa contra el miedo o reafirmación, torpeza o golpe necesario"? Lo escribiste tú, por lo tanto, contesta.


Estampido contra la injusticia. Estampa contra el miedo. Reafirmación. Torpeza. Golpe necesario. Me quedaría con estas palabras del libro. No me veo como prototipo del desamparo. No me siento desamparado. Me ampara el amor. Lo que entrego. Lo que recibo. Lo que comunico. Lo que comparto. Me ampara mi certeza de que la confianza es la única bengala que no desaparece. Como tampoco desaparece el amor.
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Y podría concluir diciéndole lo que dice: "la violencia puede ser derrumbe y de-solación, pero puede ser patio y arena limpios, victoria y comienzo".

A quemarropa:

–¿Qué es la soledad?

La soledad es un viaje sin fronteras a la sed.

–¿Qué te molesta de la gente?

Me molesta la falta de memoria histórica. La falta de conciencia de que el otro existe. La ingratitud. La deslealtad. La incapacidad de comportarse con solidaridad. La incapacidad de amar...

–¿De dónde nace el narrador oral escénico?

El narrador oral escénico nace de la conciencia de que la narración oral es un arte para todo tiempo presente o futuro. De mi certeza de que nuestras sociedades necesitaban un narrador oral contemporáneo. De mi decisión de renovar el antiguo arte de contar oralmente y de crear un nuevo arte de la escena comunicadora, oral escénico pero tajantemente no teatral, viendo entre nosotros la narración oral artística por primera vez desde una oralidad entendida desde la oralidad y no desde la escritura, desde las ciencias de la comunicación de masas, y desde las leyes generales de la escena (pero priorizando en la fusión el proceso oral).

El narrador oral escénico nace de la voluntad, de la intencionalidad, de un proyecto coherente y consistente construido paso a paso. Y de mi creencia de que es posible sumar a un empeño creador innumerables voluntades creativas. Se ha dicho que soy el primer narrador oral escénico en surgir. Pero en mí estaban, y están, todos los que han contado oralmente como comunicación.

–¿Es la narración oral una forma de lectura interior?

La narración oral es la apelación más poderosa que puede hacerse al imaginario de otro ser. El cuento es cocreado entre el narrador oral y el público. Cada persona del público, para que el cuento oral exista, debe poder ir a su paisaje interior y dimensionarlo desde su contexto.

–Cuándo seleccionas un cuento ¿cuál es el factor más importante que tienes en cuenta aparte de sentirlo en tu interior?

Un cuento se selecciona desde la propia personalidad de quien lo narrará, desde la personalidad del público para el que se elige, desde la personalidad del sitio donde será contado, y desde la personalidad de la circunstancia en la que se contará. He definido que estas cuatro, y la personalidad de lo que se dice, son las cinco personalidades de todo proceso de oralidad.

Es muy importante que el cuento elegido nos permita implícitamente contar quién somos, en qué creemos, cómo concebimos el mundo, cuáles son nuestros sentimientos y nuestros razonamientos acerca del mejoramiento humano.

–¿Se puede hablar de una traducción de la palabra que está allí en forma de signo y sentimiento a la voz y el gesto?

Recreación de la palabra y creación de nuevas palabras todo como parte de ese todo que es la oralidad: Lo verbal, lo vocal y lo no verbal. Es más que traducir o interpretar. Es un auténtico acto creador.

–En tu caso, ¿qué acentúas: producir emociones o producir cambios? O, pregun-tado de otra manera; ¿qué es más importante: emocionar o transformar?

Es difícil que una transformación se produzca sin una emoción previa. Una emoción por el contrario puede no incluir un cambio significativo. Pero necesitamos tanto el sentirnos como humanos sensibles. Necesitamos tanto el bajar nuestras corazas. A veces sólo lograr que el público se emocione es un paso de avance.

Los cuentos que cuento desde la oralidad, unas veces emocionando y otras divirtiendo, buscan la reflexión, y no únicamente la toma de conciencia, sino la toma de decisiones y acciones, aunque sea a largo plazo, aunque sea unos cuentos quedando como cimientos de otros.

–¿Se tiene en cuenta esto a la hora de seleccionar?

Para un narrador oral escénico, un artista formado ética y estéticamente, la selección representa una gran responsabilidad. Moral y artística. De comunicación. Y, por tanto, tiene que pensar también, desde este punto, en la eficacia. Uno se cuenta cuando narra oralmente, pero también permite que el otro, el público, se cuente.

–¿Qué es más importante para vos: escribir o narrar oralmente, es decir, dónde eres más feliz, desde la escritura o desde la oralidad?

Han terminado por parecerme inseparables. Unas veces soy más feliz escribiendo y otras narrando oralmente. Pero escribir lo elegí, la narración oral pudiera decirse que me eligió.

–¿Qué has y qué no has escrito?

En cierto modo es la escritura lo que por etapas he postergado, también el teatro, el periodismo. En los últimos diez o más años no he podido postergar la narración oral. He escrito mucho. He publicado mucho y en cantidades grandes o considerables de ejemplares que siempre han desaparecido con rapidez de las librerías.

He escrito poesía, narrativa, teatro, periodismo, investigación teatral, teoría y técnica de la oralidad narradora, para adultos; y poesía, narrativa, teatro, para niños, y no sé cuántas cosas más.

En los últimos veinte años me he preocupado poco por editar, o al menos no lo necesario, y tengo muchos libros inéditos en mis gavetas, esperando una última revisión, esperando que me decida, esperando tener tiempo para las gestiones editoriales. No he escrito una suerte de novela. La estoy escribiendo. No sé si la culminaré.

–¿Qué te molesta?

La invasión física de mis espacios más íntimos, más personales. También cuando lo que me invade es el calor. O el ruido. Pero en términos sociales me molesta todo lo que implique deshonestidad, manipulación, desigualdad, injusticia.

–¿Te gustaría tener poder?

Tengo poder. Muchísimo poder. Todo el mundo tiene aunque sea una ínfima cuota de poder. Pero si hablamos de PODER, en mayúsculas poderosas, no me gustaría. Renuncié una y otra vez, renuncié en muy diversas ocasiones a tener ese tipo de PODER.

–¿Dónde te gustaría vivir?

No me gusta viajar. Me gusta estar en esta ciudad o en esta otra, que quizás están lejos. O hacer viajes cortos. Me gustaría vivir donde vivo y donde he vivido. Madrid, donde resido, es una ciudad que amo. Finalmente nos entendemos. Y creo que para siempre. Pero no he dejado de vivir en La Habana (donde también resido) y en México D. F. Todo lo que amamos está con nosotros. Y todo lo que somos. Y todo lo que nos ha formado.

–¿Ideal de felicidad?

La pareja. Un mundo justo por igual para todos los humanos.

–¿Qué falta del ser humano disculparías?

Depende de cuál ser humano estemos hablando. No me gusta que la gente dañe porque no se dio cuenta, por superficialidad, por no pensar en el otro. Disculparía la falta de lucidez.

–¿Principal rasgo de carácter?

La lealtad. ¿Debiera quizás decir: la disciplina?

–¿Principal defecto?

La ira.

–¿Principal desgracia?

La posibilidad de ser injusto.

–¿Cómo te gustaría morir?

Nunca me ha gustado forma alguna de morir. Pero querría estar avisado, poner orden en mi entorno, y, después, que mi muerte ocurriera sin darme cuenta mientras mi amor me abraza. Y en la certeza de que mi amor sabe que yo sé que, mientras viva, yo estaré vivo.

–¿Virtud preferida?

La lucidez. Muchos son inteligentes. Esto es bastante definitivo. Pero ser lúcido es más, y se logra o no se logra en cada ocasión, y, sí se logra, es con mucho esfuerzo. Se me ocurre que no sé exactamente qué es una virtud. Virtud es una palabra que me resulta distante. ¿Y debiera quizás responder: La comprensión? ¿O la capacidad de amor? El amor me resulta cercano. El amor es horizonte habitado por todo lo que somos. El amor es agua iluminada.

Él pasó por Santa Fe. La experiencia con la narración oral escénica a escala iberoamericana se repetirá en Septiembre. Pero él no sólo se planta en el escenario sino que planta y siembra y deja sus frutos en forma de semilla. Allí están quienes organizaron su estancia de trabajo: Cuento más Cuento. Cuento y cuento. Cuento más cuentos, cuento. Había una vez... había una vez un señor que vestía de negro, había una vez un señor que vestía de negro, con bigotes recortados y con barba. Nos miraba y nos miraba y con su voz intensa iniciaba el gesto y la palabra... Había una vez... había una... había.

Para crecer y contar... Ir a la Muestra y a los Talleres. La cita es en primavera, cuando florece la magia.
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 BRAUN, Silvia. Escritora e investigadora. Entrevista que fue publicada fragmentariamente, por su amplia extensión tratándose de un periódico en: Diario El Litoral, Sección de Cultura, 21 de agosto de 1999, Santa Fe, Argentina. La entrevista se realizó grabada.

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domingo, 20 de diciembre de 2009

1997 OTOÑO / ENTREVISTA A FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES REALIZADA EN MADRID, ESPAÑA

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FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES / CONTADOR DE CUENTOS
“LA GENTE AQUÍ SE COMUNICA MUY BIEN CON GESTOS Y MIRADAS



Francisco Garzón Céspedes, cubano de pro, lleva a cuestas la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica, con la cual enseña a contar historias, a hablar con el público, a expresarse, y gracias a ella ha conseguido organizar un movimiento internacional, principalmente implantado en España y América Latina, de contadores de cuentos. Madrid, donde se presentó recientemente, es para él “la ciudad solidaria de los cuentos orales” y el centro neurálgico de su historia.

–¿Cuénteme?

