jueves, 25 de febrero de 2010

1988 A 2005. COLLAGE DE RESPUESTAS DE FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES A ENTREVISTAS REALIZADAS POR EL MUNDO.

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ENTRETEJIDO DE RESPUESTAS
ORALIDAD NARRADORA ARTÍSTICA ESCÉNICA


–Los cuentos se acercaron...

Los cuentos hacen sus propios caminos. Los cuentos se acercaron a mí desde la infancia porque mi madre me contaba, y porque escuché a cuenteros campesinos y urbanos. Una de las hermanas de mi padre se había casado he ido a vivir al campo y mis padres y yo íbamos con frecuencia desde la ciudad de Camagüey a pasar los fines de semana a la finca en la que residía con su esposo y la madre de éste. Allí en las noches, después de cenar, se acercaban a la casona familiar los trabajadores y jornaleros, y todos nos sentábamos cerca del fuego de leña de la cocina. Era el momento para contar historias de aparecidos, de humor, de yo mentiroso, para compartir anécdotas y para comentar noticias y sucedidos.

De los cuenteros urbanos marginales que pasaban en Camagüey por nuestra casa, construida en el Siglo XVIII y poseedora de sus propias historias de tesoros enterrados y aparecidos, uno en especial llegaba siempre cuando mi padre y yo íbamos a salir para ir juntos al cine; era un cuentero mentiroso y su aparición era inoportuna y oportuna. Oportuna cuando lograba atraparme, hechizarme con alguno de sus cuentos, y yo olvidaba que llegaríamos tarde a ver la película elegida. Mi padre siempre lo escuchaba con respeto e interés por delirantes que fuera el yo mentiroso de su amigo. Mi padre era de origen campesino y en el campo se solían llenar las horas de la noche con conversaciones y relatos, con narraciones y con ocurrencias.

Como la oralidad es el camino a la lectura, muy pronto quise leer, desaforadamente. También temprano comencé a escribir, ya al final de la primaria. Y en esos años empecé a contar oralmente a mis condiscípulos. Yo estudiaba en un colegio privado reconocido y con una disciplina muy estructurada. Era uno episcopal y de procedencia norteamericana, muy austero y dirigido por el Cónsul norteamericano en Camagüey. Había que asistir a culto protestante tres días a la semana antes de entrar a clase y en sexto grado aprobar la asignatura de Religión (en la que se estudiaba la Biblia protestante). No había mucho tiempo para juegos imaginativos, por lo que cuando por alguna razón los de mi aula salíamos más temprano, mientras unos esperábamos la salida del ómnibus escolar que llevaría a los provenientes de todas las clases y otros decidían regresar a sus casas, nos sentábamos en el suelo de un solar yermo cercano y yo les contaba los cuentos que me habían contado oralmente, los que había leído y, mucho, los argumentos de las películas vistas en el cine con mi padre. Eran los tiempos de quinto y sexto grado. Después, en la adolescencia y la juventud contaba anécdotas personales dentro de conversaciones escénicas vinculadas al teatro y a recitales de poesía. Al cuento oral lo recuperé a los veintisiete años en La Peña de Los Juglares, en La Habana de mitad de los setenta. Fue, en la primera contada, el descubrimiento de que, antes que un arte, es un proceso de comunicación. Y de que los cuentos orales no son cualquier proceso de comunicación sino uno que está en el centro fundamental, con una brillantez que va iluminando desde los espacios exteriores hasta develar los espacios interiores humanos más secretos.
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–He leído... he hablado a fondo...

En mi infancia leía de todo. Ninguna lectura daña si quien lee sabe leer. Éramos muy pobres y no tenía libros. Leía cualquier cosa, sobre todo revistas. Hacia los once años descubrí dos bibliotecas públicas, y más que eso a dos bibliotecarias, Alicia y Josefa, que resultaron esenciales en mi formación como lector tanto por su amor por los libros y por su trabajo como por sus conocimientos y orientaciones. Y a esa edad me leí todo lo que encontré del teatro de Shakespeare, que me influyó. Al final de la niñez y en la adolescencia, también leí mucha narrativa norteamericana, así como desde pequeño vi mucho cine norteamericano. Des-pués leí a los clásicos españoles. Fueron fundamentales dos profesoras de Literatura, Francisca Fonseca en el Instituto Preuniversitario de Camagüey, y Aida López en el Instituto Pedagógico “Enrique José Varona” en La Habana, y, además, determinante para mi vocación de extender la cultura la importancia que ellas le otorgaban a los juglares y a su arte, los libros que me prestaron al respecto, los que consideraban joyas. Muy pronto descubrí la extraordinaria literatura cubana y la latinoamericana. Y poco a poco a los clásicos universales y a la literatura contemporánea mundial. Todo entre el final de la niñez y el de la juventud.

He leído innumerables testimonios de las tradiciones orales y libros de la literatura de numerosos países de todos los continentes, los libros me abrieron, ya desde la niñez y desde una capital de provincia, los paisajes interiores y exteriores del mundo, y me hermanaron con el viaje que ha hecho por siglos la sensibilidad humana y la inteligencia humana. Siempre he leído libros no sólo de muy variadas procedencias y épocas, cada vez con el acento en lo más contemporáneo, sino también libros de géneros muy diferentes, unos de ficción, otros periodísticos y otros teóricos, y dentro de la ficción mucha poesía, teatro, narrativa. He estudiado mucho en los libros y me he divertido mucho, con un goce intenso y cada vez renovado.

La literatura es, después de la oralidad narradora y la radio expresiva, una de las ape-laciones más poderosas al imaginario de otro ser humano, el lector. Lo digo y lo reiteraré. Y, en especial, he escuchado, he hablado con muchísima gente. Lo he hecho en cuanto país me ha sido posible. A fondo.

–No deseo eludir la definición...

Los periodistas y los críticos me definen continuamente en términos profesionales. Son definiciones muy elogiosas, y siempre me siento honrado. Cada vez más ellos hablan también del ser humano. Y eso lo agradezco más, porque si algo soy es un ser humano en continuo esfuerzo y acción por ser mejor y más útil. Por vivir desde una ética y en consonancia con mi manera de entender el mundo. Por comunicarme. Por influir y mucho por ser influido. Pero no deseo eludir la definición en términos profesionales: Soy un artista, un creador literario y escénico. Una suerte de juglar ilustrado, porque tengo, desde hace mucho y en activo, varias profesiones que interrelaciono: escritor, periodista, comunicólogo, director teatral, investigador, narrador oral escénico… Y enseño. Y continuamente estudio y aprendo. No he dejado nada detrás, todo está conmigo.

Soy un hombre que como los juglares interrelaciona profesiones para comunicarse. He tenido una vida igual de itinerante… He publicado unos treinta libros en varios géneros. Y dirigido por casi veinte años Departamentos o Gabinetes Internacionales de Propaganda y revistas especializadas. En realidad hasta hoy. He dirigido teatro en diversos países. Para poder renovar el antiguo arte de contar oralmente necesité de todas mis profesiones y del estudio de otras, necesité ver este arte de una manera nueva, he explicado: necesité verlo desde las ciencias de la comunicación de masas, insertando a la narración oral en la oralidad como categoría, y como categoría, no artística, sino comunicadora (que por excepción tiene una rama artística, la oralidad artística a la cual pertenecen la narración oral artística, la poesía oral...); y verlo desde una oralidad vista desde la oralidad y no desde la escritura. Necesité diferenciar este arte del teatro.

Y necesité darme cuenta de que nuestro planeta tenía el cuentero o conversador familiar (una figura que en nuestras sociedades perdía influencia y espacios, una figura no artística); y que artísticamente tenía: en las sociedades de oralidad primaria el cuentero de la tribu (cuentero propiamente dicho y contador de historias o cronista oral); y viniendo desde las sociedades de escritura: nuestro planeta tenía el contador de cuentos para/con niños de la corriente escandinava. Pero que no teníamos un narrador oral profesional.

Un narrador oral escénico es un profesional que no existía antes de 1975, capaz de contar, desde muy diversas fuentes, y siempre desde la reinvención y la invención, con cualquier público y en cualquier circunstancia y sitio, y desde una formulación conceptual, técnica, entrenamiento, práctica y maestría oral escénicos.

Un profesional que nuestras sociedades necesitan como necesitan del actor y del escritor, por citar dos; y añadiría: como necesitamos en otro orden del ingeniero o del economista. O más si pensamos donde está su génesis, de quién y de qué es heredero el narrador oral escénico, y cuáles son, o debieran ser, sus capacidades y responsabilidades. Se trata de ser la dimensión contemporánea del chamán milenario.

–Nuestro trabajo es reconocido y respetado por muchos, por quienes importan.

Hay que tener en cuenta que cuando, a fines del siglo XIX y principios del XX, surgieron los contadores de cuentos para/con niños de la corriente escandinava (cuyos principales teóricos son norteamericanos e ingleses), si bien su aparición fue en determinados aspectos un avance importante de la oralidad que narra artísticamente, entre otros graves errores, además del error de excluir al adulto (y al joven y al anciano) como público específico y el de circunscribir la teoría y la práctica del arte de contar oralmente al universo de la infancia (donde, por supuesto, la narración oral es urgente e indispensable); entre otros graves errores se cometió el de circunscribir la formación de los narradores orales a cursos muy breves que no proseguían con otros permanentes y otros de especialización. Se circunscribió el acceso a la formación en este arte, a los maestros, bibliotecarios y escritores para niños. Se circunscribió la práctica de este arte a los espacios no escénicos de las bibliotecas y de las aulas; se dijo teóricamente que se tomaba como prototipo al cuentero de la tribu, pero en la práctica se tomó como prototipo al cuentero familiar; y se denominó a este arte: el arte de la palabra, y, no, el arte de la palabra, la voz y el gesto vivos.

En 1989 en España, a mi llegada existían los maravillosos cuenteros familiares, los excepcionales cuenteros comunitarios en los pueblos, los contadores para/con niños de la corriente escandinava sobre todo en las escuelas y bibliotecas, pero no existía un narrador oral escénico. Y lo cierto es que lo en realidad importante a nivel contemporáneo que pasa hoy en España (y en enorme medida en Occidente) en cuanto a la oralidad artística es deudor de nuestro trabajo, de la labor de la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica.

Algunos, de país en país, han intentado sin éxito ignorarnos y otros desvirtuar la historia, negarnos o minimizarnos, decir que decimos lo que no decimos o hacemos lo que no hacemos, pero no lo han logrado con éxito, y, además, ésta es siempre una pelea que pierden quienes falsean porque después llegan los investigadores del futuro, sin intereses creados, y revelan la verdad. En nuestro caso, por fortuna, la verdad está ya revelada en lo fundamental, porque nuestro trabajo desde 1975 ha sido no sólo, como dicen los periodistas, descomunal y valioso, uno fundador, sino que está muy documentado y difundido en lo internacional. No obstante hasta ocurre que los depredadores (esos que, por ejemplo, intentan dar nuestro propio taller con otro nombre; esos que no tienen investigaciones propias, y menos teorías propias, y que buscan el marco de instituciones desinformadas o a ratos irresponsables; esos que conocieron de la oralidad artística escénica por asistir a nuestros talleres, muchas veces gracias a nuestra generosidad), nos desaparecen de sus currículos, y llegan a decir que fueron anteriores o que se formaron solos (cuando antes dijeron y/o escribieron y/o publicaron lo contrario) entre tanto y más; sin recordar que llenaron con su puño y letra nuestra ficha de inscripción a talleres, y que ese original o una de sus dos fotocopias están en archivos de tres países, así como están sus cartas de agradecimiento a nosotros o las primeras documentaciones que nos remitían todavía no falseadas. Es penoso humanamente, penosos sus resultados y penoso como se faltan el respeto a sí mismos y cómo hacen el ridículo con estas actitudes tan negativas. Lo mejor es que no pueden huir todo el tiempo de su conciencia. Ni de la certeza de los tantos testigos y testimonios de lo cierto. Ni de que nuestro trabajo es reconocido y respetado por muchos, por quienes sí importan.

–La narración oral es anterior al teatro.

La oralidad, insisto, no es simplemente hablar en voz alta, verbalizar y vocalizar, no es simplemente lo expresivo. En España había actores que contaban desde las representaciones teatrales de determinadas obras dramatúrgicas; y actores que contaban desde textos narrativos, teatralizando esos cuentos; pero ellos y sus acciones no pertenecen a lo oral, sino a lo teatral. La narración oral es anterior al teatro. Y el cuentero de la tribu es anterior al actor. Aunque el narrador oral y el actor usan los mismos recursos expresivos esenciales: palabra, voz y cuerpo; los procesos, los modos, los resultados, entre otros, son absolutamente distintos.

Entre otras diferencias: el teatro es acción, la narración oral es evocación y sugerencia; el teatro es representación, la narración oral es presentación: el teatro es para el público, lo convoca como espectador, la narración oral es con el público, lo convoca como interlocutor; el actor suele caracterizar personajes y construir físicamente las imágenes esenciales; el narrador oral es siempre el propio narrador y sugiere todos los personajes y todas las imágenes de lo que cuenta; el actor fija lo verbal, lo vocal y lo corporal, fija sus hallazgos, el narrador oral reinventa cada vez; el espacio y el tiempo del actor son los de la obra y no así necesariamente los del público, el narrador oral comparte con el público un mismo tiempo y un mismo espacio: el de la cocreación del cuento...

El teatro, en tanto que arte escénico o arte del espectáculo, es un arte espacial y temporal a la vez, y la representación teatral ocurre y se percibe en el espacio y en el tiempo por ser acción en movimiento. Recordar que las artes espaciales por excelencia son las bellas artes o artes plásticas, mientras que las artes temporales, entre otras, son la literatura y la música.