Efectivamente, Madrid es el centro de la narración oral. Aquí se han creado varios grupos de contadores de cuentos que reúnen en la actualidad a más de ochenta narradores; aquí todos los años impartimos cursos, tanto de narración oral escénica como de anécdotas o para hablar con el público, y, por último y entre más, aquí celebramos cada año la Muestra Iberoamericana de Narración Oral Escénica “Contar con Madrid”, en la que participan artistas de varios países.

–¿Qué tipo de historias inspira Madrid?

Madrid inspira historias previsibles e imprevisibles de amor y desamor. Yo he escrito la mayor parte de mi narrativa en Madrid.

–¿Cómo es Madrid?

Es una ciudad contradictoria, en la que se contrasta dureza con solidaridad, pero que para mí resulta muy disfrutable.

–¿Cuándo llegó por primera vez?

Yo llegué a Madrid en 1989 por primera vez (en 1972 había estado durante un tránsito en el aeropuerto de Barajas) y la primera noche no encontraba alojamiento. Me estafaron los trileros y de aquella experiencia me inventé un cuento, y fabriqué una anécdota que narro en mis espectáculos, así que creo que con el timo, al final, salí ganando yo.

–¿Hay buenos espacios en la ciudad para contar?

Nuestro trabajo se puede adaptar fácilmente a cualquier lugar. Los narradores orales en Madrid cuentan en pubs, bares, teatros (nosotros, los narradores orales escénicos) y centros culturales.

–¿Cuáles prefiere?

Por supuesto la Sala II del Centro Cultural de la Villa, donde hemos celebrado cuatro muestras anuales y que es una sala que me encanta. También nos gustan el Círculo de Bellas Artes (Teatro “Fernando de Rojas”, Sala de Columnas) o la Universidad Carlos III (Aula Magna), donde hemos contado varias veces. De manera que podemos decir que la narración oral se ha acomodado a los espacios que tiene Madrid.
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–¿Por qué los madrileños valen para contar?

Los madrileños, o, mejor, la gente que vive en Madrid y que cuenta, tienen mucha gracias y recursos ricos de lenguaje coloquial no exento de poesía. Además comunican muy bien con el cuerpo, el rostro y la mirada. El público de Madrid, por otra parte, que desde 1991 (y desde antes, a mi llegada) desborda los espacios donde se cuentan historias, es entrañable, abierto. Y eso es algo que me ha sorprendido, porque me habían dicho que era escéptico y poco crédulo.
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RUIZ MANTILLA, Jesús. Escritor, crítico y periodista. Diario El País, Madrid, España, 6 de Diciembre de 1997.
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domingo, 15 de noviembre de 2009

1997 PRIMAVERA / ENTREVISTA A FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES REALIZADA EN MADRID, ESPAÑA

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FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES:
LA CONVERSACIÓN DIMENSIONADA EN ARTE


Conversar con Francisco Garzón Céspedes es una auténtica aventura porque el oyente corre el riesgo de naufragar en un océano de voces, de palabras, de metáforas sutiles, casi filosóficas, que el cuentero por excelencia articula con maestría dando nítida muestra de que el lenguaje brota por su boca: directo, poderoso, rotundo. Hemos querido llamar a su puerta porque vivimos con él la inolvidable experiencia del III Congreso de Literatura Infantil y Juvenil “Ciudad de Lucena” y teníamos contraída con él una deuda: extender nuestras páginas al viento para que sobre ellas quedaran impresos, con caracteres de oro, los fundamentos de la Na-rración Oral Escénica. Garzón la define como un tipo de hipnosis alternativa. Baje el lector sus defensas y déjese hechizar por este mago de la palabra.

–Contar un cuento parece cosa fácil porque por todas partes emergen contadores. Pero ¿qué diferencias existen entre un contador moderno y un cuentero tradicional?
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Con relación a la oralidad, la antropología más avanzada define tres tipos de sociedades: de oralidad primaria, de escritura y de escritura y medios audiovisuales (llamada de orali-dad secundaria). Estas sociedades surgieron a lo largo del desarrollo humano, pero en la actualidad son coexistentes en el mundo. En las tres, existe la figura, no artística, del conversador o cuentero familiar, que es el prototipo para toda la oralidad. Pero cada una de estas sociedades tiene, dentro de la oralidad artística narradora, una figura prototípica: las sociedades de oralidad primaria, la figura del cuentero comunitario o de la tribu; las sociedades de escritura, la del contador de cuentos para/con los niños (al que se le ha dado en llamar “cuentacuentos”) de la corriente escandinava; y nuestras sociedades de escritura y medios audiovisuales, el narrador oral escénico. Figuras coexistentes al igual que las sociedades que las han originado, sólo que, además de estar presentes en sus sociedades, estas figuras, todas, pueden estar en nuestras sociedades de escritura y medios audiovisuales (llamadas de oralidad secundaria).
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La oralidad y la oralidad artística son una sola en su desarrollo. Y los actuales narradores orales escénicos son la dimensión más contemporánea de todos los que han contado desde siempre; y sus deudores. Tipos de narradores que vienen desde los orígenes, que nunca han desaparecido y continúan deslumbrando: los cuenteros familiares, los comunitarios, artísticamente intuitivos, y los contadores con niños.
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Un cuentero de la tribu o comunitario, es el prototipo para toda la narración oral artística, así como el cuentero familiar lo es para toda la oralidad. El cuentero comunitario surge en sociedades donde la oralidad es absoluta o aún predominante, y además de continuar vivo en éstas, también está presente en zonas rurales, o marginales, de nuestras sociedades de oralidad secundaria. Él, en las sociedades de oralidad primaria, cuenta con toda la comunidad y especialmente con los adultos. Los niños y adolescentes están allí. Él es importante, porque influye en todos y todos lo influyen, porque la comunidad se encuentra en el encuentro con su cuentero, con el que comparte valores comunes.

Después el cuentero, para educarlas, cuenta también con las nuevas generaciones.

El contador de cuentos (“cuentacuentos” dicen ellos de sí mismos en algunos países) con (ellos dicen: para) niños de la corriente escandinava, maestro, bibliotecario o escritor para niños, surge, de estos colectivos, a fines del siglo pasado (S. XIX) principios de éste (S: XX), en sociedades de escritura, con "La Hora del Cuento". Una hora semanal en cada biblioteca o aula. Son los primeros en decir que la narración oral es un arte en sí. Su surgimiento es una hazaña. Y su metodología, basada en la observación y análisis de las prácticas de los cuenteros comunitarios, tiene mucho de válida. En numerosos casos, en España y en el mundo, son verdaderos artistas.
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Pero quien cuenta oralmente desde la corriente escandinava, muchas veces, si no en la teoría, sí en la práctica, eligió como prototipo, sin conciencia de ello, más al cuentero familiar que al comunitario, potenciando la intimidad y la palabra (y descuidando: la proyección de este arte, y otros recursos vocales y corporales) y se circunscribió a contar oralmente sólo con el niño, dejando fuera al adulto o no considerándolo como tal al contar; además de circunscribir la formación para contar a los propios maestros, bibliotecarios y escritores para niños, y la práctica de contar a sus espacios de aulas y bibliotecas.
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Este circunscribirse y encerrarse, incidió en que el arte de contar oralmente no tuviera el desarrollo de otras artes, aunque también incidió el hecho de pertenecer a una categoría no artística, comunicadora, la oralidad, mientras que, por ejemplo, el teatro, pertenece a una artística en sí, expresiva: las artes escénicas.
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El circunscribirse y encerrarse de quienes contaban oralmente con niños incidió en que se acentuara el debilitamiento que este arte ya padecía al pasar las sociedades de la oralidad a la escritura (y a partir del surgimiento de la imprenta y de que las artes expresivas se refugiaran en los teatros a la italiana); a partir de que, a su vez, se debilitaban tanto la propia comunidad como unidad social y los valores comunes a todos sus miembros; y que crecían las ciudades, y el ritmo de la vida se volvía vertiginoso. Debilitamiento que se agudizó al pasar las sociedades de ser, de escritura, a ser sociedades llamadas de oralidad secundaria (como ya he dicho: de escritura y medios audiovisuales u oralidad audiovisual); e irrumpir en la cotidianeidad, cada vez más, los medios de difusión y expresión (y relación) masivas.
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Los adultos, al ser excluidos como tales, se alejaron aún más de este arte.
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Al comenzar mi trabajo en este campo en 1975, nuestras sociedades consideraban que el arte de contar oralmente: tenía que ver sólo con las tradiciones orales y/o con los niños, o se reducía, en cuanto al adulto, a divertirlo, sobre todo desde otros modos de la oralidad muy asociados con el doble sentido. Por ello también, las figuras del cuentero o conversador familiar, del cuentero comunitario y del contador de cuentos con niños, no eran valoradas y estimuladas adecuadamente, ni estaban altamente reconocidas su significación y su trascendencia, que perviven.
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De allí que nuestras sociedades utilizaran estos dos términos de la oralidad: cuentero y cuentacuentos; junto a otro de la escritura: cuentista (escritor de cuentos); para referirse peyorativamente, en unos u otros países, al charlatán o chismoso. Y que, tan pronto lo advertimos, potenciáramos para nuestros narradores, el genérico de contador de cuentos, equivalente a narrador oral escénico o contador oral escénico de cuentos. Término que, además, dentro de la terminología de la oralidad, no caracteriza a un tipo histórico de narrador.
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Sin embargo, en algunos países, también a los propios narradores orales escénicos (y a quienes no lo son, pero de inicio estuvieron en nuestros talleres de narración oral escénica) se les llama: “cuenteros” (por ejemplo, en Colombia), o, a algunos que comenzaron desde los talleres de narración oral escénica, “cuentacuentos” o “cuentacuentos escénicos” (España).
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Lo que me propuse a partir de 1975 fue formar un narrador oral que no existía en nuestras sociedades de escritura y medios audiovisuales, el narrador oral escénico: un profesional o semiprofesional (con un propósito, reflexión, entrenamiento, práctica y maestría oral escénicos), proveniente de cualquier profesión u oficio y de cualquier edad; capaz de contar con todos los públicos, y fundamentalmente con los adultos y jóvenes (para cambiar la valoración social, y, además, los niños ya tenían a los de la corriente escandinava), sin olvidar los niños y adolescentes; capaz de contar en todos los espacios, y fundamentalmente en los escénicos, sin olvidar los espacios comunitarios, las bibliotecas y aulas; capaz de contar en todas las circunstancias, sobre todo en las artísticas; y desde todas las fuentes, y no sólo desde las tradiciones orales o desde la literatura para niños.
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Contar oralmente un cuento es fácil o difícil (o más bien, complejo). El arte de contar oralmente hay que entenderlo en su singularidad.
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Nosotros, la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica, junto a las muchas voluntades que hemos sumado, somos responsables del resurgimiento del arte de contar oralmente en el mundo contemporáneo, sobre todo en el iberoamericano, pero, también, en general en todo el planeta; porque durante más de veinte años, a nuestros más de seiscientos talleres en diez países hasta este 1997, al impartirse muchos en Festivales Internacionales de Teatro, en Congresos de Literatura para Niños, o en cursos universitarios de postgrado, han asistido personas de todos los continentes. Muchas más de veinte mil hasta hoy.
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Nuestro trabajo, con otras ópticas acerca de este arte, además, ha sido difundido desde sus comienzos no sólo por la prensa de cada país, sino también por las agencias internacionales de prensa. Esta es una realidad probada por acciones y por documentos, señalada por investigadores y periodistas. Si bien para un ser humano veinte años es mucho tiempo, no lo es para el resurgimiento de un arte, y menos dentro del caos actual.
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El que por todas partes emerjan contadores en España es una consecuencia de la oralidad como un todo, pero, en mucho, de esos más de veinte años de nuestro trabajo, y de los cientos de talleres y presentaciones de nuestra Cátedra en veinticinco o más provincias españolas desde 1989, de su repercusión e irradiación; y de que este quehacer, tal y como me propuse, ha contribuido, desde la valoración social de, y el entusiasmo por, los nuevos narradores orales escénicos, a comenzar a cambiar positivamente la valoración de la sociedad respecto a la narración oral y a toda la oralidad, tanto respecto a la oralidad cotidiana como a los ya existentes cuenteros comunitarios y contadores para/con niños de la corriente escandinava.
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Que surjan contadores también se relaciona con la singularidad de este arte.
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–¿Podría definirnos y también diferenciarnos oralidad, narración oral y narración oral escénica?
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La oralidad es una imagen hablada (ser humano hablando) que establece un proceso de comunicación con uno o varios interlocutores. Y no es simplemente un ser humano hablando. El prototipo de toda la oralidad es la conversación interpersonal. Además de ésta existen, entre otras: la oralidad doctrinaria (orador y público), la docente (maestro y alumnos), la difusora (conferencista o conferenciante, o periodista, y público), la histórica (quien testimonia y público), la comercial (vendedor y comprador), y la oralidad artística (poesía oral, narración oral...).
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La oralidad es una categoría de la comunicación, y no sólo expresiva. Imprescindible y esencialmente comunicadora, entendiendo comunicación desde las ciencias de la comunicación de masas, no por extensión, y no en un sentido figurado o poético. Comunicación igual a interacción, desde un proceso abierto, y donde el otro es un interlocutor o un público interlocutor y no un espectador, entre otras características. Así que la narración oral como arte, pertenece, a diferencia de las otras artes y de la literatura, a una categoría comunicadora (que incluye lo expresivo) y no a una categoría expresiva.
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Por eso podríamos hablar, para ser más exactos, al hablar de narración oral artística, de oralidad narradora artística. Primero, la oralidad y sus leyes.
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Pero el asunto se vuelve más complejo porque la conversación incluye el acto de narrar oralmente. Un acto no artístico. En nuestras conversaciones cotidianas narramos lo que hemos vivido, lo que vimos o leímos, lo que nos contaron o escuchamos, lo que soñamos y lo que imaginamos. Narración oral es un genérico que puede referirse a un proceso cotidiano o a uno artístico. Narrar oralmente está en la memoria genética de cada ser y en su cotidianeidad. O tendría que estar.
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De allí que contar un cuento es cosa fácil. Y en nuestros cursos partimos de que todo el mundo cuenta en sus conversaciones. Son talleres de comunicación oral, centrados en la narración oral artística, pero que sirven a los participantes para entender qué es la oralidad, sus leyes, sus procesos; y para mejorar su comunicación afectiva, social, profesional; para integrar la narración oral (no sólo el cuento, también la anécdota personal) en el ejercicio de su profesión u oficio; y son talleres que sirven a muchos para iniciarse en el arte de contar.
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En los talleres básicos siempre digo, que también, contar es complejo. Nuestra Cátedra es la universidad de la narración oral artística. Digo, que no puedo enseñar este arte en doce horas, porque no es menos trascendente y complicado que el teatral, o que la ingeniería. Y que si bien no existe aún una carrera (ya logramos que en universidades iberoamericanas sea seminario o materia optativa o curso anual), si existe la Cátedra y sus numerosos cursos y talleres que pueden cursarse en varios países a través de los años, combinándolos con la práctica y la investigación.
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De los que comienzan a contar oral artísticamente a partir del taller básico, no todos vuelven a clase (antes indicaba que nuestro mundo es en mucho caótico): a veces no vuelven por necesidades económicas urgentes o por otras tantas razones. A veces no comprenden (o no sabemos explicar y convencer a todos de) los postulados y maneras de accionar de la Cátedra. Vivimos en sociedades marcadas por la desconfianza. Hay que señalar, no obstante, que muchos mantienen los vínculos con nosotros.
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–Usted es Director de la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica (CIINOE), ¿cuál es el objetivo, fundamento e historia de esta institución docente e investigadora?
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La Cátedra nació como una institución de docencia oral artística centrada en la narración oral escénica, aunque se ocupa, en general, de la comunicación y la oralidad. También se ocupa de la investigación y de la teoría, de lo oral artístico y de lo oral artístico comunitario en cuanto a la narración oral escénica. Sus objetivos son formar narradores orales escénicos y lograr que este arte tenga una presencia contemporánea, y, que por esta vía, nuestras sociedades revaloricen toda la oralidad.
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En 1996, la Cátedra mereció, por haberse cumplido veinte de la fundación del Movimiento Iberoamericano de Narración Oral Escénica, el más significativo premio de la escena iberoamericana: el Ollantay / 1995.
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La Cátedra se nombra como tal en Caracas, en 1989, pero viene desde 1975, desde La Peña de Los Juglares, en La Habana, y desde los originarios Talleres de la Palabra, la Voz y el Gesto Vivos, antecesores de la Cátedra y que ésta incluye. Su labor ha sido respaldada desde su surgimiento por el Centro Latinoamericano Español de Creación e Investigación Teatral (CELCIT), por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y por el Ministerio de Cultura, y por muchas otras instituciones de prestigio. Sus sedes están en Madrid y México Distrito Federal.
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La Cátedra tiene un Consejo de Dirección y Delegados y Asesores en varios países, todas personalidades reconocidas en varios ámbitos.
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Cuando decidí iniciar esta propuesta en 1975 yo era un persona con la siguiente formación: una Licenciatura en Periodismo y un ejercicio de más de diez años, sobre todo como Director de revistas y departamentos o gabinetes internacionales de propaganda; varios años cursados en el campo de la docencia (para maestro, para profesor) y prácticas en diferentes niveles educativos; más de diez años en la escena, actor, crítico, investigador (después dramaturgo y director), y numerosos cursos recibidos; más de diez años en la literatura, con títulos publicados y por publicarse; y más de diez años recorriendo el país como conferencista y con el decir de la poesía y la conversación escénica (anécdota personal). Un hombre con varias obsesiones: la de ser una buena persona y contribuir al mejoramiento humano; la de trabajar de lunes a lunes; la de la utilidad social del arte sin demérito de su condición artística intrínseca; la de la comunicación cara a cara con el público, y la de formar un nuevo público. Me identificaba con la estética de la participación, de la extensión de la cultura y de la integración de las artes.
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Para poder transformar la narración oral artística, tal y como existía hasta 1975, en narración oral escénica, necesité ver, por primera vez, la narración oral: desde una oralidad entendida desde la oralidad (en consonancia con la antropología más avanzada) y no desde la escritura; verla desde las ciencias de la comunicación de masas; verla como un posible arte escénico (en el escenario; lo que luego he precisado diciendo: “arte oral escénico”), distinto, esencialmente comunicador, y verla en sus diferencias con el teatro (que es el referente más fuerte que tenemos en lo escénico). El resultado es que, desde la oralidad, la narración oral escénica es la dimensión contemporánea del antiguo arte de narrar oralmente, y, desde los escenarios, significa la fundación de un nuevo arte escénico, o para ser más preciso, oral escénico, es decir, comunicador por excelencia. Hoy los narradores orales escénicos pueden contar con cientos, con miles de personas de todas las edades en una plaza o con miles de adultos en un recinto escénico. Esto ha ocurrido en Colombia, México, España...