La narración oral escénica, en tanto que arte de la oralidad, es fundamentalmente temporal, porque aunque el narrador está en un espacio y utiliza sobre escenario sus recursos tanto verbales y vocales como corporales, y, en ese sentido por tanto, la narración oral es también como espectáculo un arte espacial y temporal; lo verdaderamente definitorio al contar oralmente, es lo que se comparte; lo determinante es el cuento o historia, un argumento que sólo está en el tiempo, un tiempo que es sobre todo el tiempo de la imaginación, el tiempo de una acción evocada, sugerida, una acción presentada o narrada oralmente en suma, y nunca representada si de oralidad que narra se trata. El desconocimiento de la oralidad hace que hasta hoy muchos de los teóricos del espectáculo o de la escena expresiva no adviertan esta diferencia, ni adviertan como lo temporal es lo esencial en la oralidad narradora artística, ni adviertan como la narración oral artística es y no es un espectáculo. Del mismo modo que el desconocimiento de muchos de los teóricos del espectáculo de lo que es, científica y técnicamente hablando, la comunicación, les impide advertir la categórica diferencia entre las artes expresivas y las artes comunicadoras (que son las de la oralidad). Si, por ejemplo, en el teatro como representación (no en la literatura dramática) la creación y la expresión son y no son simultáneas (lo son del resultado, pero no del proceso, porque el proceso creador en el teatro comienza antes de la representación y suele ser fijado para la representación); en la narración oral artística, la creación y la comunicación son simultáneas (porque el proceso del narrador oral es un proceso abierto que sólo culmina en la interacción con un público interlocutor, interacción donde sigue siendo proceso más que resultado).

–¿Y Redoblante?

¿Y Redoblante? Redoblante es un personaje de la escena, un juglar que, como todos los de su especie, integra saberes y artes, por lo que tiene diversas vías expresivas, o expresivo comunicadoras, para expresarse o para interaccionar con el público. El hilo conductor más importante, en las siete obras que le he escrito, es su conversación, una conversación escénica con el público como interlocutor. Tomé muy en cuenta al escribir los textos que en la conversación interpersonal desde siempre suele haber elementos de narración, y que el antecedente más directo de la narración oral artística es justamente la conversación. Luego hay dos momentos en la mayoría de las obras de la serie de, o con, Redoblante; uno en que Redoblante cuenta oralmente un cuento, utilizando las técnicas de la narración oral escénica, y otro en que el personaje de Redoblante teatraliza un cuento utilizando las técnicas del teatro. Esta teatralización tiene también en las obras de Redoblante un hilo conductor que es una combinación entre conversación escénica y narración oral escénica.
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Redoblante es por tanto un personaje en que la oralidad escénica en dos grandes momentos de su estructura está presente como el arte que es, y, a la vez, cuando se está haciendo teatro en estas obras, lo oral que narra continuamente irrumpe a lo representacional teatral. El actor (o la actriz, como ha ocurrido en Venezuela, por ejemplo) que asuma a Redoblante tendrá que ser un juglar, sentirse juglar en su vida artística y oral artística, en sus proyecciones más personales; porque no se trata, como en el teatro convencional, sólo de la caracterización de un personaje. El personaje de Redoblante es uno de los puentes que me planteé para expe-rimentar tanto dentro de la narración oral escénica como dentro del teatro, y sobre todo en relación con la primera. He considerado que en toda la primera etapa de estructuración, difusión, formación y extensión de la narración oral escénica como movimiento continental entendido como oral escénico y posible comunicación alternativa ha sido más imprescindible, en los cursos y talleres, dar las maneras en que se manifiesta la narración oral escénica en sus formas más puras, más inherentes a la profesión misma, más ortodoxas (aunque pensando siempre llegar a algo que ha caracterizado mi quehacer que es la experimentación). Desde hace muchos años, desde muy joven, desde 1966, elegí como vía de comunicación y de crecimiento el experimentar con nuevos contenidos y nuevas formas. Redoblante ha sido, es, una de las rutas por las que vengo a dar satisfacción y continuidad a la perenne necesidad mía de experimentar. En los años ochenta he experimentando junto, por ejemplo a narradores orales mexicanos formados en mis cursos y talleres, y contamos cuentos entre varios narradores, hemos hecho versiones distintas de un mismo cuento en una misma contada, cambiando de categoría, es decir, pasando del humor a lo dramático, o viceversa, o cambiando el argumento, o las dos cosas, entre otras experiencias que están en la base de otra de mis propuestas, una experimental: la narración oral escénica insólita modular.

–Un narrador oral escénico es siempre el narrador…

El que yo decidiera en los años ochenta unir el término “escénica” a la narración oral artística para caracterizar a mi propuesta de una oralidad artística contemporánea no ha tenido, no tiene, el propósito de teatralizar, de desplazar lo oral escénico hacia lo escénico teatral. A nadie se le ocurriría decir, cuando ve hacer pantomima a un mimo, que el mimo está danzando; ni se le ocurriría, si ve danzar a un bailarín, decir que el bailarín está haciendo pantomima; y, sin embargo, la danza y la pantomima son, las dos, artes escénicas que se expresan con los mismos elementos. Sin embargo, si bien un narrador oral escénico y un actor están muchísimo más lejanos entre sí que un mimo y un bailarín, cuando se ve narrar sobre un escenario a un narrador oral escénico, algunos tienden a decir que él está actuando; y es porque el referente más cercano y conocido de lo escénico en nuestras sociedades es el teatro, con el cual la narración oral escénica coincide en los mismos elementos expresivos; los elementos expresivos básicos de un actor y de un narrador oral artístico son la palabra, la voz o modos de decir vocalmente, la mirada, la mímica, el gesto, la postura y el movimiento. Los procesos, las maneras y los resultados son distintos.

Un actor –excepto en montajes de teatro experimental que suelen integrar recursos de otras artes–, si, por ejemplo, va a montar el personaje de Otelo, de Shakespeare, por medio de un proceso de ensayos va a fijar el texto de Shakespeare y, de igual manera, va a fijar lo vocal y las acciones físicas, todo lo que tiene que ver con la corporalidad o no verbalidad del personaje en escena. Un narrador oral escénico va a interiorizar el texto, va a conocer su esqueleto, y lo va a reinventar cada vez que lo cuente; y de igual modo va a improvisar sus modos vocales y sus lenguajes corporales o no verbales. Un actor caracteriza al personaje o personajes que tiene bajo su responsabilidad, mientras que un narrador oral escénico es siempre el narrador y sugiere todos los personajes de la historia. Cuando se narra, no hay “personaje” más importante que el propio narrador oral, que puede manifestarse en escena tal como el ser humano que es.

Así como crea su personaje, el actor crea sobre el escenario imágenes, que en principio son esas imágenes para los sucesos o acciones. El narrador oral escénico no crea imágenes sino que, a través de una verbalidad, vocalidad y corporalidad síntesis, las sugiere para que el público –en una actitud mucho más participativa que la que regularmente se puede dar en el teatro– complete esas imágenes o cree las suyas propias desde su paisaje interior y en un proceso cocreador con el narrador oral. El actor regularmente se relaciona ante todo con su personaje y, salvo que sea un monólogo, su personaje se relaciona con los otros personajes que intervienen en la obra, y el público lo que recibe es ese conjunto de relaciones que se está dando allá en el espacio escénico. El narrador oral escénico trata de compartir el mismo espacio con el público –me refiero más que al espacio físico al espacio del cuento que cuenta oral-mente– y su relación es ante todo con cada una de las personas que han asistido a la contada.

Mien¬tras que casi siempre el actor actúa para el público, el narrador oral escénico narra con el público, y mientras que el actor en términos científicos, en términos de sociología o de comunicación social, establece un ciclo expresivo y/o de información donde el público es físicamente perceptor; el narrador oral escénico establece un ciclo de comunicación donde el público es no sólo perceptor sino participante; es decir, que con sus respuestas verbales, y sobre todo con sus respuestas corporales o no verbales influye en el narrador oral escénico porque está dando respuestas como emisor en medio mismo del proceso oral.

El actor puede, por otra parte, mostrar su maestría al margen de la relación con el público, quizá la palabra no es maestría, el actor puede mostrar la amplitud y dominio de sus facultades expresivas; mientras que el narrador oral escénico debe, en un acto de humildad, condicionar su proceso oral artístico a la comunicación que logre esta¬blecer y a las respuestas que recibe.

No hablemos ya de que el actor suele trabajar con vestuario, escenografía y elemen-tos, y el narrador oral escénico no necesita elemento alguno; pero éstos son detalles menos significativos.

Cuando un actor caracteriza a un personaje, este personaje habla en primera persona verbal. La primera persona es la esencia misma del teatro, mientras que la tercera persona verbal es la esencia misma de la narración oral escénica. Ésa es otra diferencia. Cuando un actor asume la tercera persona está asumiendo elementos narrativos. Cuando un narrador asume la primera persona está asumiendo modos teatrales –o del arte de la conversación escénica si es una anécdota personal–. Como él funciona por una técnica que no le permite crear un personaje, si asume la primera persona verbal pierde credibilidad y, al perderla, todo su trabajo como narrador se desvirtúa, se afecta. Eso es lo peligroso de los textos literarios en primera persona como punto de partida para narrar oral escénicamente... No los textos del yo campesino mentiroso, porque estos textos tienen tal carga de oralidad que siempre está claro que se sugiere la figura del cuentero campesino, que no se está intentando caracterizarlo.

–Cuentero comunitario, juglar, narrador oral escénico…

El cuentero, y me refiero al cuentero popular comunitario, siempre tuvo intuitiva y prácticamente una conciencia y una actitud orales escénicas, e incluso uno puede ver cómo muchos de los cuente¬ros campesinos e indígenas que existen, al contar oral artísticamente, manejan no sólo la historia sino las posibilidades tan variadas y ricas de la voz humana, y de su cuerpo, y de los desplazamientos de su cuerpo en el espacio...

En cierta medida la actitud oral escénica es tomar conciencia de que quien cuenta oralmente está centrando sobre sí la atención del otro o de los otros, y, por tanto, tiene que ser eficaz. La actitud oral escénica es tomar conciencia de que se está efectuando un acto que, si bien es coloquial, se ha dimensionado hasta alcanzar una categoría oral artística. El que habla siempre centra, o debiera centrar la atención de quien escucha, en lo oral artístico de lo que se trata es de qué conciencia, de qué propósitos se tienen y cómo se utilizan. Porque cuando el narrador oral al modo escandinavo en su práctica toma como prototipo no a la figura del cuentero comunitario, sino a la figura del cuentero familiar, reduce sus posibilidades orales escénicas y va a apoyarse más en la palabra, y en su verbalidad, que en la búsqueda de un equilibrio entre lo verbal vocal y lo corporal. Por eso, por ejemplo, el narrador familiar o el narrador oral al modo escandinavo suelen contar sentados, al menos hasta la llegada de mi novedosa propuesta en 1975 y hasta las influencias del desarrollo de lo que he ido construyendo. Ellos, los narradores orales artísticos al modo escandinavo quizás intuyeron, y hasta quizás dijeron, que es un arte, pero no lo asumieron como arte en todas sus dimensiones y en todos sus compromisos. La narración oral escénica se propuso retomar como modelo de origen al cuentero popular comunitario, teniendo una mayor conciencia no solamente de lo que se dice sino del cómo se dice tanto en lo verbal como en lo vocal y corporal, y de las necesidades del acto oral de narrar como espectáculo oral escénico construyendo paso a paso a un narrador de nuevo tipo, al artista oral de las sociedades contemporáneas: el narrador oral escénico.

No olvidar que en todo acto de narración oral, desde el que puede asomar tímidamente en la conversación hasta la narración oral escénica, hay, entre otros, dos componentes: el de intimidad y el de espectacularidad. La oralidad narradora escénica es la que asume la espectacularidad con conciencia de su existencia y de su importancia, y es la que dimensiona en cada ocasión esa espectacularidad hasta donde es posible, sin que en ninguno de los casos la intimidad pueda desaparecer del todo.

Donde los narradores orales de la corriente escandinava dicen, o dijeron, que la narración oral es un arte, yo digo que es, que puede ser, un arte oral escénico. Donde ellos se proponen contar para/con los niños, y cuando más con los adolescentes para instaurar “La Hora del Cuento” en las bibliotecas y en las aulas, yo me propongo volver a la práctica del cuentero comunitario, dimensionándola contemporáneamente por la vía de lo oral escénico, y contar con todos los públicos y en todos los espacios posibles y desde todas las fuentes.

Cuando los narradores orales de la corriente escandinava dicen, o dijeron en su teoría, que su prototipo es el cuentero comunitario y el juglar, pero en su práctica asumen el cuentero familiar, limitan las posibilidades de este arte. Yo, por el contrario, asumo como prototipo teórico pero también como prototipo práctico de origen al cuentero popular y al juglar con un objetivo expreso de contemporaneidad oral escénica.

Donde los narradores orales de la corriente escandinava dicen, o dijeron, formar narradores orales entre maestros, bibliotecarios, y algún que otro escritor para niños, yo me propuse formar narradores orales entre personas de los más diversos oficios y profesiones.

Donde los narradores orales de la corriente escandinava dicen, o dijeron, entender la narración oral como el arte de la palabra y priorizaron lo verbal, yo he entendido la narración oral como un hecho oral escénico, y voy siempre a la búsqueda de un equilibrio entre lo verbal, lo vocal y lo no verbal.

Donde los narradores orales de la corriente escandinava dicen, o dijeron, que es un arte en sí, pero en su práctica lo han condicionado y condicionan mayoritariamente a la promoción de la lectura o de la educación desde una concepción utilitaria inadmisible, a mí me interesa como arte y arte oral escénico y no en función de otras disciplinas (aunque pueda después ser útil a la promoción de la lectura, la difusión del libro o la motivación de una materia docente y esto resulte relevante, necesario…). A mí me interesa extender este arte de la oralidad narradora artística escénica, entenderlo y que se entienda.

Uno no va al teatro para luego leerse a Shakespeare o conocer la época en que Shakespeare escribía; la función principal de que un cuento sea contado oralmente no es ni enseñar vocabulario, ni ninguna de estas cosas...

Los narradores orales de la corriente escandinava no se dieron cuenta de las relaciones tan hondas que hay entre la narración oral y la conversación, y entre narración oral y propaganda directa, y no se dieron cuenta de que el cuento tiene la misma fuerza que el discurso de un orador político con su público, sólo que en el cuento esta fuerza se da por una vía oral artística, oral escénica.