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–La Cátedra incluye los Talleres de la Palabra, la Voz y el Gesto Vivos, ¿en qué consisten?
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La línea docente de la Cátedra es el sistema de talleres, cursos y otros, nombrado Talleres de la Palabra, la Voz y el Gesto Vivos, entre éstos:
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-Taller Básico de NOE: Cómo contar un cuento y conversar mejor.
-Taller de Perfeccionamiento: Proceso de Montaje.
-Taller de Perfeccionamiento: Crítica de Repertorio.
-Taller de Anécdotas Personales y Conversación Escénica.
-Taller de Análisis del Cuento y Proceso de Ensayo.
-Taller de Improvisación en Narración Oral Escénica.
-Taller de Lenguajes Corporales o No Verbales.
-Taller de Oralidad Insólita y Sistema Modular.
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A éstos se suman muchos otros Talleres que hemos impartido, por ejemplo en España, en universidades y en instituciones como Casa de América, el Círculo de Bellas Artes, o el Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez; pero también en Centros de Profesores, como el de Villablino (dentro del Seminario "El lenguaje en la educación infantil"); y en ámbitos del libro, como los ofrecidos para las Bibliotecas Públicas de Madrid, para la Asociación de Bibliotecarios y Documentalistas de Guipúzcoa, y para los asesores pedagógicos y comerciales de Ediciones SM. Los talleres son una de las cuatro líneas de trabajo de la Cátedra, todas entrelazadas.
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La línea teórica, investigativa y difusora tiene su acento en el Laboratorio de la Palabra, la Voz y el Gesto Vivos, que ha dado, desde dentro, tres libros: El arte (oral) escénico de contar cuentos (España, 1991; Egipto, en árabe, 1996), Teoría y técnica de la narración oral escénica (España, 1995) y Cuentos para aprender a contar (Colombia, 1995); así como grabaciones (entre más dos con la Universidad Pedagógica Nacional, México), filmaciones (varias para la UNESCO…).
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Esta línea incluye conferencias (como las dadas en el Coloquio Internacional de Promoción a la Lectura, San José /1994, en el Congreso Latinoamericano de Literatura Infantil, Montevideo /1994; y en el Congreso Nacional de Literatura Infantil y Juvenil "Ciudad de Lucena" /1997), o la Mesa Redonda en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) hace unos años. Incluye igualmente otras acciones: exposiciones fotográficas, que indagan en la utilización de los lenguajes corporales o no verbales; exposiciones de carteles que divulgan los numerosos eventos del Movimiento Iberoamericano de NOE; asesorías a tesis universitarias de grado, y a proyectos, eventos o montajes escénicos. Existe también el Archivo de la Palabra, la Voz y el Gesto.
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Hemos convocado, desde 1985 (el primer evento en el mundo), numerosos encuentros teóricos, los más importantes: los Encuentros Teóricos Iberoamericanos de NOE, con siete ediciones hasta este 1997 (Venezuela, 1989 y 1991; México, 1990; España, 1993 y 1996) y Cuba (1994); y los Encuentros Teóricos Internacionales de NOE de México, con cinco ediciones hasta el 97.
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En Madrid se efectuó un Encuentro Teórico en 1995 en la Biblioteca Central, en coordinación con las Bibliotecas Públicas. Se trata de Encuentros sólo para narradores orales escénicos y, varios, han sobrepasado la cifra de cien participantes.
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La línea oral artística (aunque insisto en que las cuatro líneas están muy relacionadas), se ocupa del montaje de espectáculos unipersonales, y de los grupos y espectáculos colectivos de la Compañía de la Imaginación; y de dirigir cada año unos diez eventos, casi todos internacionales, desde el Festival Iberoamericano de Narración Oral Escénica (desde 1989, anual o bianual, itinerante, hasta 1997 ya con siete ediciones, que reúne entre setenta y doscientos participantes, narradores orales escénicos de entre ocho y catorce países, y que ha totalizado hasta noventa funciones), hasta las Muestras Iberoamericanas o Internacionales estables: Ciudad de México, La Habana, Madrid, León y Valladolid (entre otras); desde Festivales o Ferias como los de la Oralidad Escénica o los del Cuento de Buen Humor hasta las sesiones del Concurso de Anécdotas Personales o los Ciclos y Festivales de Jóvenes o Novísimos Contadores Españoles de Cuentos (en el Centro Cultural de la Villa).
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La línea oral artística comunitaria o dirigida a sectores determinados de la sociedad dona, yendo a sus propios espacios, y coincidiendo sobre todo con nuestros Festivales, decenas de funciones a escuelas, institutos, asilos y hospitales, pero también a centros de atención a drogodependientes o a prostitutas, y a cárceles. Y desarrolla acciones como las de “Los cuentos toman las casas”, “Los cuentos toman las Facultades Pedagógicas”, “Los cuentos toman las fábricas”.
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La Cátedra otorga cada año, a través de Jurados Internacionales, desde 1989, el Premio Iberoamericano Chamán, concedido en España, entre otros, al Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil, al CELCIT, al Círculo de Bellas Artes, y al Centro Cultural de la Villa de Madrid…
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La Cátedra, en España, ha sostenido y sostiene una intensa correspondencia centrada en la docencia, la documentación, y el intercambio (en la actualidad por medio de ciinoe@hotmail.com).
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–Usted precisa siempre, enfáticamente, que no es lo mismo contar oralmente “con” el público que “para” el público. ¿Puede apuntarnos cuáles son los matices diferenciales de ambos enfoques? ¿Cuál es el papel del narrador oral escénico? ¿Y del público?
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“Contar” es un término genérico. No todo el que cuenta lo hace oralmente.
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El actor, que también puede contar, y que hace narración escénica o cuento teatralizado, cuenta para el público. El público del actor es un espectador. Los procesos, todos o varios, cuando cuenta un actor desde el teatro, son, desde un criterio comunicológico, procesos cerrados.
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De que comencé a contar oralmente (y desde los inicios, de modo intuitivo, lo hice con el público), a que pude definir que todo el que cuenta oral artísticamente, desde siempre lo hace con el público, pasaron doce años. Este, en apariencia sencillo, “con”, ha sido decisivo para la comprensión más científica de la oralidad narradora artística y determinante para el desarrollo y plenitud de este arte.
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La narración oral escénica (en general todo el arte oral de contar) es una conversación dimensionada artísticamente. El público es el otro de la conversación interpersonal, ése que escucha en silencio porque alguien le está contando algo que, a quien cuenta le importa y quiere compartir porque desea comunicarse, y que, a quien escucha, le ha despertado la atención y le mantiene la expectación, que es algo que quien escucha puede relacionar con su propia existencia.
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Si conocemos la importancia de la comunicación no verbal para los seres humanos, podemos admitir que el otro, el que está en silencio, en el caso de un proceso oral artístico (pero también muchas veces en las conversaciones cotidianas), responde fundamentalmente por medio de los lenguajes corporales o no verbales, y su respuesta es incluida en el proceso (en este caso en el acto de contar oralmente) porque el contador de cuentos cuenta desde un proceso abierto.
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Para que el proceso esté abierto, hay que respetar las leyes milenarias de la oralidad, entre otras, la oralidad es siempre: comunicativa o comunicadora y no sólo expresiva, inventora y/o reinventora, con el otro y nunca para el otro, el otro es siempre un interlocutor y nunca un espectador; la oralidad ocurre siempre aquí y ahora, no puede ser fijada de antemano y no puede ser fijada cuando sucede, no admite la literalidad, tiene que ver con el juego de la memoria, pero no con la memorización frase a frase; la oralidad, y muy en especial la narración oral, tiene que ver con la imaginación y no con la construcción física de las imágenes de lo que se cuenta en el espacio; la oralidad es desde siempre en continua transformación, se adecua, se actualiza, incluye la realidad circundante.
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–¿Puede sintetizarnos en qué se diferencian la narración oral escénica y el teatro?
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Es difícil sintetizarlo. Y explicarlo sin realizar ejemplos prácticos. El narrador oral escénico y el actor tienen los mismos recursos expresivos esenciales: las palabras, la voz y los lenguajes del cuerpo. Allí comienza la confusión. La oralidad narradora fue antes que lo escénico teatral. Las categorías son la oralidad artística y las artes escénicas, y no la oralidad artística y el teatro. Pero la oralidad artística, a su vez, pertenece a una categoría mayor, que es la oralidad, que la rige cuando está en el escenario.
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Todo lo que el narrador oral escénico utiliza cuando está haciendo eso, narrar oral escénicamente, y no otra cosa, primero está en la oralidad cotidiana, sólo que es dimensionado oral escénicamente porque, entre otros puntos, hay una intencionalidad y un hecho artísticos.
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Cuando el narrador oral dimensiona sus recursos escénicamente (respetando el juego de las personalidades que están en todo acto de oralidad), narra oralmente, no actúa. Es el cuentero el que está en los orígenes del actor, y no a la inversa.
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Nuestras sociedades padecen, respecto a lo escénico, de teatro-centrismo, y, conste, que soy un hombre de teatro. No debemos confundir lo específicamente teatral con los procesos y propuestas a través de los cuales el teatro se apropia de recursos pertenecientes a otras artes –lo cuál puede ser válido– como si le fueran propios, como si se tratara de aquellos que lo definen como teatro en sí; ni debemos denominar teatrales a otros procesos y propuestas inscritas en la integración de las artes. Parte de las apropiaciones del teatro tienen que ver con una rama de la oralidad narradora artística, con el arte de la conversación escénica; es así sabiendo que: el teatro no es oralidad, sino escena teatral; al teatro no lo define la conversación sino el diálogo teatral (que es la recreación teatral de una conversación), y que no basta hablar para que el proceso sea oral.
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Entre otras diferencias: el teatro es acción, la narración oral es evocación y sugerencia; el teatro es representación, la narración oral, presentación; el teatro convoca al público como espectador, la narración oral como interlocutor; el actor suele caracterizar personajes, construir físicamente las imágenes esenciales, el narrador oral es siempre el propio narrador y sugiere todos los personajes e imágenes de la historia; el espacio y el tiempo del actor son los de la obra y no así necesariamente los del público, el narrador oral comparte un mismo tiempo y espacio con el público: el de la cocreación del cuento...
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–Usted habla del público como un interlocutor, nunca como espectador, pero en este arte ¿es siempre posible esta respuesta activa y estimuladora desde el patio de butacas?
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El narrador oral artístico cuando a solas selecciona el cuento para apropiárselo y posteriormente contarlo oralmente, prioriza dos de las cinco personalidades que intervienen en todo proceso de oralidad: la de quien dice (o sea, la suya propia) y la del público posible. El cuento que se contará nunca se elige sin elegirlo para un público de unas determinadas características. Esto tiene que ver con la esencia de la oralidad. Y ya desde allí el público es incluido como interlocutor.
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El narrador oral tiene que preguntarse si el público podrá comprender de inmediato (ley de la oralidad artística) y si se interesará en ese cuento (el arte de contar oralmente depende de la expectación). Y tendrá que hacer un análisis que, en principio, lo compruebe. Este es un tema que no es factible sintetizar demasiado, porque a la oralidad hay que entenderla en su complejidad, en sus interconexiones y en sus posibles conexiones.
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El público tiene que comprender e interesarse en ese cuento porque ello le permitirá y le estimulará a imaginar. El cuento oral no existe sino en la relación entre el narrador oral artístico y su público. No está en el espacio escénico, sólo existe en la razón y el sentimiento, en la imaginación del narrador oral y de cada persona del público que pueda (tiene que haber un código común, un marco de referencia y no debe haber ruidos e interferencias en la comunicación) y acepte ser interlocutor.
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El público de la narración oral artística es un cocreador. A partir de lo que el narrador oral le sugiere, cada persona del público verá sus propios personajes e imágenes. Esto hará que el cuento también sea suyo. Y hará que sus respuestas no verbales sean de comprensión, de aceptación, de admisión y de estímulo. O no. Porque el arte de contar oralmente tiene que partir de los acuerdos entre el narrador oral y el público, y no de los desacuerdos. Es un arte que no puede agredir, porque como es con el otro, si el otro se siente agredido, se va, o protesta de viva voz, o expresa su rechazo por medio de sus lenguajes no verbales. Envía carga negativa y/o se va. Y el narrador oral, dentro de ese proceso suyo abierto, se desestabilizará, se saldrá del cuento y terminará por no poder contarlo.
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El hecho de que el público (aunque en ocasiones utiliza sonidos o interviene verbalmente) sobre todo responde al narrador oral, y lo estimula o no, con sus lenguajes no verbales, es una de las razones por las que dedicamos tanto tiempo al estudio de la comunicación corporal o no verbal. Otra, es que el cuerpo del narrador (y sus palabras y voz) es la escena. Cuando el público es muy numeroso, el narrador oral artístico mantiene básicamente abierto su proceso de interacción con las primeras filas, allí se retroalimenta, y después lo dimensiona a través de sus recursos hacia todo el público que, si el proceso es cierto, por un fenómeno de comunicación de masas se siente integrado, interlocutor.
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–¿De qué modo puede entenderse la narración oral como una forma de hipnosis alternativa?
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Está demostrado que el ser humano en su cotidianeidad puede caer en trance hipnótico alternativo, y que la hipnosis no es únicamente el proceso que como tal puede generarse entre terapeuta y paciente. Recordemos que la hipnosis es un estado de extrema concentración.
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Cuando el cuento oral encuentra profundamente la razón y el sentimiento de ésta y aquella persona con la que se cuenta, puede ocurrir en la persona uno de estos estados (también cuando alguien en la calle se abstrae del resto de la realidad que le rodea y queda impresionado por, y concentrado en, una pelea callejera). Entonces la persona comienza a imaginar el cuento a partir de lo que se le sugiere, pero en mucho también a partir de su paisaje interior; y para ello tiene que concentrarse y bajar sus defensas. En ese momento en que queda vulnerable, el cuento oral puede tocar a la persona e influirla, tocarla y transformarla. De allí también la tremenda responsabilidad de quien cuenta.
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–Para usted la oralidad no puede excluirse de la formación humana. Pero ¿qué le aporta al ser humano la oralidad? ¿Qué papel juega la oralidad que narra en la formación de niños y adolescentes?
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La oralidad definió al ser humano como ser humano. Es parte inseparable de un hombre o de una mujer normal. Sin embargo, salvo excepciones, nuestras sociedades creen saber qué es la oralidad y cuáles son sus procesos, pero en realidad no lo saben. Entre otras razones, porque la antropología estudió la oralidad durante siglos en, y desde, sociedades de escritura, y la antropología más contemporánea ha demostrado que, por ello, la estudió equivocadamente. La estudió ejerciendo un criterio centrista desde los procesos de la escritura, que son otros procesos. Y lo hizo sin tener realmente en cuenta que la oralidad es anterior y tiene sus propias leyes.
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De esto es un ejemplo el término, “literatura oral”, sólo explicable por extensión, pero que es peligroso en un proceso investigativo, o docente, o ensayístico donde los términos tienen que ser usados con mucha exactitud, usados con relación al contexto donde se definen. “Literatura” significa en su origen “letra, escritura” y, por tanto, no existe literatura oral, porque no existe escritura oral, lo que existe son, por ejemplo, cuentos de la tradición oral, y testimonios escritos de una de las tantas contadas, siempre cada una distinta a las otras, de esos cuentos. No tenemos que ser menos rigurosos, y ni estar menos dispuestos a aceptar los nuevos enfoques (si estos demuestran su coherencia y consistencia) en el estudio de la oralidad, de la literatura y de las artes, que lo que lo es la medicina, porque aunque hablamos de ámbitos muy diferentes entre sí y de procesos muy diferentes, ninguno de los dos es, como no lo es ninguna cosa en la existencia, inmovilista. Pero siempre estamos más dispuestos, nosotros, a aceptar lo nuevo en la medicina (ignoro cuánta resistencia hacen los médicos a lo nuevo en su propio campo) que en la oralidad, la literatura y el arte. Se trata de que lo que conocemos o creemos conocer nos da seguridad y acostumbramos a aferrarnos a ello.
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Que la sociedad no sepa, qué es la oralidad, es muy grave. Cuando cree que la oralidad es sólo la puesta en marcha de palabra, voz y gesto, confunde la verbalización, vocalización y presencia de lo corporal o no verbal con algo mucho más complejo, que es la comunicación humana.
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El acto de oralidad por excelencia es la conversación interpersonal, el acto de comunicación por excelencia es la oralidad. La conversación es la expresión originaria y máxima de la oralidad. Lo más decisivo para nuestra vida casi siempre lo aprendemos a través de las conversaciones. Estas son nuestro más eficaz medio para expresarnos y comunicarnos, por tanto, para explicarnos y afirmar nuestro derecho a ser nosotros mismos, para aceptar y ser aceptados, para amar y ser amados, para llevar adelante nuestros sueños y construirlos como realidades.
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Además, cuando dentro de una conversación, narramos, la conversación gana en confianza, expresividad, hondura. En calidad. Y de calidad de vida estamos hablando. La comprensión de la oralidad como comunicación, y su utilización más eficaz y plena, significan una mejor calidad de vida para los jóvenes y adultos. Y también para los niños y adolescentes, que son el principio, pero para ellos, además, es el punto de partida de la formación y del desarrollo.
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Cuando enseñamos al niño a alimentarse, a caminar y a correr, estamos cumpliendo solamente con una parte de nuestra responsabilidad. El desarrollo de su intelecto dependerá en gran medida de que le conversemos y de que le contemos oralmente. Hace años que varios de nosotros (que recuerde: el escritor colombiano Jairo Aníbal Niño, yo...) venimos diciendo que al niño hay que hablarle y contarle desde que está en el vientre de la madre y desde sus primeros meses después del alumbramiento (ver en mi libro, Cuentos para aprender a contar, “El hijo de la cuentera”), ahora, recién, lo ha afirmado la ciencia. Digo una vez más que la conversación y la narración oral son el camino natural a la lectura, y a otros ámbitos de sensibilidad y progreso. La conversación y la narración oral son las apelaciones más fuertes que pueden hacerse al imaginario de otro ser humano. Enseñar a imaginar es enseñar a relacionar. Y enseñar a relacionar tiene que ver en la vida con todo y no sólo con el arte y la literatura. La imaginación tiene que ver con la calidad de vida y con que llegáramos al cosmos y con que tengamos o no una mejor pareja y con que podamos descubrir las vacunas necesarias. Está probado científicamente, e insisto en esto, que ningún medio de difusión y expresión masivas (no son medios de comunicación, ni medios masivos de difusión) puede alcanzar el grado de profundidad y de eficacia, ninguno la posibilidad tan honda de influir y transformar que propicia la comunicación de un ser humano no frente a, ni para, sino con otro.
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Otra apelación poderosísima al imaginario de otro ser humano es la lectura. Pero, no podremos acercarnos a lo ideal en términos de nuevos lectores, mientras sigamos perdiendo, con muchos de los posibles lectores, ese período esencial para la formación humana que va del vientre de la madre a los tres años de edad (de donde el alerta y la explicación a, y el adiestramiento de, la familia, es esencial); y mientras quienes se preocupan y ocupan de la educación y de la animación a la lectura (maestros, bibliotecarios, escritores para niños, entre otros) no clarifiquen qué es la oralidad, cuál es su significación y trascendencia, y la empleen efectiva y solidariamente, y contribuyan a que la sociedad lo clarifique y la emplee. Porque una clase tiene que ser ante todo un hecho de comunicación, uno comunicador. Y la animación a la lectura pasa por la conversación interpersonal, en unos casos, y grupal o escénica, en otros; esto sin sumar la necesaria presencia del arte de contar.
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–¿Cree que la expresión oral se trabaja de manera correcta y suficientemente en la escuela?
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No creo que se trabaja correcta y suficientemente. Porque se trabaja sin conocer, más allá muchas veces de lo intuitivo (que es imprescindible), qué es la oralidad. Y porque se trabaja sobre todo como expresión oral y no como comunicación oral. Y, además, porque se trabaja en muchas ocasiones centrando, lo de expresión oral, en lo verbal y lo vocal, cuando ninguna persona habla con otro ser humano sólo con las palabras y la voz, sino con todo su cuerpo. Un ser humano hablando es una imagen hablada integrada por lo verbal, lo vocal y lo corporal o no verbal. Por eso la conversación no es el arte de la palabra, y la narración oral tampoco; son: el arte de la palabra, la voz y el cuerpo vivos.
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Lo he dicho, lo digo y lo diré:
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¿Por qué no recuerdo significativamente a ninguno de mis maestros de primaria y sí a algunos conversadores que iban a mi casa o a algunos cuenteros comunitarios en el campo? Porque mis maestros de primaria (aquellos, que no son todos) no me conversaron suficiente y adecuadamente. ¿Por qué sí recuerdo a las bibliotecarias de mi infancia, y a Luisa Ceballos, mi profesora de Biología en séptimo grado? Porque ellas hablaban cálidamente conmigo, me respetaban en nuestras conversaciones, y ello me estimulaba. ¿Por qué mi familia, y sobre todo mi madre, una mujer con sólo tercero de primaria, me influyó tan poderosamente? Porque desde que recuerdo, mi madre me respondía, me conversaba en la casa y en la calle, me explicaba y me preguntaba, me contaba y me cantaba, me decía refranes y máximas, y, además, me narraba la historia de la familia y de los amigos mostrándomelos a través de un cofre repleto de fotos. Por suerte, además, tenía una correcta expresión verbal, porque somos de una provincia obsesionada por la corrección verbal. Fue esta actitud de mi madre la que me creó un apasionado interés por la lectura, que moldearon las bibliotecarias, y, más tarde, dos de las profesoras de literatura del nivel medio. Todas ellas hablaban mucho conmigo, tanto de la vida como de los libros.
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Todo proceso de oralidad es una búsqueda de equilibrios, desde un proceso de comunicación, abierto, entre la personalidad de lo que se dice, la personalidad de quien lo dice, la personalidad de quien lo escucha o la colectiva del público, la personalidad del lugar donde se dice y la de la circunstancia en la que se dice. Estos equilibrios en movimiento determinan los equilibrios entre la expresividad de quien dice y la atmósfera creada, también en continua transformación. Llegará el día en que no pueda graduarse a ningún profesional sin que haya cursado una asignatura llamada Oralidad, con fuertes acentos en la comprensión y la práctica de la comunicación, de la comunicación corporal o no verbal, de la conversación, de la narración oral artística, y de la conversación grupal o escénica.
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La Cátedra, durante años, ha trabajado directamente, en varios países, con las Escuelas, Institutos, Universidades que forman maestros y profesores, y en España, cada vez más en Centros de Profesores y Recursos, y en Asociaciones o instituciones de bibliotecarios, así como empieza a tener una presencia en los Congresos de Literatura para Niños y Jóvenes. A los talleres que convocamos directamente, cada vez más acuden no sólo bibliotecarios, maestros y profesores en ejercicio, sino estudiantes de estas profesiones.
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–¿Qué papel desempeña la literatura infantil y juvenil dentro de la narración oral escénica?
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Las fuentes de la narración oral escénica para unos u otros públicos son varias: las tradiciones orales (que no debieran ser contemporáneamente lo mayoritario dentro del repertorio, ni tampoco estar ausentes), la literatura, los argumentos y demás de las artes expresivas, las historian reales aparecidas en los medios de difusión y expresión masivas; y en cuanto al arte de la conversación escénica, la propia vida, las anécdotas personales. El narrador oral escénico es sobre todo un reinventor, no tiene que ser un escritor, aunque puede serlo o llegar a serlo. En la medida en que van ganando en experiencia, cada vez más estos originarios reinventores enfatizan la invención.
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La literatura para niños y adolescentes, como me gusta llamarle, es una literatura, como sabemos, escrita originalmente para estas edades, o se trata de historias de la tradición oral que se han escrito rehaciéndolas para estas edades. Pero no es todo lo que los niños deben leer y leen en el campo de la literatura: también están aquellas obras que, escritas originalmente para adultos, resultan apropiadas.
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Uno de nuestros narradores, idealmente, debiera poder contar con cualquier público. Así que todas esas fuentes suelen estar en el repertorio de un narrador oral escénico cuando cuenta con niños o con adolescentes. Pero a esto se suman las historias de la tradición oral, ésas sin edad que suelen interesar a muchos de los niños y a las otras edades (mitos, leyendas, cuentos populares), y lo proveniente de las artes expresivas, los medios de difusión masiva y la propia vida, y, a veces, de la propia creación.
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He logrado (dando el ejemplo y argumentándolo), además, que muchos narradores orales escénicos cuenten para adultos, eligiéndolas cuidadosamente, historias escritas para niños, y que lo realicen con excelentes resultados. Para los narradores orales el conocimiento y la apropiación de la literatura para niños y adolescentes, por tanto, son urgentes, imprescindibles. Como imprescindible es compartirla, realzarla.
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Tanto cuando se cuenta con niños y adolescentes, como cuando se cuenta con jóvenes, adultos y ancianos, la narración oral, a partir de cualquiera de sus fuentes, debiera ser, además de todo lo señalado a lo largo de esta entrevista, un acto de ensoñación, comunión, sabiduría, estimulación, humildad, indefensión, transparencia. Un acto de audacia, pureza, indagación, lealtad, justicia, libertad, dignificación. Y sobre todo ese acto, de solidaridad, amistad y amor, del que todos tendríamos que ser capaces y que todos merecemos. Contar es compartir la confianza.
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 OSORO, Kepa. Escritor e investigador. Amigos del Libro / Revista de la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil, Año XV, Madrid, España, Abril – Junio de 1997. La entrevista se respondió por escrito. Tener en cuenta que los datos que se aportan en las entrevistas son hasta su fecha, por ejemplo, la Cátedra hoy tiene nuevos cursos/talleres como el de Iniciación a la Escritura y del Cuento Hiperbreve (primero en su género), el del Humor y la Comicidad, el del Drama y la Intensidad…