De cualquier manera, el trabajo de los narradores orales escandinavos es muy encomiable. Y es muy posible que estemos hablando de narración oral artística porque ellos instrumentaron una metodología sobre la base del estudio de las prácticas de los cuenteros de las diferentes culturas, de las diferentes épocas.

Conmigo ocurre que como vengo de los caminos del teatro, el periodismo y la comunicación social, y no sólo de los caminos de la literatura o de la educación, cuando me enfrento a los textos de la metodología escandinava no puedo plantearme el problema en los mismos términos en que ellos se lo plantearon o en que se lo plantean sus seguidores actuales (ya muy influidos por mí pero sin comprender lo esencial); porque cuando me enfrento a los textos de la metodología escandinava ya tengo estudios dentro de otras áreas, y una práctica escénica y pe¬riodística, y mucha práctica e investigación dentro de la propaganda.

Predominantemente lo otro que se ha hecho en estos años a partir del impulso de la narración oral artística escénica, y de sus innumerables presencias, aportes y éxitos, aunque siga inscrito dentro de la corriente escandinava, ha sido posibilitado en mucho por nuestras acciones y logros, por nuestro influir. Es conocida mi capacidad en lo teórico y lo técnico, en lo creador, el afán fundador en cuanto a cursos y eventos orales artísticos, docentes, teóricos, entre mucho más. Tener en cuenta que hasta la fecha he dado cientos y cientos de talleres en una buena cantidad de países, algunos claves, y que han pasado miles y miles de personas no sólo de esos países sino de otras nacionalidades, norteamericanos y europeos, asiáticos, africanos o de los países de Oceanía. Y es que muchos de los talleres los he dado en festivales internacionales de teatro, o en centros universitarios don¬de acuden personas de otros países a realizar investigaciones, estudios o cursos de postgrado, y que, cuando me enfrento en profundidad a la narración oral artística, ya he escrito y en buena medida he publicado unos diez libros de investigación teatral. Es decir, hay cosas que no se pueden dar si no se tienen atrás muchos años de estudio y muchos años de práctica. Son un resultado. Porque todo estos son procesos que no es posible improvisar de un día para otro, que son el fruto de mucho tiempo y donde uno a la vez se ha enriquecido de lo que mucha gente le ha dejado. He aprendido muchísimo al dar los cursos y talleres en estos años, he aprendido de tantos. Porque los talleres son también un proceso de interacción, absolutamente bidireccional.

Éste es un arte unipersonal en cuando a la figura del narrador oral artístico. La propuesta de los grupos actuales (cuando menos con las características con las que los propuse de inicio en América) es básicamente mía a partir de la experiencia de La Peña de Los Juglares. Y si bien en esto jugó un papel la visión más colectiva que tengo de todo, de inicio respondió primordialmente a la necesidad. Yo nunca sabía cuándo podría regresar a cada país donde fundaba la narración oral artística vista desde lo (oral) escénico por lo que si quedaban grupos la continuidad tenía mayores posibilidades. Algo que La Peña entregó y entrega es la importancia que nosotros le damos a la conversación escénica como otro arte de la oralidad oral, diferente, aunque cercano, a la narración oral artística. Y la relevancia que le conferimos en sí y respecto a los espectáculos de narración oral escénica donde debe ser el hilo conductor entre cuento y cuento, así como el arte que presenta el espectáculo todo. Y también la significación que le conferimos en La Peña para interrelacionar a varias expresiones artísticas. Hay una conversación cotidiana, más común, menos elaborada, más intuitiva, más impulsiva, y otra conversación que se dimensiona escénicamente hasta alcanzar la categoría de modo de comunicación artístico, de belleza e imaginación. Y pienso que cuando eso último se logra es ya una forma oral artística, un modo oral artístico más, y distinto por su capacidad de creación, la excelencia en las formas, la originalidad, la fluidez, el nivel de sugerencia...

Otra conclusión a la que he arribado es la de la triple visualización del narrador oral artístico. Desde hace muchos años digo en los talleres que el acto de narrar oral escénicamente implica tener la posibilidad de visualizar internamente el cuento, visualizar al público, y visualizarse a uno mismo mientras narra. Mientras uno está contando un cuento, estas visualizacio-nes se están alternando a un ritmo de segundos.

Estoy tan interesado en investigar como en extender, y extender obviamente lleva mucho tiempo, porque son muchas horas físicas dando talleres, ensayando para presentar espectáculos unipersonales, dando funciones, asistiendo a las contadas de los grupos o de las Compañías… y dirigiendo espectáculos unipersonales porque estoy convencido de que hay que fortalecer este arte a través del fortalecimiento de las individualidades artísticas, y que los narradores orales escénicos tienen que aspirar al máximo posible de maestría oral artística escénica siempre, por supuesto, en la comunión con su público, y no al margen de éste; pero que deben de trazarse metas, como, por ejemplo, ser capaces de hacer un espectáculo unipersonal de narración oral escénica durante una hora y lograr la aceptación del público y de la crítica, y poder hacerlo ante un público reducido y también ante cientos e incluso miles de personas, y poder hacerlo en un parque, pero también en el más importante de los teatros.
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Ha sido evidente cuando he hecho teatro y no narración oral escénica, que a mí como director teatral me interesa hacer un teatro que parte del actor y ante todo del actor, aunque no con el sentido místico grotowskiano. De allí en buena medida mi obsesión por los monólogos teatrales, por los soliloquios, por las obras de monoteatro sin palabras. Mi obsesión por mostrar y volver a mostrar durante años como un único actor o actriz con un buen texto pueden ser suficientes en el teatro. Respecto a la narración oral escénica sé que tiene la responsabilidad en este momento de demostrar que puede bastarse a sí misma; es decir, que es capaz de expresarse y de alcanzar las más altas cumbres tanto en perfección como en comunicación, sin necesidad de ir a la interrelación con otras artes, a la que yo por supuesto no estoy negado porque desde siempre la interrelación de las artes ha sido una posibilidad válida en lo artístico y por demás necesaria, y ha tenido que ver muchísimo con algo que para mí es vital, con la experimentación; sólo que en este momento la narración oral escénica primero tiene que construir una imagen pública propia y tiene que demostrar que tiene una personalidad propia.

Estoy pensando –quizá no exclusivamente– en que además de arte oral en sí, que es lo primero y esencial, la narración oral escénica, entre sus resultados, puede ser una comunicación alternativa a determinados medios de expresión y difusión masiva, y alternativa frente a una cultura en muchos casos manipulada y alienada, tanto que, a diferencia de otras manifestaciones culturales, la narración oral artística no necesita de producción, es decir, el narrador oral necesita de mucha intuición, talento, cultura, sensibilidad, expresividad, lucidez y demás, pero él se basta a sí mismo para establecer la relación con su público en cualquier sitio. Y esto es una gran ventaja, mucho más en países deteriorados económicamente. Siempre he visto la narración oral como una acción solidaria y como una acción en pro del mejoramiento humano, y pienso que depende de la voluntad, del talento y de la elección del narrador oral escénico poder inscribirse en estos propósitos, que, caso de él desearlo, nada lo puede detener, porque no es como el cineasta que necesita una costosísima cámara de cine, sonido e iluminación y tantas otras cosas.

La idea de un movimiento continental en América Latina y el Caribe fue un sueño mío, para llegar a uno iberoamericano, al actual Movimiento Iberoamericano de Narración Oral Escénica, y lo he expresado en un discurso, que de hecho nuestro Movimiento es la expresión de los sueños que deben haber estado en muchas personas quizá no en términos de narración oral escénica, pero si en la búsqueda de una mayor y más honda comunicación humana. Cuando me propuse formar un movimiento continental de narración oral artística sabía que muchas de las personas que irían a los talleres no necesariamente se iban a dedicar de modo profesional e incluso aficionado a la narración oral como arte y como labor sistemática. Pero los talleres tenían varios propósitos: por una parte formar nuevos narradores orales escénicos, como individualidades unos, en grupos, otros; por otra, darles a profesionales de muy diversas esferas la narración oral y la narración oral artística como un instrumento que podían in-tegrar a su trabajo habitual; por otra, influir sobre los narradores orales de la corriente escandinava e incluso de alguna manera estimularlos porque en general muchos de ellos ya no contaban durante “La Hora del Cuento” sino que leían; por otra, los talleres también tenían el propósito, y en gran medida lo han logrado, de que la cultura oficial de cada país volviera su mirada hacia la figura del cuentero popular comunitario e incluso del cuentero familiar, y otro propósito ha sido el de formar un público que frente al acto de narrar oral escénicamente sepa de qué se trata y a la vez pueda orientar a otras personas que asistan y que no han pasado talleres... Todo esto ya está ocurriendo en el mundo. He tratado, trato de ser útil. Ser útil es una acción de solidaridad.

–“Narración” es un término...

“Narración” es un término genérico. Si digo “narrar” o “contar”, si hablo de “narración”, a secas, puedo estarme refiriendo a narrar oralmente o no, puesto que una obra teatral narra desde la ficción o desde el testimonio unos sucesos; y, además, el actor, como tal, narra un cuento teatralmente, no lo narra desde la oralidad.

O si hablo sólo de “narración” puedo estarme refiriendo a la danza o a la pantomima que pueden narrar sucesos; o estarme refiriendo al cine de ficción, o a la televisión o a la radio que, al dramatizar, narran; o estarme refiriendo a la literatura, porque el cuento literario y la novela lo que hacen es narrar.
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Y porque “narración oral”, a secas, también es un término genérico, ya referido en específico a la oralidad que narra.

Si digo “narración oral” puedo estarme refiriendo al proceso no artístico que se da dentro de las conversaciones cotidianas o interpersonales cuando cualquiera narra oralmente algo que ha vivido, o que le han narrado (bien física y directamente otra persona o personas, o bien por intermedio de la literatura, de las artes, del periodismo), o algo que ha presenciado y le ha impresionado, o algo que ha soñado o que ha imaginado.

O si digo “narración oral” puedo estarme refiriendo a procesos orales artísticos.

La antropología más contemporánea ha clasificado a las sociedades con relación a la oralidad en; sociedades de oralidad primaria (oralidad absoluta o predominante), sociedades de escritura, y sociedades de oralidad secundaria (escritura y de medios audiovisuales). Estos tres tipos de sociedades han ido surgiendo en la medida en que el desarrollo humano lo ha posibilitado, pero en la actualidad coexisten sobre nuestro planeta.

He explicado que cada una de estas sociedades tiene un prototipo artístico de narración oral y de narrador oral. Así que si digo “narración oral” también podría estarme refiriendo a la narración oral artística.

¿Por qué “narración oral escénica”?

También porque si hablo sólo de “narración oral artística”, ésta es una denominación genérica, aunque más específica que la de “narración” o la de “narración oral”. Si hablo sólo de “narración oral artística” puedo estarme refiriendo a la práctica del cuentero de la tribu o comunitario en las sociedades de oralidad primaria o en las comunidades o sectores sociales donde la oralidad primaria, si bien ya no es absoluta, tiene fuerza. O puedo estarme refiriendo a la práctica del contador de cuentos para/con niños de la corriente escandinava en las sociedades de escritura, figura que ha llegado hasta estas sociedades nuestras. Y, por supuesto, si hablo de “narración oral artística” a lo que puedo estarme refiriendo es al narrador oral escénico, al prototipo de narrador oral contemporáneo que he propuesto y formado para nuestras sociedades de oralidad secundaria.

Yo ahora, con el paso de los años, preferiría hablar de una oralidad que narra escénicamente; para decirlo mejor y completo: “oralidad narradora artística escénica”.

Y, de hecho, siempre que puedo señalo que: primero la oralidad; después precisar que esa oralidad es una oralidad que narra o una oralidad narradora; y después precisar aún más, señalar que esa oralidad, que narra, no lo hace dentro de la conversación interpersonal o cotidiana, sino que lo hace como arte.

“Narración oral escénica” porque con este término defino la dimensión contemporánea de un arte que puede estar en cualquier sitio pero que desarrollamos ante todo en los espacios delimitados como escénicos y transformándolos en oral escénicos. Porque así estoy definiendo a una etapa más avanzada de un arte que puede contar con cualquier público, pero que sobre todo tiene que devolver la narración oral artística a los adultos, jóvenes y ancianos (sin olvidar a niños y adolescentes); y tiene que devolvérsela, porque es a esas edades a las que les fue arrebatada. Devolvérsela desde los espacios escénicos que la sociedad más valora artísticamente, porque el arte de narrar oralmente no es menos importante, poderoso, imaginativo y hermoso que el teatro o que la danza o que la pantomima o que la magia, y porque ningún arte debe quedarse detenido en el tiempo.

“Narración oral escénica” para aludir a los escenarios y a la presencia primero oral, pero a la par escénica, del arte de narrar oralmente, desde una reflexión, formulación, teoría, técnica, entrenamiento, práctica y maestría oral escénica; presencia escénica pero no teatral; que desde los recursos de la imagen hablada, de ese ser humano hablando dentro de la oralidad cotidiana con sus palabras, recursos de su voz y lenguajes de su cuerpo, los dimensione artística, oral escénicamente, para poder contar en espacios también enormes con públicos muy numerosos.
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–El por qué la narración oral escénica...

Ya he comenzado a explicar el por qué la narración oral escénica.

Resumiré una vez más, y ampliaré, mucho de lo que ya he precisado.

En 1975, al comenzar a narrar oralmente desde mis recuerdos de la infancia, reitero: una familia donde la oralidad y la oralidad artística estaban vivas, a la que llegaban mentirosos urbanos y que en las idas al campo tenía frecuentes encuentros con cuenteros comunitarios o campesinos. Al comenzar a narrar oralmente también desde mi propia práctica, reitero, de contarles en la infancia a mis condiscípulos lo que leía o había visto en el cine. Y contarles desde mi práctica, ya para 1975 de unos doce años haciéndolo, de relatar anécdotas con el público en mi adolescencia y mi juventud vinculando este quehacer, esta conversación escénica, a la extensión teatral y al decir y leer en voz alta la poesía. Repito, al comenzar a contar oralmente en 1975, y descubrir muy pronto que era ante todo un acto de comunicación…

Y al comenzar a investigar y estudiar acerca de los cuenteros de la tribu y de los contadores de cuentos para/con niños de la corriente escandinava, fui percibiendo que aunque aprendía mucho del trabajo de campo, de la investigación en directo con los cuenteros, y aprendía de los textos que estudiaban las tradiciones y las prácticas de estos artistas; y aunque también aprendía mucho de los textos teóricos de los contadores de cuentos para/con niños; y mucho de los unos y de los otros estaba vigente porque la oralidad es un todo en su desarrollo; fui percibiendo, que producto de mi formación no sólo literaria y docente, sino también periodística y escénica, yo comenzaba a ver la narración oral artística desde otros presupuestos, desde otros puntos de partida, insertándola y relacionándola con otras categorías.