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jueves, 22 de octubre de 2009

1997 / ENTREVISTA A FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES REALIZADA EN MADRID, ESPAÑA

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LA LLAMADA

FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES: “RESUCITA EL ARTE
DE CONTAR”



–Don Francisco Garzón Céspedes, contador de cuentos, ahora presenta en el Centro Cultural de la Villa de Madrid la VII Muestra Iberoamericana de Narración Oral Escénica. ¿Qué cuentan ustedes en los escenarios?

–Contamos lo que hemos recibido de la tradición oral, lo que viene de nuestras lecturas y nuestra propia vida.

–¿Qué es el contador o cuentero?

–Un reinventor de historias.

–¿Algo que ver con el teatro?

–No. Lo nuestro es la oralidad escénica. El público de la narración oral es un interlocu-tor: el del teatro, un espectador. Y el cuentero es anterior al actor.

–Hace miles de años, alguien contó una historia al amor de una hoguera y así empezó todo...

–Si. El ser humano necesita contar lo que ve y lo que siente.

–La narración oral ha conocido muchas etapas...

–Nosotros somos ahora un artista que antes no existía; no somos el cuentero de la tribu, ni el familiar, ni el que cuenta a los niños.

–¿Qué es?

–El narrador contemporáneo, el profesional que cuenta oralmente ante miles de perso-nas en un teatro.

–¿Ha sido positiva la experiencia en Madrid?

–Llenamos cada noche. Mucha gente no puede entrar.

–¿Conclusión?

–Resucita la narración oral, el arte de contar.

–¿Qué pasó para que desapareciera durante un tiempo?

–Llegaron la radio, la televisión, entre más. Ahora se buscan otra vez espacios de comunicación directa, real.

–¿Mejor el público adulto que el infantil?

–Al adulto se le atrapa mejor.

–¿Los niños que les escuchan echan de menos la televisión?

–No. Cuando uno dice “había una vez…”, se pronuncia una palabra mágica.

–Qué maravilla…

–Haga una encuesta: todos preferimos una buena conversación a la televisión. Pero ha de ser una buena conversación, claro.

–Usted ha creado una escuela…

–He reinventado el oficio más viejo del mundo.

–¿Tendría éxito un programa de cuenteros en televisión?

–Creo que sí, pero no es nuestro espacio natural.

–¿Tienen algo que ver con nuestro contador de chistes?

–No. Por lo general, el chiste es discriminatorio e intrascendente. El cuento es solidario y culto.

–Me imagino que les confunden con el showman...

–Bueno, si el showman es un conversador escénico, hay parentesco.

–¿Los políticos son buenos cuenteros?

–También los políticos pueden contar buenos cuentos.

–Si al menos empezaran con el “había una vez…”

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 AMILIBIA, José María. Periodista. Diario ABC, Madrid, España. 14 de Febrero de 1997. La entrevista se realizó por teléfono en correspondencia con el título de la Sección: La LLamada…
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martes, 8 de septiembre de 2009

1994 / ENTREVISTA A FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES REALIZADA EN SAN JOSÉ, COSTA RICA

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CONTAR ES DEVOLVERLE LA PALABRA
AL SER HUMANO
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Para este poeta y dramaturgo cubano que anda por el mundo reinventando la magia de contar, lo esencial del ser humano, es la comunicación. De ahí que cultive el diálogo con fervor, como quien participa de un ritual, de un intercambio vivo que le permite verificarse en los demás. Las palabras convocan a la imaginación cuando se les convoca “despertándoles el ánima”, poniendo en marcha su surtidor de evidencias. Eso quizás explica por qué, en algunos momentos –esta entrevista fue una conversación–, se queda mirando arriba, como si buscara la sorpresa de los enlaces o el juego apasionado de las analogías. Después sigue hablando largo, fluido, saboreado, pero tanto como sus labios se mueven sus manos, y uno tiene la impresión de que con ellas agarra las palabras para darles el sentido del gesto antes de soltarlas de nuevo en el aire. Contar para él es un acto solidario que nace de la conversación, sólo que en este diálogo artístico, abierto y dimensionado, no se cuenta para el público, sino con el público, que crea e imagina metido también en el espacio del cuento, y devuelve así las palabras, la voz y los gestos, transformados en participación.

–Sin duda, su quehacer es algo que pone en tensión la curiosidad. Preguntemos entonces para que nos cuente. ¿Qué es la oralidad? ¿Cómo llega a ser un arte?

Para mí la oralidad no es simplemente el acto de hablar en voz alta, dado que, por ejemplo, el actor habla en voz alta y ahí no hay proceso de oralidad, porque entre las características milenarias que la rigen está el hecho de que siempre es inventora o reinventora, por tanto, no puede ser fijada de antemano. Ocurre siempre aquí y ahora, tiene que ver con la memoria y con el juego de la memoria, pero nunca con la memorización. La oralidad es un ser humano hablando, es decir, una imagen hablada o hablante que no solamente se expresa, sino que se expresa y se comunica con las palabras, con la voz y con el cuerpo. Separo lo verbal de lo vocal, porque no es lo mismo la palabra que el modo de decirla. Son dos lenguajes distintos, cada uno con su propia identidad, aunque la palabra hablada necesite de la voz.

Por otra parte, desde sus orígenes, la oralidad es con el otro y no para el otro. Y cuando trasciende incluso lo cotidiano y se convierte en oralidad artística, sigue siendo con el otro, es decir, con el público interlocutor, nunca con el público espectador. Es algo siempre en mo-vimiento, que no admite la literalidad. Se adecua, se transforma, se actualiza y, si es necesario, incluye elementos de la realidad circundante. Es la apelación más fuerte que puede hacerse al imaginario del otro, porque tiene que ver con la imaginación y no con la construcción física de las imágenes. Implica, como realidad artística, un profundo compromiso del que dice con lo que dice.

La narración oral escénica tiene como núcleo, como punto de partida, la conversación interpersonal. Pienso que la conversación es la máxima expresión de la oralidad.

Ahora cuando se independiza de la conversación para convertirse en arte, las reglas básicas del juego son las mismas, porque entonces no es más que una conversación dimensionada a través de una serie de recursos, presupuestos y propósitos, pero el hecho es el mismo.
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Hay que tener en cuenta que la conversación, cuando se abre a contar oralmente una anécdota o cualquier otra forma de la narración oral, suele ganar en intimidad, en confianza, en expresividad, y que, en muchos casos, la calidad de la conversación depende de qué contamos, cómo lo contamos y con cuánto respeto por el otro contamos.

Si esto es así, si admitimos que la conversación suele ganar en calidad, en hondura y en eficacia cuando se cuenta oralmente dentro de ella, y si a la vez admitimos que muchas de las cosas importantes de la existencia las aprendemos a través de la conversación, entonces nos podremos dar cuenta de la trascendencia que tiene contar o no oralmente en la vida de cada día.

–¿Es la oralidad un camino a la lectura?

La oralidad, y no los medios de difusión, son el camino natural para formar al futuro lector. En la medida en que le cuentas y en que cuentas con el niño estás creando no solamente la capacidad de imaginar y la capacidad de crear, sino que estás también creando la necesidad de aprehender cada vez más el mundo que lo rodea. La lectura va a completar a ese narrador, a ese conversador oral que el niño no puede tener siempre consigo. Cuando no conversamos con el niño, cuando no le contamos, lo estamos privando de uno de los tres factores indispensables de crecimiento. El niño tiene que comer, tiene que ejercitar su cuerpo y tiene que ejercitar su mente. El niño tiene que ejercitar su imaginación, y ninguna de las alternativas que le podemos ofrecer es tan poderosa ni tan eficaz, ni lo involucra como un participante tan activo como la oralidad. El hecho de que lo sentemos frente al televisor o de que lo llevemos al teatro, no va a resolver el problema, porque el niño está frente a un mundo de imágenes ya hechas mientras que en la oralidad el niño tiene que crear sus propias imágenes del cuento que está oyendo. Es decir, él va a influir decisivamente en lo que se está contando, porque es un proceso abierto, y, en la medida en que imagina, empieza a devolver el cuento. Ahí radica el gran acercamiento entre la oralidad y la literatura: el lector también tiene que imaginar, también tiene que construir sus propias imágenes de lo que está leyendo. La oralidad y la literatura (junto con la radio expresiva) son las apelaciones más fuertes que se pueden hacer al imaginario del niño.

–El narrador de cuentos, como el Flautista de Hamelin, tiene que encantar. ¿Cuáles son los medios de que se vale? ¿Importa además del cómo se cuenta lo que se cuenta? ¿Hasta qué punto influye en su magia el repertorio?

La narración oral como hecho oral artístico no tiene que renunciar a ninguna de las fuentes posibles. Pero yo te diría, Froilán, que la fuente más importante del narrador oral escénico, del narrador contemporáneo, es y tiene que ser la literatura. Si se dedica a contar únicamente la tradición oral, sin duda está haciendo un trabajo importante, porque está difundiendo esas tradiciones que son un tesoro de la cultura universal, pero también es cierto que está faltando a su compromiso de contemporaneidad.

Hay una serie de temas, de conflictos, hay un lenguaje, un estilo, un gusto, que tiene que ver con lo que se expresa en la literatura y no con lo que viene de la oralidad. El repertorio de un narrador oral tiene que tener un porcentaje de tradición oral y un porcentaje mucho mayor de reinvención de la literatura contemporánea, de la literatura dentro de la cual y con la cual coexiste.

En nuestras sociedades la estructura que es más eficaz con el público no es la del mito, no es la de la leyenda, porque el mito y la leyenda tienen mucho que ver con sociedades donde la oralidad es predominante o absoluta, porque son las estructuras de esas sociedades. Pero en las nuestras, es la estructura del cuento y, sobre todo, la del cuento literario. Cuando se narra oralmente teniendo esa estructura como respaldo uno de inmediato logra una comunicación más rápida, más profunda, más eficaz. El público se reconoce en una estructura que tiene que ver con el ritmo y con los modos de nuestras sociedades.

El mito y la leyenda responden a otra poética, a otro tiempo escénico y, por decirlo de algún modo, a otro ser humano.

–La palabra es sin duda un juego apasionante por ese misterio primordial que supone toda analogía ¿a qué atribuyes su resurrección en un mundo en el que imaginar –es decir, crear imágenes– ha sido desplazado por la televisión, el vídeo y el videojuego, que acaparan la atención del niño, del adolescente?

La oralidad en general, tanto la cotidiana como la artística, por citar sólo dos, nunca han desaparecido del todo, porque una de las cosas que define al ser humano es su capacidad oral. La oralidad retrocedió, primero con la escritura, luego con la creación de la imprenta y después con el despliegue de los medios de difusión masiva, pero no desapareció.

La escritura y la literatura lo que hacen es fijar la palabra, porque están hechas de palabras. Los medios de difusión masiva son medios de oralidad secundaria, porque de todos modos utilizan la palabra. Aunque los medios de difusión masiva ocupan la mayor parte del tiempo libre y en muchos casos han relegado casi absolutamente la conversación cotidiana, también es cierto que han empezado a saturar a los seres humanos a los cuales se dirigen y estos seres humanos sienten la necesidad de rescatar espacios de conversación y de oralidad, porque son espacios mucho más cercanos, mucho más vivos.

Pienso que el ser humano comienza a volver su mirada a la oralidad porque comienza a entender que la oralidad está en la base de todo y que, por tanto, no puede ser sustituida, porque enseña a imaginar, que es enseñar a relacionar, y relacionar tiene que ver con la vida, no sólo con el arte y la literatura, sino también con el desarrollo de la técnica y de la ciencia. El desarrollo de la imaginación está directamente vinculado con la creatividad, y la creatividad está directamente vinculada con el progreso, con la calidad de la vida. El público ha entrado en el cuento porque el cuento está en sus orígenes y en su naturaleza desde siempre.
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 ESCOBAR, Froilán. Escritor y periodista. “Contar es devolverle la palabra al hombre”, Diario La República. “Signos”, San José, Costa Rica. 27 de marzo de 1994. La entrevista se realizó grabada. Ha sido muy difundida, editada en revistas especializadas de Argentina, de España (como en In-fan-cia, Barcelona, Enero-Febrero, 1996)…, por Internet… todo por sus contenidos y la relevancia de los dos interlocutores.
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jueves, 27 de agosto de 2009

1989 / ENTREVISTA A FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES REALIZADA EN BOGOTÁ, COLOMBIA

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CUENTOS CONTRA LA AMNESIA COLECTIVA*
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Francisco Garzón Céspedes nació con el don de la palabra y se hizo poeta y cuentero. Dice que es un “narrador oral escénico” y tiene razón, pero además –y sobre todo– forma parte de la estirpe legítima de Francisco el Hombre.

Cada juglar tiene sus propios recursos y una manera intransferible de contar o cantar y Garzón no toca el acordeón, pero posee la capacidad de jugar con los fulgores del verbo. Es uno de esos espíritus que magnetiza el aire cuando habla, nutre la memoria y estimula los sentidos con invenciones orales. Sus cuentos son afirmación y paradoja del tiempo que le correspondió protagonizar, como hombre y como artista.

Garzón es reconocido internacionalmente porque su labor ha sido infatigable. La calidez humana, la sinceridad del habla y la cualificación de sus logros le han permitido propiciar la multiplicación de los cuentos en el epicentro mismo de la rutina y el olvido.

Ha comprendido la importancia de las palabras sencillas y esenciales y se ha lanzado por todas partes a contar historias y leyendas que atentan contra la amnesia colectiva y recuperan algunas cosas positivas para la vida, como el amor, la paz o la buena voluntad. Su trabajo de hormiga y cigarra ha vulnerado la indiferencia de las metrópolis y ha inaugurado la era de los juglares y de la expresión desinhibida, libre, a pesar de los traumas sociales, la soledad absoluta y la incomunicación generalizada de nuestros días.

Acaba de participar en el Festival Internacional del Humor de la Televisión y en el Festival Nacional de Cuenteros (de Contadores de Cuentos). Ha mostrado sus virtudes y ha expuesto sus planteamientos en charlas y talleres. Por eso, aprovechando su paso por Colombia, realizamos un encuentro entre conversación y cuentería.