He anotado que comenzaba a ver la narración oral desde, por una parte, su inserción primero en la oralidad cotidiana conversacional y desde las ciencias de la comunicación de masas; desde sus posibilidades sobre los escenarios y desde sus diferencias con el teatro; y desde la necesidad de una formación de varios años para el narrador oral artístico, una que estuviera relacionada con el conocimiento de muy diversas disciplinas. Y que, por otra parte, cada vez más, comenzaba a ver la narración oral artística desde los hallazgos más recientes de la antropología con relación a la oralidad, es decir, desde una oralidad vista desde la propia oralidad y no desde la escritura. Añadir que todo ello con la ventaja de que yo no era solamente antropólogo (o en realidad conocedor de la antropología más contemporánea en cuanto a la oralidad), sino que era narrador oral artístico y comunicólogo, periodista y actor, crítico, dramaturgo y director teatral, escritor y docente con varios años de estudios para maestro primario y para profesor de secundaria, y años de prácticas en estos ámbitos.

Así me di cuenta de que los cuenteros de la tribu contaban oralmente con toda la comunidad, pero especialmente primero con los adultos, jóvenes y ancianos. ¿Y los niños? Los niños estaban allí. Después los cuenteros contaban oralmente en específico con los niños y adolescentes para educar a las nuevas generaciones, pero primero obtenían su alta valoración social dentro de la tribu contando con toda la comunidad, y mucho con los adultos. Y me di cuenta de los muy graves errores, algunos de ellos justificados por ser producto del grado de desarrollo de las sociedades en las que vivían, cometidos por los contadores de cuentos para/con niños de la corriente escandinava. Si bien su proyecto de “La Hora del Cuento" como una hora de narración oral artística cada semana en las salas infantiles de las bibliotecas y en las aulas de educación primaria de todo el mundo, era y es urgente e imprescindible, su exclusión de la comunidad como un todo, y su exclusión sobre todo y como público específico de los adultos y jóvenes del arte de la narración oral, era muy grave y trajo como consecuencia que, por ejemplo, en 1975, cuando comencé a contar oralmente en específico con los adultos (no esencialmente los cuentos de las tradiciones orales sino en mucho los de la literatura contemporánea), no se contaba sistemáticamente con los adultos desde la oralidad y los adultos pensaban que la narración oral tenía que ver únicamente con los niños, y en mejores casos pensaban que también tenía que ver con las tradiciones orales, viéndolas como pasado. Y en muchos casos con lo que los adultos asociaban a la narración oral artística, era sólo con el hacer reír a cualquier precio desde los chistes, unos de doble sentido, muchos de ellos francamente groseros; otros insolidarios, discriminatorios e intrascendentes.
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La narración oral escénica es mi propuesta como dimensión de la oralidad narradora artística contemporánea: como renovación del antiguo arte de contar cuentos y como fundación de un nuevo arte escénico comunicativo, comunicador, que no existía como escena, un arte oral escénico pero no teatral. Y es sobre todo un modo de ser, de ser más humano y de ser más útil. Es un hallazgo y una fundación. Es un proceso en transformación y cre-cimiento, y es un resultado que no deja de ser siempre un proceso. Un arte donde sumo lo aprendido. Y donde y con el que aporto, pero también donde sigo sumando de muchos, y a muchos, y sumando de muchas fuentes.

También la narración oral escénica es un Movimiento que comencé a fundar en 1975, el Movimiento Iberoamericano de este arte. Personas de muchos países, eventos internacionales que convocamos y hemos dirigido o dirigimos establemente sobre escenarios tan prestigiosos como los del Palacio de Bellas Artes de México, el Gran Teatro de La Habana, el Centro Cultural de la Villa de Madrid, el Paraninfo de Filología / Filosofía de la Universidad Compluten-se de Madrid, el Teatro “Calderón de la Barca” de Valladolid, el Teatro Albéitar de la Universi-dad de León, el Gran Teatro Municipal de Santa Fe en Argentina, la Sala Agadú de la Sociedad General de Autores Uruguayos en Montevideo... Eventos, los de la Cátedra, donde participan los narradores orales que hemos ido formando a lo largo de más de treinta años, con cerca de novecientos talleres hasta este 2005, impartidos en once países, y cursados por cerca de cua-renta y cinco mil personas.

–La oralidad es...

La oralidad es una imagen hablada (ser humano que está hablando) que establece un proceso de comunicación con uno o varios interlocutores.

Esta definición es muy poco inocente, porque al referirse a comunicación excluye de la oralidad a todos aquellos procesos que, desde los criterios de las ciencias de la comunicación de masas, no son comunicativos, no responden a los modos vivos y presentes, abiertos y de interacción en el aquí y ahora de la comunicación. Esta definición excluye de la oralidad a todos aquellos procesos, que no son esencialmente comunicativos o comunicadores; que son sólo expresivos, como, entre otros, la declamación y la lectura en voz alta…

Y es que la oralidad no es simplemente un ser humano que está hablando, no es sólo la utilización de las palabras, los recursos de la voz y los lenguajes del cuerpo, sino el proceso dentro del que se utilizan. Es sobre todo el proceso de comunicación, y si alguien únicamente está monologando, o se atiene a un diálogo fijado de antemano, y/o a decir o leer literalmente un texto, no hay oralidad.

El prototipo de toda la oralidad es la conversación interpersonal.

La oralidad es una categoría comunicativa, comunicadora, y no sólo expresiva, entendiendo comunicación desde el contexto y la especialización científica que definen al término; entendiéndolo desde las ciencias de la comunicación de masas, y no por extensión, no en sentido figurado o poético. Así que la narración oral artística, la narración oral como arte, pertenece, a diferencia de las otras artes y la literatura, a una categoría comunicadora, (que incluye lo expresivo) y no a una categoría sólo expresiva. Se trata de la oralidad y sus leyes milenarias.

–El término para definir a un narrador oral es...

Cada vez que me preguntan cuál es el término para definir a un narrador oral con mayor exactitud, subrayo que depende de qué narrador oral estemos hablando.

Si se trata del padre, o de la madre, o de la abuela o del amigo de la familia que cuenta oralmente en la intimidad y sin pretensiones y conocimientos artísticos expresos: estamos ante un cuentero familiar.

Si se trata del cuentero artísticamente intuitivo, que ha trascendido los ámbitos familiares, para contar oralmente con un grupo humano que se convierte en su público; donde los teóricos de la corriente escandinava dicen “cuentero de la tribu”, yo, sin eliminar éste término, prefiero el más amplio de “cuentero comunitario”.

Si se trata del contador de cuentos para (dicen ellos, pero si se trata de oralidad es con) niños de la corriente escandinava (unas veces también artísticamente intuitivo y otras formado muy básica y brevemente), el término correcto es “contador de cuentos de la corriente escandinava”.

El término genérico preciso para todos ellos es “narradores orales”, pero de modo más popular, es correcto el de “contadores de cuentos”.

Si se trata del narrador oral contemporáneo, del que forma la Cátedra a lo largo de años, desde un concepto de educación permanente y partiendo de la formación ética conjuntamente con la estética, estamos ante un narrador oral escénico, y también ante un contador oral escénico de cuentos.

Utilizar y aceptar los términos de “cuentero” (por ejemplo, en Colombia) o “cuentacuentos” (en Madrid y algunas otras comunidades de España), que en algunos países se han popularizado con relación a los nuevos narradores orales escénicos, es no sólo inexacto porque ellos dentro de la oralidad narradora se refieren a figuras específicas, y no sólo contribuye a profundizar la confusión y el desconocimiento, sino que es, para los narradores orales escénicos, jugar de inicio en desventaja, porque en unos u otros países los términos de “cuentero”, “cuentacuentos”, e incluso el de “cuentista” (que no es de la oralidad, sino de la literatura pues nombra al escritor de cuentos), son utilizados despectivamente para referirse al charlatán, al mentiroso malintencionado (no al yo mentiroso mágico y fantasioso, válido, de la oralidad que narra) o para referirse al que habla incontroladamente por hablar. A nivel popular quizás es mejor “contador de cuentos”.

–Hay un verdadero renacer de los contadores...

Las modas nunca han respondido a lo esencial, ni a lo imprescindible. Por eso desaparecen. Los narradores orales escénicos o contadores escénicos de cuentos no son una moda, son un paso de avance necesario, esencial e imprescindible. Hay un verdadero renacer de los contadores de cuentos. En Madrid, y en otras ciudades de España, la narración oral escénica tiene una presencia cada vez más significativa y un fervoroso público en aumento. Una parte considerable de este público es joven y universitario. Y esto ocurre en el Siglo XXI, y desde los últimos años del Siglo XX, décadas marcadas por, entre otros avances, las conquistas de la informática y su extensión entre muy diversos sectores de nuestras sociedades.

La narración oral escénica es también un avance, tanto porque, como he dicho, es la renovación del antiguo arte de contar oralmente y la fundación de un nuevo arte oral escénico, no teatral, y esencialmente comunicador. Como porque es, ante todo, un avance de la comunicación, la sensibilidad, la belleza y la imaginación más humanas. Una contribución decisiva al mejoramiento humano.

La narración oral escénica es la dimensión contemporánea de un arte que es insustituible. Su presencia en sociedades como la nuestra, que por ser de escritura y medios audiovisuales (llamadas “de oralidad secundaria”), lo que valoran no es la oralidad, sino la escritura y la oralidad de los medios de difusión y expresión masiva; su presencia no es casual porque ha significado ir contracorriente; su presencia responde al quehacer por treinta años hasta el 2005 de nuestra Cátedra.

La Cátedra trajo la narración oral escénica a España en 1989 y desde ese año ha trabajado sistemáticamente en este país donde desde 1995 tiene una de sus sedes estables y la central.

Un arte insustituible, entre otras razones, porque la narración oral es la apelación más poderosa que puede hacerse al imaginario de otro ser humano: Un arte que responde a, e incorpora, las leyes de la oralidad. La narración oral desde siempre, y la narración oral escénica, son oralidad. Y la oralidad es, hay que reiterarlo, la comunicación por excelencia.
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–Muchos me dijeron que fracasaría en España...

Llegué a España, como he señalado, en 1989 invitado oficialmente por dos importantes Festivales de Teatro: el del Sur y, sobre todo, el Iberoamericano de Teatro de Cádiz, para dar cursos que formaran nuevos narradores orales escénicos, y para presentar mi espectáculo de este arte: Los Credos del Amor, que, antes y después, presenté en los Festivales más prestigiosos de Teatro o de las Artes de Iberoamérica, mientras a la par impartía cursos y talleres de distintos niveles dentro de la narración oral escénica.

Muchos españoles me dijeron que fracasaría en España y mucho en Madrid, que era una ciudad dura y escéptica, poco dada a imaginar y a soñar, pero desde el mismo 1989 comencé a dar talleres que se llenaron, ya en 1990 desbordé de público la Sala Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes, y ya en 1991 dirigí, programando a narradores españoles y a otros venidos de América, todos formados por mí, la Primera Muestra Iberoamericana de NOE en el Sala de Columnas del Círculo, repleta de público durante casi una semana. En 1992 los talleres de la Segunda Muestra se dieron en Casa de América y subimos a escenarios como el del Real Coliseo Carlos III de El Escorial.

Fue después de la Segunda Muestra, en 1992, que varios de los participantes de mis Talleres de 1989, 1990 y 1991 (narradores a los que ya había programado en las Muestras Iberoamericanas "Contar con Madrid"), comenzaron a contar en los pubs y, acá, fueron los primeros en irse a este tipo de espacio.

Ya contábamos por excepción en cafés en América, o habíamos contado, en países como México, Venezuela o Colombia desde la década de los ochenta (en Cuba lo hice creo antes, en el Café Concert del Teatro Nacional), o en tabernas con programaciones culturales (y siempre sobre todo en recintos escénicos específicos), se contaba en cafés teatro prestigiosos, reconocidos en los círculos intelectuales (como El Hijo del Cuervo, en México D. F., en 1982, o como el Café Concert del Patio de San Bernardino del CELCIT, en Caracas, a mediados de los ochenta) que son los espacios que existen en Iberoamérica similares a los pubs. Pero es en los teatros y centros culturales donde suele programar, sus funciones, nuestra Cátedra.

Ya he dicho en otras entrevistas, que el que por todas partes emerjan contadores en España, es primero consecuencia de la oralidad como un todo, pero en mucho de tantos años de nuestro trabajo, y de los cientos de talleres y presentaciones de nuestra Cátedra en más de veintiocho provincias españolas desde 1989, de su repercusión e irradiación, y de que este quehacer, tal y como me propuse desde 1975, ha contribuido desde la valoración social de, y el entusiasmo por, los nuevos narradores orales escénicos a comenzar a cambiar en positivo la valoración de la sociedad respecto a la narración oral artística y a la oralidad toda, tanto respecto a la oralidad cotidiana como a los narradores que ya existían y continúan existiendo. Que surjan contadores igual se relaciona con las singularidades de nuestro arte, y con la necesidad social de que el cuento oral esté vigente desde todas las fuentes.

–Las fuentes fundamentales...

Cinco son las fuentes fundamentales: las fuentes literarias, las fuentes tradicionales (las tradiciones orales o memorísticas), la propia vida (en especial las anécdotas personales), las fuentes periodísticas, y las fuentes cinematográficas, televisivas o radiales expresivas.

Los narradores orales escénicos tienen que compartir con su público en cada ocasión y espacio: el aliento, la sensibilidad, las preocupaciones y la crítica de nuestra época.

Y la época, y sus conflictos y sus puntos de vista y sus contradicciones está reflejada sobre todo en las fuentes literarias más recientes, en las fuentes periodísticas, en las fuentes expresivas audiovisuales y en la propia vida del narrador oral.

Aunque las tradiciones orales y memorísticas son parte del legado cultural de la humanidad, un legado valioso que también tiene que seguir siendo contado oralmente. Que tiene que ser parte del repertorio de un narrador oral escénico, parte pero no el todo, ni la porción mayor.
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–Un narrador oral escénico es ante todo...

Todos contamos oralmente dentro de nuestras conversaciones cotidianas. Pero está claro que, en este caso, por admirablemente que se haga, no se trata del arte de contar oralmente. Y también es obvio que no todos en este caso son eficaces, que no todos cuentan oralmente bien dentro de sus conversaciones interpersonales.

La narración oral escénica no es menos compleja y trascendente, no tiene que ver con menos saberes y entrenamientos, con menos disciplinas, que, por ejemplo, el teatro. Y el teatro es una carrera universitaria de varios años de estudio en diferentes países.

Es difícil que viviendo en estas sociedades de escritura y medios audiovisuales (que al no ser de oralidad primaria dejaron de producir naturalmente los cuenteros artísticos), alguien sepa de antemano si realmente tiene la vocación y la pasión necesarias, la capacidad de disciplina, de tesón y de cultura, la sensibilidad, el talento y posibilidad de dimensionar y de adiestrar sus recursos expresivos esenciales como para convertirse en ese artista que comunica y no sólo expresa que es un narrador o narradora (todo el tiempo me refiero también a las narradoras) oral escénico o escénica. Por ello a nuestro Taller Básico de NOE "Cómo Contar un Cuento (o Cuentos) y Conversar Mejor" llegan muy pocos buenos conversadores naturales y muchos silenciosos y tímidos. Los narradores orales escénicos futuros surgen de unos y de otros. Un narrador oral escénico es ante todo un ser humano que necesita ser una buena persona, una, solidaria, y conocerse a sí mismo, si aspira a ser un buen narrador oral. Tiene además que ser no sólo una persona sensible e imaginativa, sino que tiene que ser una persona informada, analítica, creativa, capaz de relacionar.

La CIINOE, no es una Cátedra en el sentido universitario, aunque es la Universidad de la narración oral escénica y a nuestros cursos permanentes en varios países, han asistido, asisten sobre todo universitarios o graduados universitarios, profesionales de muy diversas disciplinas. La Cátedra tiene cuatro líneas de trabajo: la docente (con numerosos cursos propios), la oral artística, la oral artística comunitaria y la teórico investigadora. Y está pensando en una literaria (dado que siempre se ocupó de la literatura y que yo soy ante todo un escritor).

Es una institución irradiadora.

–El ámbito prioritario del narrador oral escénico...

El ámbito prioritario del narrador oral escénico debiera ser en la actualidad como espacio físico el teatro, el recinto o espacio escénico específico. Y en el futuro, el recinto creado para, y dedicado exclusivamente a, lo oral artístico. Pero un narrador oral escénico es un profesional capaz de contar en los más diversos espacios. Y el bar, puede ser, por excepción, un espacio significativo, valioso, uno donde el narrador oral escénico sume experiencias y se desarrolle a la vez que encante al público habitual de los pubs y a nuevos públicos, y se comunique y comulgue con ellos. Y ello será positivo para todos y para la narración oral en general.

En Madrid hay pubs prestigiosos culturalmente. Con una labor sistemática en lo cultural. Y yo mismo he hecho en pubs y similares, por excepción (puesto que donde suelo presentarme es en salas teatrales y en grandes teatros); contadas a las que el público se ha referido como memorables: recuerdo una en la Sala de Fiestas Galileo Galilei en 1989 o 1990.

Ahora bien, de las cinco personalidades que intervienen en todo proceso de oralidad dos cambian determinativamente del recinto escénico (teatro) al bar: la personalidad del lugar físico dónde se está contando y la personalidad de la circunstancia.

El bar está caracterizado, en general en España, como un lugar donde distraerse, ésa es su circunstancia; y asociando distracción a consumo, sobre todo a consumo de bebidas. Y a la conversación interpersonal entre quienes consumen. Pero no a conversaciones profundas, más bien a los temas ocasionales, y en mucho a los burbujeantes. Caracterizar culturalmente a un bar no es fácil.

El bar tiene ruidos o interferencias que dificultan la comunicación: desde los ruidos mismos de una coctelera, los ruidos de la calle cuando se abren sus puertas, de las conversaciones de quienes no fueron a ver un espectáculo, sino a hablar entre sí, de quienes están en la barra y no en las mesas, hasta las interferencias de los camareros al hacer su trabajo (el servicio no siempre es interrumpido mientras se cuenta). El consumo mismo de bebidas y comida por el público es ya una interferencia comunicativa en sí para la narración oral.

El bar tiene casi siempre un escenario muy reducido o no tiene escenario. Ese escenario suele estar decorado con elementos que respecto a la narración oral pueden distraer la atención. Y en muchas ocasiones en el escenario hay instrumentos musicales que dificultan los movimientos. Todo ello debilita muchas veces la presencia, poder y eficacia orales escénicos del narrador oral.

El público que va al bar busca en la narración oral sobre todo el humor, desea que se le divierta. Así que no únicamente cambia la personalidad del lugar, sino que también entre el recinto escénico y el bar cambia la personalidad del público: su disposición, su estado de ánimo, sus expectativas.

La narración oral como cualquier otro arte tiene tanto derecho a lo dramático como a lo humorístico, y en los pubs lo dramático suele poder hacerse por excepción. También por excepción se pueden contar en los pubs cuentos extensos y casi nunca cuentos muy extensos o versiones orales de novelas.

Así que la personalidad del lugar, la personalidad de la circunstancia y la personalidad del público influyen en el caso de los pubs, fuertemente en la conformación del repertorio, en la personalidad de ese repertorio. Y todo ello en la personalidad del narrador oral.

El bar puede ser, no obstante, un espacio de cocreación cercano y cálido. Y allí he trabajado con públicos fervorosos o capaces de alcanzar la devoción necesaria al arte de contar oralmente.

Hay narradores orales escénicos excepcionales contando oralmente en los pubs de Madrid y de Cádiz, por citar dos ciudades, aunque no todos los que cuentan, como en cualquier otro arte, están en la misma etapa de desarrollo, no todos lo hacen con la misma y alta calidad. Y no todos los que cuentan en los pubs cuentan oralmente. Y no todos los que cuentan oralmente son profesionales de lo oral escénico.

–Si me preguntan por los políticos...

Si me preguntan por los políticos, inquiriendo si son buenos cuenteros... No creo que todos los políticos sean personajes negativos. Creo que hay unos y otros políticos. Y nunca utilizo el término de cuentero como se usa a veces: asociándolo a la manipulación y a la mentira malintencionada o negativamente interesada.

Creo sí que los políticos, como la mayoría de los componentes de nuestras sociedades, no definen exactamente qué es la oralidad, en general no conciencian cuáles son las personalidades que intervienen en los procesos orales; no conocen en profundidad o con exactitud cuáles son las leyes milenarias de la oralidad y cuáles son sus procesos y cómo deben ser utilizados los recursos de las palabras, los recursos de la voz y los lenguajes del cuerpo. Algunos políticos son más intuitivos, más verdaderos o genuinos y, por tanto, más naturalmente eficaces; otros son simuladores y por tanto más capaces de manipular; algunos tienen mayor conciencia de sí mismos y de sus recursos, mayor habilidad, otros están mejor informados y mejor formados; pero en general podrían obtener mucho de un Taller de Comunicación Oral, y también de uno de Narración Oral Escénica.

Lo cierto es que desde hace mucho tiempo vienen políticos a nuestros talleres y cursos. Aunque también lo cierto es que desde siempre yo no acepto dar clases o asesorar a cualquier político. Y, cada vez, menos. Ahora mismo casi sólo doy cursos o talleres si puedo seleccionar a los participantes. He tenido algunas decepciones por no elegir en el pasado; y, ya con narradores orales profesionales, incluso, porque la técnica, y sobre todo mi generosidad y buena disposición, no me permitieron ver de inmediato, la verdadera condición de estas personas, las deformaciones que ocultaban, no verlo a veces por años y hasta hace muy poco.

En lo político, lo social, lo cultural, lo humano, he tenido muchos privilegios. Entre otros el de orientar acerca de las responsabilidades contemporáneas respecto a la comunicación y a la oralidad, en oportunidades distintas y hasta hoy, a un Vicepresidente de la UNESCO, y a uno de sus Directores Regionales. El de dar un curso, en este nuevo siglo, sobre comunicación, oralidad y oralidad artística al ex Presidente de uno de nuestros países, y líder político en activo, y a dos de sus colaboradores, también después importantes políticos (a uno de los cuales tuve en Madrid como participante de mis talleres por más de dos años), a una destacadísima embajadora con altos cargos en las relaciones internacionales. El de asesorar, en el transcurso de varias décadas y hasta hoy, a Ministros de Cultura, a Viceministros y a Presidentes, Vicepresidentes, Consejeros Delegados y Directores de instituciones relevantes varias de carácter internacional. El de que un Vicerrector, una personalidad cultural en sí, de extraordinarios valores, y perteneciente a una de las universidades más prestigiosas del mundo, después de asistir a mis talleres me cite como Maestro. Y decanos y catedráticos y profesores universitarios en distintos países. El privilegio de haber dado clases a reconocidas personalidades de la literatura y del teatro, de la música y de las bellas artes, de la financiación internacional y de la banca; de la abogacía y de la medicina; del periodismo y de la pedagogía; dado clases durante años a expertos internacionales de la ONU y a otros de la UNESCO; dado clases, prácticamente, a personas destacadas de todas las profesiones. Personas que no sólo me eligen, sino a las que siempre, siempre, siempre elijo con sentido ético de la responsabilidad.

–Busco en el cuento... Contar es...

¿Qué busco en el cuento? Tantas y tantas cosas. Unas u otras.

Entre las esenciales, el cuento y quien lo cuenta buscan: Proponer una visión del mundo, sugerir, emocionar, divertir, hacer pensar, dar una lección de vida de una manera no didáctica sino artística, proponer posibles soluciones a un conflicto, criticar, impactar, advertir, encantar.

Un narrador oral busca: Ser quien es. Comunicar. Comulgar. Contarse y que el público se cuente a sí mismo. Y cuente. Cocrear el cuento oral con ese público interlocutor. Todo ello es contar oralmente.

Contar oral artísticamente es recrear la realidad fuera del espejo (que es el espacio escénico donde se está contando) como momento de la verdad entre el narrador oral escénico y su público.

La oralidad no es un lujo. Ni tiene que ver sólo con el pasado.

La oralidad no desaparecerá. Porque la oralidad es formación y desarrollo, es calidad de vida, es la comunicación contra la incomunicación, la pasión contra la indiferencia, la participación frente a la exclusión, la solidaridad y la tolerancia contra el egoísmo y la intolerancia, la vida contra el silencio vacío y contra la muerte.

–Creo plenamente en...

Creo plenamente en muchas cosas. En el amor, en todos los amores, y absolutamente en el amor de pareja; todos como solidaridad y comunicación, todos para crecer acompañado, todos para volver a fundar el mundo y volver a reiniciar la existencia, si es preciso, cada día.

Creo en el humanismo y en otros “ismos” que respetan y dimensionan amorosamente la condición humana como justicia y libertad e igualdad y plenitud y tanto más.

Creo en mí mismo.

Y creo en quienes me rodean y son capaces de amar en un universo todavía tan violento y tan deformado.

Creo en mis padres y en su amor permanente y respetuoso, intenso por más de cin-cuenta años.

Creo en mis antepasados y en lo que me legaron como sensibilidad y sabiduría.

Creo en la cultura y en sus infinitas posibilidades.

Creo en los cuentos orales, que son poderosos como la luz, como la luz, definitivos.

Creo en la conversación, que puede salvar y curar, construir y posibilitar.

Creo en los momentos de la verdad entre los humanos.

Creo en las personas que formo y que me forman.

Creo en lo que escribo y en lo que sueño. En lo que anhelo y en lo que imagino. La imaginación es un camino del porvenir, un horizonte sin límites, una constelación de grandezas.

Creo en el presente. Sé que el tiempo compartido está conmigo y es desde mí para siempre.

Y creo en el futuro: Mejor. Más solidario.

–A mirar, a querer, a oír me enseñaron...

A mirar, a querer, a oír me enseñaron mis padres, tan preocupados por quienes los rodeaban y tan generosos; y siempre la gente de mi pueblo, tan abierta y sensible. Y después los ciudadanos comunicativos, analíticos, capaces de sentir y de dar, del mundo. Me enseñaron las buenas personas. Y también he aprendido de las malas. Pero siempre me he negado a aprender lo malo, siempre he deseado dejarlo fuera, ponerle límites a todo lo negati-vo y darle respuesta.

Creo que soy un hombre positivo, alegre y agradecido, o lo intento. Lo intento incluso duramente, conmigo y con los otros. Y cada día, pase lo que pase, tengo o recupero la sonrisa.

–Los cuentos orales son como la luz...

Si genero emociones diversas, y espero generar tanto sentimientos como reflexiones, considero que es porque creo en mí y en aquellos con quienes narro, porque creo en los cuentos, en el arte de contar, e, incluso, en el sitio y circunstancia en los que cuento, y toda esa creencia está viva en el aquí y ahora de la comunicación y de la interacción cuando cuento, que son dos de los poderes más significativos de los cuentos.

Intento contar como debe de contarse: desde el conocimiento y el compromiso profundos de y con lo que uno cuenta, desde la pasión y desde la confianza, desde la lealtad y la honestidad. Utilizo la técnica para compartir el cuento y no para el lucimiento o la manipulación. Y trato de contar desde la lucidez.

Los cuentos orales son como la luz, también transparentes. Capaces de emocionar, di-vertir, hacer pensar; de entregar vida como razón y sensibilidad, como verdad y magia.