Lo primero que dijo, a manera de advertencia, fue lo siguiente: “creo en el cuentero, concebido en los espejos del agua, nacido humilde, tantas veces negado, tantas veces crucificado, pero nunca muerto, nunca sepultado, porque siempre resucitó de entre los vivos, congregándolos para ser chamán, griot, fabulador, contador de historias, juglar”.

LA DIMENSIÓN DE LA PALABRA

–¿Cuándo comenzaste a contar?

Desde niño. Yo era muy tímido, pero no resistía las tentaciones del habla. Mi pasión siempre ha sido la lectura y en esos años de infancia compartía las aventuras de los libros con mis compañeros de escuela. Palabras y gestos surgían con impulso natural y referían verdaderas narraciones que ya delataban mi derrotero. No tenía conciencia de lo que sucedía, pero me gustaba contar historias. Después, a los quince años inicié mi experiencia escénica con el teatro y los muñecos. También, en esos días de fuego y esperanza, proyecté mis relaciones con la gente del pueblo, en provincias y en comunidades campesinas. Por ese entonces, escribía, componía, conversaba y decía mis poemas. Así aprendí a manejar diferentes espacios y me relacioné con distintos auditorios.

–Has tenido la experiencia doble de ejercer la literatura (la invención) como escritor y contador de cuentos (en este caso al reinventarla). Hablemos de los contrastes, las diferencias, las semejanzas, los distintos niveles de retroalimentación y, tal vez, la nueva valoración de la palabra.

Soy poeta experimental y tuve relaciones con el concretismo brasileño, conocimiento de los Caligramas surrealistas y conocimiento y/o relaciones con otras experiencias imaginativas de la poesía del siglo XX. En mis poemas comienzan a manifestarse determinados relieves y conceptos, a través de juegos de palabras, búsqueda de formas, disposición en el espacio, ritmos visuales y meta‑lenguajes. Posteriormente, cuando estudio y trabajo en el campo del periodismo, contacto con los recursos de la tipografía, el diseño, la diagramación informativa. Por ese entonces, simultáneamente, estoy haciendo teatro y siento la necesidad de buscarle a la palabra su dimensión oral. Al pasar los años, un buen día fundamos La Peña de Los Juglares, junto con la trovadora Teresita Fernández. Es un espacio mágico, en un claro de bosque, saliendo de La Habana. Allí, Teresita cantaba y conversaba, leía y argumentaba, y yo contaba historias, entrevistaba personajes, comentaba anécdotas y me relacionaba semanalmente con un público que fue creciendo y que me permitió probar mis instintos y asumir lo que terminó siendo el fundamento de mis proyectos actuales. Es decir, que en mi caso, la oralidad y la escritura tienen vigencia y conviven en la misma latitud. Por método, distingo entre literatura y oralidad, así como no confundo al narrador oral escénico con el cuentero. Es verdad que confluyen y participan de aspectos similares y es cierto que mantienen diferencias de origen y de contexto. Claro, si reflexiono me doy cuenta que, además, la literatura como tal tiene muchas maneras de existir (o de seguir existiendo ya transformada) y que vale la pena trabajar en múltiples terrenos.

ALGO DEFINITIVAMENTE HUMANO

–¿Qué pasa cuando la tradición oral popular y el oficio escénico se mezclan como vertientes y producen un fenómeno como el que estamos viviendo en torno a la oralidad como opción artística, creativa, de comunicación directa?

En principio la narración oral escénica suele ser una síntesis del cuento escrito si ésta es la fuente. Lo que pasa es que esa síntesis oral en el ámbito de la palabra está sustentada en el modo en que el narrador oral dice vocalmente las palabras y el lenguaje corporal o no verbal que surge con los movimientos, las miradas y los gestos. Lo que el escritor resuelve por la vía de la descripción o por caminos más extensos, el narrador oral lo desarrolla por la vía sin intermediarios de la convivencia interactiva con el público. Mientras el hecho literario suele ser un proceso cerrado, la oralidad de un cuento es un juego abierto donde las improvisaciones, los ambientes y el presente definitivo cuentan para el caso. La comunicación del verbo es un acto en vivo, irrepetible, Me parece que de todas maneras se va a dar una especie de alquimia porque la cultura actual tiende a fundir expresiones y a trenzar procedencias. Posiblemente seamos testigos y actuantes del encuentro de la herencia popular y las experiencias más recientes.

–Hablas de la expresión oral como un medio de comunicación alternativa. ¿A qué te refieres?

Cuando hablo de comunicación me refiero al efecto que en términos de comunicología se conoce como «propaganda directa» y que tiene que ver con la relación singular que se establece entre un emisor y un conjunto de perceptores, cuando el núcleo de la comunicación se da en una relación sin distancias, donde el emisor original se convierte a la vez en perceptor y los perceptores en emisores. Es por eso por lo que, a pesar de la radio, la televisión, la prensa, el cine, los libros, los carteles, los volantes y las vallas, ningún dirigente político prescinde del encuentro directo con las masas. Por supuesto, el político, según quién sea, puede hacer en ocasiones demagogia y el contador de cuentos requiere de sinceridad. A mí se me ocurre que el cuento debe seguir vivo en la memoria de los que escuchan e inclusive es necesario que el cuento ronde el alma de los oyentes y vuelva a ser contado en versiones infinitas.

–En un mundo como este universo que conocemos, donde la incomunicación es la regla, cobra fuerza una expresión común, que otorga identidad elemental y establece estados de comunicación sencillamente extraordinarios. ¿Qué está pasando culturalmente?

Cuando algo es posible pervive y se extiende, como sucede con este movimiento de renovación oral, que siendo (oral) escénico, pero teniendo vínculos con lo literario, antropológico y artístico, también es algo más, definitivamente humano. Creo que la época coloca las necesidades y que la sociedad está en condiciones de asumir la propuesta colectivamente. De nada valdría la voluntad de un ser humano si no apelara a muchas voluntades y se enriqueciera y transformara en el trabajo conjunto con ellas. Quizá, la cultura nuestra, universal y latinoamericana, deja palpar su crisis y su avance. Eso es un cuento evidente.
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* MOYANO, Juan Carlos. Escritor y hombre de la escena. Diario El Espectador, Bogotá, Colombia, 28 de mayo de 1989. Texto revisado para este libro.
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viernes, 31 de julio de 2009

1987 / ENTREVISTA A FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES REALIZADA EN MONTERREY, MÉXICO

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FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES RESPONDE EL
CUESTIONARIO PROUST
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–¿El principal rasgo de mi carácter?

La solidaridad.

–¿La cualidad que deseo en un hombre?

La lealtad.

–¿La cualidad que prefiero en una mujer?

¿Por qué otra diferente? También, la lealtad.

–¿Lo que más aprecio en mis amigos?

Que estén en las buenas y en las malas.

–¿Mi principal defecto?

La ira.

–¿Mi ocupación preferida?

Escribir.

–¿Mi sueño de dicha?

Que alguien me ame más que a sí.

Que la narración oral escénica sea verdad en todo el continente, en el mundo.

–¿Cuál sería mi mayor desgracia?

Morir sin pareja. Morir sin amor. Perder la capacidad creadora.

–¿Qué quisiera ser?

Lo que soy (me ha costado demasiado).

–¿Dónde desearía vivir?

Podría vivir en muchos lugares. Y amar la ciudad donde viva. Madrid, La Habana, México D. F.

–¿El color que prefiero?

Depende para qué. Para símbolo de amor, el naranja. Para vestir, el negro. Para las paredes, el blanco.

–¿La flor que prefiero?

¿Por qué una? La siempreviva. El girasol. La rosa.

–¿El pájaro que prefiero?

Sí un ave antes que cualquier otra: la gaviota (belleza, perfección, tenacidad, vida).

–¿Mis autores preferidos en prosa?

Los que puedo contar oralmente.

–¿Mis poetas preferidos?

W. H. Auden. Paul Eluard. Luis Cernuda. Federico García Lorca. Walt Whitman… Mario Benedetti. Ernesto Cardenal. Pablo Armando Fernández. Juan Gelman. Efraín Huerta. Thiago de Mello. Jaime Sabines… Los concretistas brasileños…

–¿Mis héroes de ficción?

El Principito (y también su amigo, el Zorro)…

–¿Mis heroínas favoritas de ficción?

En El vino del estío de Ray Bradbury, Helen Loomis, la anciana de más de noventa años que ama al joven Bill Forrester.

–¿Mis compositores preferidos?

Los Beatles. Los de la nueva canción.

–¿Mis pintores predilectos?

Van Gogh… Oswaldo Guayasamín…

–¿Mis heroínas históricas?

Haydée Santamaría y las Haydée que mañana serán historia.

–¿Mis nombres preferidos?

Han ido cambiando. Los de mis padres: Marcela, Francisco.

–¿Lo qué más detesto?

La cobardía. El miedo (no digo el temor).

–¿Qué caracteres históricos desprecio más?

Los invasores.

–¿Qué reforma admiro más?

La que es posible dentro de cada quien cuando todo parece irreversible.

–¿Qué dones naturales quisiera tener?

Hubiera deseado poder cantar como los dioses. No ha sido, no es, y digo “cuento”, y ya no me falta.

–¿Cómo me gustaría morir?

Sin darme cuenta. De improviso. Aún respetándome. Con la razón y el corazón enteros.

–¿Estado presente de mi espíritu?

Optimista. Creador. Deslumbrado porque la vida es siempre vida y no muere.

–¿Hechos que me inspiran más indulgencia?

Los que aún errados nacieron del amor hacia otro ser humano.

–¿Mi lema?

Uno de ellos: El amor es canción para estar vivos, desprendida ternura, rompeolas.
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* PROUST, Cuestionario. Diario El Porvenir, Monterrey, México, 10 de agosto de 1987. En su primera versión. El Cuestionario se respondió por escrito. Las respuestas han sido actualizadas. Esta entrevista fue recientemente reproducida por Cualli / Lectura y Educación (México).
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