Contar oralmente es una forma de conocimiento personal, una manera de uno contarse y contarle al ser humano que uno es, y a la par es una forma de contarle a los otros. De contarles quién es uno como ser humano. Y son una manera de dar y de recibir, de recrear la realidad, de mostrar y de criticar, de proponer y de afirmar. Contar oralmente es oralidad en grado superlativo. Contar oralmente es tantas cosas, que es el infinito de la comunicación humana.
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 Collage con respuestas de Francisco Garzón Céspedes, dadas en muy distintas ocasiones, desde 1988, y estructurado sobre todo con respuestas ofrecidas, entre el 2000 y el 2005, a periodistas y estudiantes de periodismo y filología de las Universidades Complutense de Madrid y San Pablo CEU, unas difundidas en su totalidad como parte de las entrevistas, en revistas y diarios universitarios, y otras, al ser extenso el conjunto, divulgadas parcialmente por razones de espacio en las publicaciones, o todavía inéditas. Aunque partes del Collage reiteran de algunos modos lo expresado en otros mate-riales de este escritor o referidos a su persona y creaciones, y aunque, por reunir respuestas a preguntas formuladas en distintas fechas, en ocasiones se vuelve sobre lo mismo desde otro ángulo, se considera que este texto posee gran utilidad tanto porque se centra a fondo en lo terminológico, y es muy explicativo al respecto, como porque aborda algunos aspectos no tratados o los profundiza.
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sábado, 23 de enero de 2010

1999 / ENTREVISTA A FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES REALIZADA EN SANTA FE, ARGENTINA


ENTRECUENTOS CON FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES


Periodistas y críticos le llaman “el mejor contador de cuentos del mundo”. El cu-bano Francisco Garzón Céspedes estuvo en Santa Fe para presentarse en el Gran Teatro Municipal y para dictar un curso de narración oral escénica. Mencionar sus antecedentes es dejar de lado la entrevista por una cuestión de espacio. Entrevistar lo entrevistado es preguntar cien mil veces lo ya preguntado. Pero: ¿Cómo hacer cuando se está frente a un hombre que, como él se declara y se desnuda, se viste y se desviste y sí, por si fuera poco, te ama y te abraza a través de la magia de sus palabras? ¿Suyas? Algunas, sí; otras, no. Da igual, porque lo que no le pertenece, termina perteneciéndole en un trabajo febril y emotivo de re-creación.

–¿Quién eres?

Soy un ser humano que está alerta consigo para comportarse como una buena persona. Lo que deviene: intentar la llegada una y otra vez a una meta que se aleja. Uno tiene dudas sobre el intento y sobre la meta. Porque intento y meta se insertan en este momento del desarrollo humano. Un desarrollo en ascenso, pero lleno de retrocesos y de avances. Soy también una suerte de juglar ilustrado contemporáneo. Con varias profesiones: escritor, periodista, hombre de la escena, investigador, docente. Todas entrelazadas en la profesión del narrador oral escénico que también soy. No dejan de despertar mi asombro las denominaciones que para nombrarme han utilizado, y hallado, los periodistas y los críticos a lo largo de varias décadas. Mi vida, mi trabajo y mi obra han obtenido mucha atención y respeto. Soy, entonces, un hombre afortunado. Pero lo que cada vez resulta más visible es que, por sobre todas las cosas, soy simplemente un hombre que ama. Y que es amado.

Él dice que es: "Narrador oral escénico", es él quien ha iniciado este Movimiento pendular de la magia y la palabra hasta y desde el cuento en un camino de ida y vuelta y desde la forma más primitiva que tuvo el hombre de transmitir lo que sentía.

–¿Por qué en tu libro "cuentos para aprender a contar", está como en una segunda parte el título "cuentos donde sorprenden gaviotas" y al leer estos textos las gaviotas aparecen a veces como un complemento de la ternura y otras como aves de mal agüero o de presagios trágicos? ¿Es así?

"Cuentos donde sorprenden gaviotas" (1995) primero se publicó como un libro en sí: "Amor donde sorprenden gaviotas" (1980), que reunía treinta de sus cuarenta relatos. Diez mil ejemplares que de un tirón fueron adquiridos en las librerías. Ya desde antes de salir el libro, desde fines de los años setenta, estos relatos poéticos, que el público conocía por mis presentaciones y por la inclusión de un número significativo en publicaciones, habían encontrado el fervor de oyentes y lectores: se los aprendían y los decían a quienes amaban, los copiaban a mano para darlos, los reinventaban al compartirlos. Así que estas gaviotas entraron al corazón y a la razón de la gente, pienso que porque allí están sus nidos. Y porque, siendo siempre gaviotas, aves no humanizadas, son símbolo, más posible que probable, nunca imposible, que llama la atención sobre la complejidad humana. Acerca de sus contradicciones y enfrentamientos. Y acerca de sus batallas, las de los humanos, para ser mejores.

Varios de estos relatos poéticos están en el repertorio de narradores orales de diferentes países. Alguno fue fotografiado con actores y publicado como un cuento en imágenes en una revista masiva para jóvenes. Entrelazando o reescribiendo varios de ellos cree unos monólogos que constituyeron, al publicarse, el primer libro de monólogos teatrales editado en Cuba: "Monólogos de amor por donde cruzan gaviotas" (1980). Representados en unos y otros países; como textos dramáticos fueron, sólo en tres años: unos traducidos al inglés y otros al holandés, unos incluidos en antologías y otros en suplementos culturales y revistas de catorce países (tengo en este minuto el dato de trece: Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, Holanda, México, Panamá, Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela): del suplemento cultural del diario más importante de Colombia, El Tiempo, a la revista Plural de Excélsior, el más relevante de los diarios mexicanos. Considero que el vuelo de estas gaviotas, la difusión de estos relatos, están directamente relacionados con ese significar ternura en unos casos o presagiar tragedia en otros, con ese asombrar o ridiculizar, con su capacidad para el humor o para la emoción. Cuando un libro es recreación de muy diversas situaciones de la vida, tiene más posibilidades de interesar y de influir, de ir adentro y de permanecer.

–¿Por qué las gaviotas?

Cuando escribí mis primeros y numerosos textos con las gaviotas como símbolo no conocía, y ni siquiera sé si ya había sido editado, "Juan Salvador Gaviota”, un libro que no fue publicado en mi país de origen, que no circulaba en mi contexto. Mis gaviotas no están humanizadas en sí mismas. Siempre son las aves que son en la realidad. Y mi manera de entender el mundo no es la del autor de "Juan Salvador Gaviota”. En realidad nunca nadie que ha leído mis textos ha aludido a semejanza alguna, si lo señalo ahora es porque quienes lean esta entrevista no necesariamente leerán mis textos.

Las gaviotas marcan varios de mi libros y de mis obras teatrales porque como residí por años en Santa Fe, una pequeña ciudad costera cerca de La Habana, y después en el mismísimo Puerto de La Habana, frente a la bahía, eran una presencia constante, y pude observarlas en muchos momentos, en medio de mis distintos estados anímicos, pasando por variadas situaciones. Para mí las gaviotas son un símbolo de la existencia. Hermosas, su sonido es, sobrecogedor. Anuncio de costa cercana para el náufrago, suelen comer desperdicios. Tenaces y de certero vuelo, son vulnerables. De una mirada parecen perfectas e indefensas.

¿Quién es este hombre llamado Francisco Garzón Céspedes? ¿Quién es en verdad el que allí se para, en el escenario y en un acto gestual de la ternura te abraza con la extensión de su mirada?

–¿El niño que no fue o que no pudo ser en vos: quién es o quién pudo ser? ¿Si metés la mano en tu corazón y rescatas el niño que fuiste que podés contar de él?

No pienso demasiado en el niño que fui, uno ansioso de indagar, de profundizar. Aunque a veces hablo con el público de muy determinados momentos de mi niñez. Cada vez más, cuento anécdotas personales. Pero nunca giro sobre el pasado. Sé que está dentro, que el pasado es parte de quien soy. Durante la juventud olvidé casi por completo mi infancia. Una infancia que se insertó en las contradicciones entre la pobreza de mi casa y el estudiar la enseñanza primaria en un colegio privado.

Fui esencialmente el niño que elegí ser. Y mis padres, mi familia en general, y los amigos de la familia, me protegieron para que lo fuera. Estoy agradecido por muchas razones. Y muy agradecido por lo que ha significado para mi vida el sentido de la responsabilidad de mi madre, su conciencia de quienes la rodean, y su solidaridad. Y por la generosidad, la entereza y la ética de mi padre. Aunque ellos son casi como una sola persona: las características significativas de uno en lo moral suelen estar en el otro. Mi madre, además, no obstante su tercer grado de primaria, y gracias a su sensibilidad, lucidez y oralidad, durante mi infancia me contó, y me cantó, me dijo poemas y me citó refranes y máximas e intentó descifrármelos, respondió mis preguntas y sacó a caminar para explicarme el mundo que nos circundaba, y muchas noches extrajo viejas fotos de un cofre para relatarme sobre esas personas y esos entornos; mientras mi padre me llevaba al cine una y otra vez, y en esas idas y venidas también me explicaba la realidad.

Hacia el final de mi infancia comencé a compartir lo recibido, empecé a contar a la salida del colegio primario lo que me habían contado, lo que había leído y las películas que me impresionaban, y me volví para los otros niños casi intocable, no agredible. También hacia el final de mi infancia decidí que no se podía vivir con miedo, que había que reducir el miedo a temor. Y decidí que había que vencer la timidez y cualquier inseguridad. Continúo en ese camino.

Ahora sé que mis padres hicieron por mí algo extraordinario, algo decisivo para la formación y la calidad de vida: desde la lealtad y desde la oralidad, desde lo ético, abrieron mi imaginación, me enseñaron a relacionar, trabajaron sobre mi intelecto y sobre mi capacidad de creación. Propiciaron mi afán de leer, de conocer. Y me hicieron amoroso y capaz de construir y de fundar.

Como una cuestión de cercanías y destiempos los dos, él y yo escribimos con tinta negra y cada vez que nos piden algo andamos preguntando: ¿Es tinta negra, no? Él ama las gaviotas, yo, los pájaros.

¿Es él, lo que él dice que es? ¿Es sólo un hombre que ha iniciado hace mucho tiempo un Movimiento Iberoamericano de Narración Oral Escénica y que anda con su repertorio por todos lados y a todas partes? Sí.

¿Es él quien silenció el Gran Teatro Municipal de Santa Fe con un público des-bordante donde la palidez de los adolescentes se mezclaba con la severidad de los adul-tos? Sí.

Dicen que el silencio era total.

Dicen que él se plantó como lo hace siempre y contó.

Y la magia fue.

Sí, es él.

–¿Qué me cuentas del adolescente que fuiste?

Mi adolescencia se convirtió muy pronto en juventud, por acciones y por responsabilidades, por decisiones y por transformaciones. Me siento satisfecho de que así haya sido. Mi adolescencia estuvo inmersa en un renovador proceso de cambios sociales, educacionales, culturales, entre muchos otros, en los que también yo participé como uno de los tantos protagonistas. A los quince años había publicado mi primer poema en una revista de circulación nacional, aunque no lo incluiría en una selección de mi obra; y también había publicado mi primer comentario periodístico y formaba parte de un grupo profesional de teatro de muñecos, entre otras cosas que había hecho o hacía. A esa edad ya buscaba mi amor para la vida, que al final ha sido mi amor de madurez después de salvar muchos obstáculos, sobre todo los de mi desconfianza, aunque tengo la disciplina de confiar de inicio; y de salvar los obstáculos que entraña el aprendizaje, tanto en lo racional como en lo emotivo, de que la otra parte de la pareja, si se trata de amor, es primero y es lo primero. Desde la pareja se ha construido el mundo. Y desde la pareja el amor se expande como otras muchas formas de amar y de ser útil.

Concurrí al Taller y lo primero que me sedujo fue esa honestidad frontal y el res-peto. ¿Sólo eso? No. Había mucho, pero mucho más. Dijo, lo recuerdo bien: "Quien quiera narrar oralmente que lo diga aquí y ahora. No después. Los acuerdos se respetan. Eres libre, pero si dices sí, te atienes; y si dices no, pues, está bien, eres libre.

–¿De dónde surge tu necesidad de narrar? ¿Fue una necesidad espontánea o fue el fruto de un proceso de crecimiento o necesitabas cambiar?
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Siempre soy el mismo y siempre estoy cambiando. Hay que entenderlo en su complejidad. Desde los últimos años de mi niñez creció esta necesidad de comunicación que hace bastantes años determina e impulsa mis acciones. Desde allí nace mi necesidad de narrar. He dicho y escrito: Lo que no compartimos no nos pertenece.

Al final de la niñez comencé a contar oralmente, de lo familiar a lo comunitario, pero también en esa etapa y en la adolescencia empecé a opinar más activamente en clases, a participar en debates sobre la actualidad, a ser el representante del aula o del centro de trabajo; y la palabra, la voz y el gesto de quien narra, conversa, explica, discute, propone, fueron parte cada vez más decisiva de mi vida.

Primero utilicé la conversación escénica y la anécdota personal con el público, a partir de 1962, antes y después de las obras de muñecos donde participaba como actor. Muy pronto utilicé tanto la conversación escénica como la anécdota para introducir y servir de hilo conductor a mis recitales de poemas: dichos, inventados o reinventados en el aquí y ahora unos, leídos en voz alta otros. Así que con la oralidad narradora escénica, desde la conversación y la anécdota, llevo casi cuarenta años.

Con el cuento oral como arte comencé a partir de 1975, dentro de La Peña de Los Juglares, un espectáculo del que soy uno de los dos fundadores: extensión de la cultura, integración de las artes, búsqueda de un público nuevo y más participativo.

La Peña, un espectáculo que la oralidad, la tenacidad, la imaginación, la libertad, la participación, han vuelto mítico, que ha dado lugar a incontables experiencias de otros creadores, y de la que es hilo conductor la conversación escénica, ha sido desde sus inicios un quehacer dirigido a los adultos y jóvenes, pero como al principio iban niños por ocurrir en los espacios abiertos de un Parque, de un domingo para otro decidí contar cuentos sin edad para involucrar y establecer vínculos también con los más pequeños.

El primer día que conté, los niños lo aceptaron como algo natural, algo que les pertenecía, y estuvieron felices. Pero los adultos quedaron hipnotizados, deslumbrados, emocionados y agradecidos. A los adultos les pareció un prodigio. Sintieron que en lo artístico algo fundamental les era devuelto.

Y yo percibí que contar oralmente era un acto de comunicación y un acto que podía ser escénico. Escénico comunicador. En realidad oral escénico. Y me fasciné. Decidí seguir contando, e investigar, transformar, extender. Seguir contando prioritariamente con los adultos y jóvenes. Sin olvidar a los niños. Tratar de que la mayoría de las funciones fueran dirigidas a un determinado público, y, mucho, por urgente, al público de los adultos y los jóvenes.

Al principio me interesaba influir y devolver una palabra, una voz y un cuerpo, un contar imaginativo y crítico a la gente, a personas de las más diversas profesiones. Por esa razón estructuré los talleres y me lancé a impartirlos. Después me di cuenta de que el arte de la narración oral se había quedado detenido como propuesta artística durante demasiado tiempo, cuando el acto de contar oralmente es en continuo movimiento, en continua transformación. Entonces fue que concebí la propuesta de la narración oral escénica, de un narrador oral contemporáneo, profesional, con una reflexión acerca de la oralidad como comunicación y con un entrenamiento, unos procesos, una maestría comunicadora y oral escénica. Y estructuré los Talleres de la Palabra, la Voz y el Gesto Vivos y después la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica y sus eventos internacionales. Todo concebido como un movimiento artístico iberoamericano de oralidad narradora escénica.

Nos corregía en el Taller con respeto. ¿Había dicho algo nuevo en lo ético este narrador cubano? No. Acuerdos, respeto, solidaridad, y... más y más. ¿Era algo nuevo? No.

Entonces, ¿adónde estaba el prodigio que lograba cuando atentos a sus palabras, un duende interior empezaba a navegar en nuestras arterias y nos empezaba a demandar un movimiento por pequeño que fuera?
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El grupo era heterogéneo pero no demoró en crear un clima donde todos parecían conocerse con todos y donde todos terminamos compartiendo e intercambiando.

Las cosas que él en lo ético decía de alguna manera ya las había escuchado y si no, las había leído en algún libro. Entonces, me pregunté: ¿Cuál era el patrimonio único y personal de esta figura vestida de negro que impartía órdenes con la suavidad de una pluma?

–¿El tiempo de tu trabajo cómo se comparte con el tiempo de los afectos? ¿Im-plica uno, el sacrificio del otro?

No se comparte el tiempo de mi trabajo con el tiempo de mis afectos. Es un mismo tiempo. Mis afectos están primero. Lo humano personal está primero. Lo humano siempre está primero. Y yo lo priorizo. ¿Cómo podría ser de otro modo? Porque no se trata de amar, se trata de amar con calidad.

En lo específico de la pareja: Si para mí mi pareja está primero es también porque para mi pareja yo estoy primero. Amar es construir y propiciar que se construya. Por tanto, la pareja, cualquier forma de amor y de amistad, no puede ser un obstáculo para el desarrollo y el crecimiento, para que uno se realice, se comunique y sea útil.

¿Adónde?, me preguntaba, mientras los concurrentes a su Taller subíamos con nuestros miedos y nuestras vacilaciones, con nuestra adrenalina y temblores, y nos trans-formábamos por instantes en dioses o demonios.

¿Adónde? En el estilo, no. En la técnica, no. Se la podía aprender en sus libros.

El secreto estaba en la forma. Su forma de decir. Su forma de elogiar y corregir que no ofendía jamás aunque conllevara cierta firmeza que nada tenía que ver con el autoritarismo.

–¿Tu trabajo te ha impuesto postergaciones afectivas o familiares?

Mi trabajo no me ha impuesto postergaciones afectivas o familiares. Yo he podido diseñar mi existencia. Con esfuerzo, asumiendo muchos riesgos y austeridades. Y me siento responsable por todo a lo que pertenezco. Y dispuesto a responder por todo. No es fácil el no inclinarse por el camino de "la fama", sino por el del prestigio; no ceder a las tentaciones de "lo recreativo", para empecinarse en lo más estrictamente cultural. Ha sido decisivo el haber podido elegir. Haber tenido posibilidades de seleccionar. De no aceptar todo lo que me han ofrecido. Y lo de responder por todo ocasiona muchos dolores de cabeza y noches sin dormir. En búsqueda de soluciones justas. Y de las mejores formas para decir y accionar. En búsqueda de los caminos más positivos para asumir y enmendar los errores. En búsqueda de que cualquier descalabro se transforme en enseñanza para que no se constituya en un fracaso. Pero mis principios y mi disciplina me llevan a hacer lo que tengo que hacer. A hacerlo, por difícil que sea o por descabellado que parezca a primera vista. Soy muy racional y lo potencio. Porque a la par sé que soy sensible y que puedo quedarme completamente indefenso. Aunque la verdad es que también tengo una gran capacidad de respuesta. Y que respondo en unos y en otros casos para cumplir con mi responsabilidad social. Soy un luchador y un continuo sobreviviente que está vivo y no sobreviviendo.

Esta vez Uruguay y Argentina: Montevideo, Santa Fe, Paraná, Rafaela.

Gran Teatro Municipal de Santa Fe, a sala llena.

Inolvidable.

El que se perdió la función se embromó.

En septiembre estará la Primera Muestra Iberoamericana de Narración Oral Escé-nica "Contar con Santa Fe", y los Talleres se repetirán.
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Salíamos de cada uno de sus Talleres con un aire fresco y nuevo. No éramos los mismos. Algo pequeñito había cambiado como si fuera un imperceptible milagro.

Él contó.

Contaba.

Cuenta.

Con el público y punto.

–¿Qué público prefieres, el infantil, el adolescente o el adulto?

Prefiero el público con el que en ese instante estoy contando. Ese contar con el otro de la narración oral sólo es posible si el otro te importa a fondo. Si tomas en cuenta al otro, a los otros. Si cuentas desde los puntos coincidentes con el público. Si cuentas como solidaridad. Si estás decidido a influir y a ser influido. Si tu proceso es abierto, de interacción. Si hay motivación interna y compromiso, pero también, por parte del narrador oral, propósito de poder ser comprendido de inmediato y valoración de los intereses del público. He contado en las más disímiles circunstancias, y mucho en las artísticas; en los sitios más insospechados, y mucho en los grandes recintos escénicos; a veces con niños, a veces con adolescentes, a veces con jóvenes, a veces con adultos, a veces con ancianos, y a veces con todos a la vez. Muchas veces con miles de personas. En los años más recientes me he especializado en contar con adultos y con jóvenes. Los jóvenes son fascinantes porque tienen de niños y de adolescentes y de adultos a la par. Conservan la devoción, aunque algunos no lo sospechen hasta que comparten un acto de narración oral escénica. En 1975 no se contaba oralmente entre nosotros con los jóvenes. En términos de oralidad artística, en nuestras sociedades de oralidad secundaria (escritura y oralidad audiovisual), únicamente se contaba con los niños. El teatro y otras artes contaban, pero no oralmente. La oralidad no es lo verbal, lo vocal y lo no verbal, es el proceso de comunicación que emplea estos recursos. Si nos expresamos, pero no nos comunicamos, no hay oralidad.

Aparte de narrar, escribe. Tengo dos de sus libros. Vendrán más para septiembre. En una irrespetuosa pero irrefrenable lectura veloz porque no tenía el tiempo leí alguno de sus cuentos. Entonces, en un momento, cuando se sienta me pregunta:

"¿En qué estás pensando?"

"En las gaviotas.", le dije.

Cierto. Había capturado una frase que me reflejó en un espejo desolado. La escribí en unas servilletas de café. Dice: ..."uno es el temor de hacer el ridículo, eso nunca me ocurre, soy seguro; el otro es la ternura, porque te siento como una gaviota cuando cruza desamparada por el cielo." Me sentí gaviota.

Me dieron ganas de decirle:

"Tú eres la trampa de las palabras que has escrito y la trampa de las palabras que has leído."

–Decime, Francisco, ¿qué eres: "estampido contra la injusticia o desamparo"? ¿"Estampa contra el miedo o reafirmación, torpeza o golpe necesario"? Lo escribiste tú, por lo tanto, contesta.


Estampido contra la injusticia. Estampa contra el miedo. Reafirmación. Torpeza. Golpe necesario. Me quedaría con estas palabras del libro. No me veo como prototipo del desamparo. No me siento desamparado. Me ampara el amor. Lo que entrego. Lo que recibo. Lo que comunico. Lo que comparto. Me ampara mi certeza de que la confianza es la única bengala que no desaparece. Como tampoco desaparece el amor.
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Y podría concluir diciéndole lo que dice: "la violencia puede ser derrumbe y de-solación, pero puede ser patio y arena limpios, victoria y comienzo".

A quemarropa:

–¿Qué es la soledad?

La soledad es un viaje sin fronteras a la sed.

–¿Qué te molesta de la gente?

Me molesta la falta de memoria histórica. La falta de conciencia de que el otro existe. La ingratitud. La deslealtad. La incapacidad de comportarse con solidaridad. La incapacidad de amar...

–¿De dónde nace el narrador oral escénico?

El narrador oral escénico nace de la conciencia de que la narración oral es un arte para todo tiempo presente o futuro. De mi certeza de que nuestras sociedades necesitaban un narrador oral contemporáneo. De mi decisión de renovar el antiguo arte de contar oralmente y de crear un nuevo arte de la escena comunicadora, oral escénico pero tajantemente no teatral, viendo entre nosotros la narración oral artística por primera vez desde una oralidad entendida desde la oralidad y no desde la escritura, desde las ciencias de la comunicación de masas, y desde las leyes generales de la escena (pero priorizando en la fusión el proceso oral).

El narrador oral escénico nace de la voluntad, de la intencionalidad, de un proyecto coherente y consistente construido paso a paso. Y de mi creencia de que es posible sumar a un empeño creador innumerables voluntades creativas. Se ha dicho que soy el primer narrador oral escénico en surgir. Pero en mí estaban, y están, todos los que han contado oralmente como comunicación.

–¿Es la narración oral una forma de lectura interior?

La narración oral es la apelación más poderosa que puede hacerse al imaginario de otro ser. El cuento es cocreado entre el narrador oral y el público. Cada persona del público, para que el cuento oral exista, debe poder ir a su paisaje interior y dimensionarlo desde su contexto.

–Cuándo seleccionas un cuento ¿cuál es el factor más importante que tienes en cuenta aparte de sentirlo en tu interior?

Un cuento se selecciona desde la propia personalidad de quien lo narrará, desde la personalidad del público para el que se elige, desde la personalidad del sitio donde será contado, y desde la personalidad de la circunstancia en la que se contará. He definido que estas cuatro, y la personalidad de lo que se dice, son las cinco personalidades de todo proceso de oralidad.

Es muy importante que el cuento elegido nos permita implícitamente contar quién somos, en qué creemos, cómo concebimos el mundo, cuáles son nuestros sentimientos y nuestros razonamientos acerca del mejoramiento humano.

–¿Se puede hablar de una traducción de la palabra que está allí en forma de signo y sentimiento a la voz y el gesto?

Recreación de la palabra y creación de nuevas palabras todo como parte de ese todo que es la oralidad: Lo verbal, lo vocal y lo no verbal. Es más que traducir o interpretar. Es un auténtico acto creador.

–En tu caso, ¿qué acentúas: producir emociones o producir cambios? O, pregun-tado de otra manera; ¿qué es más importante: emocionar o transformar?

Es difícil que una transformación se produzca sin una emoción previa. Una emoción por el contrario puede no incluir un cambio significativo. Pero necesitamos tanto el sentirnos como humanos sensibles. Necesitamos tanto el bajar nuestras corazas. A veces sólo lograr que el público se emocione es un paso de avance.

Los cuentos que cuento desde la oralidad, unas veces emocionando y otras divirtiendo, buscan la reflexión, y no únicamente la toma de conciencia, sino la toma de decisiones y acciones, aunque sea a largo plazo, aunque sea unos cuentos quedando como cimientos de otros.

–¿Se tiene en cuenta esto a la hora de seleccionar?

Para un narrador oral escénico, un artista formado ética y estéticamente, la selección representa una gran responsabilidad. Moral y artística. De comunicación. Y, por tanto, tiene que pensar también, desde este punto, en la eficacia. Uno se cuenta cuando narra oralmente, pero también permite que el otro, el público, se cuente.

–¿Qué es más importante para vos: escribir o narrar oralmente, es decir, dónde eres más feliz, desde la escritura o desde la oralidad?

Han terminado por parecerme inseparables. Unas veces soy más feliz escribiendo y otras narrando oralmente. Pero escribir lo elegí, la narración oral pudiera decirse que me eligió.

–¿Qué has y qué no has escrito?

En cierto modo es la escritura lo que por etapas he postergado, también el teatro, el periodismo. En los últimos diez o más años no he podido postergar la narración oral. He escrito mucho. He publicado mucho y en cantidades grandes o considerables de ejemplares que siempre han desaparecido con rapidez de las librerías.

He escrito poesía, narrativa, teatro, periodismo, investigación teatral, teoría y técnica de la oralidad narradora, para adultos; y poesía, narrativa, teatro, para niños, y no sé cuántas cosas más.

En los últimos veinte años me he preocupado poco por editar, o al menos no lo necesario, y tengo muchos libros inéditos en mis gavetas, esperando una última revisión, esperando que me decida, esperando tener tiempo para las gestiones editoriales. No he escrito una suerte de novela. La estoy escribiendo. No sé si la culminaré.

–¿Qué te molesta?

La invasión física de mis espacios más íntimos, más personales. También cuando lo que me invade es el calor. O el ruido. Pero en términos sociales me molesta todo lo que implique deshonestidad, manipulación, desigualdad, injusticia.

–¿Te gustaría tener poder?

Tengo poder. Muchísimo poder. Todo el mundo tiene aunque sea una ínfima cuota de poder. Pero si hablamos de PODER, en mayúsculas poderosas, no me gustaría. Renuncié una y otra vez, renuncié en muy diversas ocasiones a tener ese tipo de PODER.

–¿Dónde te gustaría vivir?

No me gusta viajar. Me gusta estar en esta ciudad o en esta otra, que quizás están lejos. O hacer viajes cortos. Me gustaría vivir donde vivo y donde he vivido. Madrid, donde resido, es una ciudad que amo. Finalmente nos entendemos. Y creo que para siempre. Pero no he dejado de vivir en La Habana (donde también resido) y en México D. F. Todo lo que amamos está con nosotros. Y todo lo que somos. Y todo lo que nos ha formado.

–¿Ideal de felicidad?

La pareja. Un mundo justo por igual para todos los humanos.

–¿Qué falta del ser humano disculparías?

Depende de cuál ser humano estemos hablando. No me gusta que la gente dañe porque no se dio cuenta, por superficialidad, por no pensar en el otro. Disculparía la falta de lucidez.

–¿Principal rasgo de carácter?

La lealtad. ¿Debiera quizás decir: la disciplina?

–¿Principal defecto?

La ira.

–¿Principal desgracia?

La posibilidad de ser injusto.

–¿Cómo te gustaría morir?

Nunca me ha gustado forma alguna de morir. Pero querría estar avisado, poner orden en mi entorno, y, después, que mi muerte ocurriera sin darme cuenta mientras mi amor me abraza. Y en la certeza de que mi amor sabe que yo sé que, mientras viva, yo estaré vivo.

–¿Virtud preferida?

La lucidez. Muchos son inteligentes. Esto es bastante definitivo. Pero ser lúcido es más, y se logra o no se logra en cada ocasión, y, sí se logra, es con mucho esfuerzo. Se me ocurre que no sé exactamente qué es una virtud. Virtud es una palabra que me resulta distante. ¿Y debiera quizás responder: La comprensión? ¿O la capacidad de amor? El amor me resulta cercano. El amor es horizonte habitado por todo lo que somos. El amor es agua iluminada.

Él pasó por Santa Fe. La experiencia con la narración oral escénica a escala iberoamericana se repetirá en Septiembre. Pero él no sólo se planta en el escenario sino que planta y siembra y deja sus frutos en forma de semilla. Allí están quienes organizaron su estancia de trabajo: Cuento más Cuento. Cuento y cuento. Cuento más cuentos, cuento. Había una vez... había una vez un señor que vestía de negro, había una vez un señor que vestía de negro, con bigotes recortados y con barba. Nos miraba y nos miraba y con su voz intensa iniciaba el gesto y la palabra... Había una vez... había una... había.

Para crecer y contar... Ir a la Muestra y a los Talleres. La cita es en primavera, cuando florece la magia.
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 BRAUN, Silvia. Escritora e investigadora. Entrevista que fue publicada fragmentariamente, por su amplia extensión tratándose de un periódico en: Diario El Litoral, Sección de Cultura, 21 de agosto de 1999, Santa Fe, Argentina. La entrevista se realizó grabada.

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domingo, 20 de diciembre de 2009

1997 OTOÑO / ENTREVISTA A FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES REALIZADA EN MADRID, ESPAÑA

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FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES / CONTADOR DE CUENTOS
“LA GENTE AQUÍ SE COMUNICA MUY BIEN CON GESTOS Y MIRADAS



Francisco Garzón Céspedes, cubano de pro, lleva a cuestas la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica, con la cual enseña a contar historias, a hablar con el público, a expresarse, y gracias a ella ha conseguido organizar un movimiento internacional, principalmente implantado en España y América Latina, de contadores de cuentos. Madrid, donde se presentó recientemente, es para él “la ciudad solidaria de los cuentos orales” y el centro neurálgico de su historia.

–¿Cuénteme?

Efectivamente, Madrid es el centro de la narración oral. Aquí se han creado varios grupos de contadores de cuentos que reúnen en la actualidad a más de ochenta narradores; aquí todos los años impartimos cursos, tanto de narración oral escénica como de anécdotas o para hablar con el público, y, por último y entre más, aquí celebramos cada año la Muestra Iberoamericana de Narración Oral Escénica “Contar con Madrid”, en la que participan artistas de varios países.

–¿Qué tipo de historias inspira Madrid?

Madrid inspira historias previsibles e imprevisibles de amor y desamor. Yo he escrito la mayor parte de mi narrativa en Madrid.

–¿Cómo es Madrid?

Es una ciudad contradictoria, en la que se contrasta dureza con solidaridad, pero que para mí resulta muy disfrutable.

–¿Cuándo llegó por primera vez?

Yo llegué a Madrid en 1989 por primera vez (en 1972 había estado durante un tránsito en el aeropuerto de Barajas) y la primera noche no encontraba alojamiento. Me estafaron los trileros y de aquella experiencia me inventé un cuento, y fabriqué una anécdota que narro en mis espectáculos, así que creo que con el timo, al final, salí ganando yo.

–¿Hay buenos espacios en la ciudad para contar?

Nuestro trabajo se puede adaptar fácilmente a cualquier lugar. Los narradores orales en Madrid cuentan en pubs, bares, teatros (nosotros, los narradores orales escénicos) y centros culturales.

–¿Cuáles prefiere?

Por supuesto la Sala II del Centro Cultural de la Villa, donde hemos celebrado cuatro muestras anuales y que es una sala que me encanta. También nos gustan el Círculo de Bellas Artes (Teatro “Fernando de Rojas”, Sala de Columnas) o la Universidad Carlos III (Aula Magna), donde hemos contado varias veces. De manera que podemos decir que la narración oral se ha acomodado a los espacios que tiene Madrid.
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–¿Por qué los madrileños valen para contar?

Los madrileños, o, mejor, la gente que vive en Madrid y que cuenta, tienen mucha gracias y recursos ricos de lenguaje coloquial no exento de poesía. Además comunican muy bien con el cuerpo, el rostro y la mirada. El público de Madrid, por otra parte, que desde 1991 (y desde antes, a mi llegada) desborda los espacios donde se cuentan historias, es entrañable, abierto. Y eso es algo que me ha sorprendido, porque me habían dicho que era escéptico y poco crédulo.
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RUIZ MANTILLA, Jesús. Escritor, crítico y periodista. Diario El País, Madrid, España, 6 de Diciembre de 1997.
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domingo, 15 de noviembre de 2009

1997 PRIMAVERA / ENTREVISTA A FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES REALIZADA EN MADRID, ESPAÑA

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FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES:
LA CONVERSACIÓN DIMENSIONADA EN ARTE


Conversar con Francisco Garzón Céspedes es una auténtica aventura porque el oyente corre el riesgo de naufragar en un océano de voces, de palabras, de metáforas sutiles, casi filosóficas, que el cuentero por excelencia articula con maestría dando nítida muestra de que el lenguaje brota por su boca: directo, poderoso, rotundo. Hemos querido llamar a su puerta porque vivimos con él la inolvidable experiencia del III Congreso de Literatura Infantil y Juvenil “Ciudad de Lucena” y teníamos contraída con él una deuda: extender nuestras páginas al viento para que sobre ellas quedaran impresos, con caracteres de oro, los fundamentos de la Na-rración Oral Escénica. Garzón la define como un tipo de hipnosis alternativa. Baje el lector sus defensas y déjese hechizar por este mago de la palabra.

–Contar un cuento parece cosa fácil porque por todas partes emergen contadores. Pero ¿qué diferencias existen entre un contador moderno y un cuentero tradicional?
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Con relación a la oralidad, la antropología más avanzada define tres tipos de sociedades: de oralidad primaria, de escritura y de escritura y medios audiovisuales (llamada de orali-dad secundaria). Estas sociedades surgieron a lo largo del desarrollo humano, pero en la actualidad son coexistentes en el mundo. En las tres, existe la figura, no artística, del conversador o cuentero familiar, que es el prototipo para toda la oralidad. Pero cada una de estas sociedades tiene, dentro de la oralidad artística narradora, una figura prototípica: las sociedades de oralidad primaria, la figura del cuentero comunitario o de la tribu; las sociedades de escritura, la del contador de cuentos para/con los niños (al que se le ha dado en llamar “cuentacuentos”) de la corriente escandinava; y nuestras sociedades de escritura y medios audiovisuales, el narrador oral escénico. Figuras coexistentes al igual que las sociedades que las han originado, sólo que, además de estar presentes en sus sociedades, estas figuras, todas, pueden estar en nuestras sociedades de escritura y medios audiovisuales (llamadas de oralidad secundaria).
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La oralidad y la oralidad artística son una sola en su desarrollo. Y los actuales narradores orales escénicos son la dimensión más contemporánea de todos los que han contado desde siempre; y sus deudores. Tipos de narradores que vienen desde los orígenes, que nunca han desaparecido y continúan deslumbrando: los cuenteros familiares, los comunitarios, artísticamente intuitivos, y los contadores con niños.
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Un cuentero de la tribu o comunitario, es el prototipo para toda la narración oral artística, así como el cuentero familiar lo es para toda la oralidad. El cuentero comunitario surge en sociedades donde la oralidad es absoluta o aún predominante, y además de continuar vivo en éstas, también está presente en zonas rurales, o marginales, de nuestras sociedades de oralidad secundaria. Él, en las sociedades de oralidad primaria, cuenta con toda la comunidad y especialmente con los adultos. Los niños y adolescentes están allí. Él es importante, porque influye en todos y todos lo influyen, porque la comunidad se encuentra en el encuentro con su cuentero, con el que comparte valores comunes.

Después el cuentero, para educarlas, cuenta también con las nuevas generaciones.

El contador de cuentos (“cuentacuentos” dicen ellos de sí mismos en algunos países) con (ellos dicen: para) niños de la corriente escandinava, maestro, bibliotecario o escritor para niños, surge, de estos colectivos, a fines del siglo pasado (S. XIX) principios de éste (S: XX), en sociedades de escritura, con "La Hora del Cuento". Una hora semanal en cada biblioteca o aula. Son los primeros en decir que la narración oral es un arte en sí. Su surgimiento es una hazaña. Y su metodología, basada en la observación y análisis de las prácticas de los cuenteros comunitarios, tiene mucho de válida. En numerosos casos, en España y en el mundo, son verdaderos artistas.
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Pero quien cuenta oralmente desde la corriente escandinava, muchas veces, si no en la teoría, sí en la práctica, eligió como prototipo, sin conciencia de ello, más al cuentero familiar que al comunitario, potenciando la intimidad y la palabra (y descuidando: la proyección de este arte, y otros recursos vocales y corporales) y se circunscribió a contar oralmente sólo con el niño, dejando fuera al adulto o no considerándolo como tal al contar; además de circunscribir la formación para contar a los propios maestros, bibliotecarios y escritores para niños, y la práctica de contar a sus espacios de aulas y bibliotecas.
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Este circunscribirse y encerrarse, incidió en que el arte de contar oralmente no tuviera el desarrollo de otras artes, aunque también incidió el hecho de pertenecer a una categoría no artística, comunicadora, la oralidad, mientras que, por ejemplo, el teatro, pertenece a una artística en sí, expresiva: las artes escénicas.
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El circunscribirse y encerrarse de quienes contaban oralmente con niños incidió en que se acentuara el debilitamiento que este arte ya padecía al pasar las sociedades de la oralidad a la escritura (y a partir del surgimiento de la imprenta y de que las artes expresivas se refugiaran en los teatros a la italiana); a partir de que, a su vez, se debilitaban tanto la propia comunidad como unidad social y los valores comunes a todos sus miembros; y que crecían las ciudades, y el ritmo de la vida se volvía vertiginoso. Debilitamiento que se agudizó al pasar las sociedades de ser, de escritura, a ser sociedades llamadas de oralidad secundaria (como ya he dicho: de escritura y medios audiovisuales u oralidad audiovisual); e irrumpir en la cotidianeidad, cada vez más, los medios de difusión y expresión (y relación) masivas.
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Los adultos, al ser excluidos como tales, se alejaron aún más de este arte.
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Al comenzar mi trabajo en este campo en 1975, nuestras sociedades consideraban que el arte de contar oralmente: tenía que ver sólo con las tradiciones orales y/o con los niños, o se reducía, en cuanto al adulto, a divertirlo, sobre todo desde otros modos de la oralidad muy asociados con el doble sentido. Por ello también, las figuras del cuentero o conversador familiar, del cuentero comunitario y del contador de cuentos con niños, no eran valoradas y estimuladas adecuadamente, ni estaban altamente reconocidas su significación y su trascendencia, que perviven.
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De allí que nuestras sociedades utilizaran estos dos términos de la oralidad: cuentero y cuentacuentos; junto a otro de la escritura: cuentista (escritor de cuentos); para referirse peyorativamente, en unos u otros países, al charlatán o chismoso. Y que, tan pronto lo advertimos, potenciáramos para nuestros narradores, el genérico de contador de cuentos, equivalente a narrador oral escénico o contador oral escénico de cuentos. Término que, además, dentro de la terminología de la oralidad, no caracteriza a un tipo histórico de narrador.
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Sin embargo, en algunos países, también a los propios narradores orales escénicos (y a quienes no lo son, pero de inicio estuvieron en nuestros talleres de narración oral escénica) se les llama: “cuenteros” (por ejemplo, en Colombia), o, a algunos que comenzaron desde los talleres de narración oral escénica, “cuentacuentos” o “cuentacuentos escénicos” (España).
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Lo que me propuse a partir de 1975 fue formar un narrador oral que no existía en nuestras sociedades de escritura y medios audiovisuales, el narrador oral escénico: un profesional o semiprofesional (con un propósito, reflexión, entrenamiento, práctica y maestría oral escénicos), proveniente de cualquier profesión u oficio y de cualquier edad; capaz de contar con todos los públicos, y fundamentalmente con los adultos y jóvenes (para cambiar la valoración social, y, además, los niños ya tenían a los de la corriente escandinava), sin olvidar los niños y adolescentes; capaz de contar en todos los espacios, y fundamentalmente en los escénicos, sin olvidar los espacios comunitarios, las bibliotecas y aulas; capaz de contar en todas las circunstancias, sobre todo en las artísticas; y desde todas las fuentes, y no sólo desde las tradiciones orales o desde la literatura para niños.
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Contar oralmente un cuento es fácil o difícil (o más bien, complejo). El arte de contar oralmente hay que entenderlo en su singularidad.
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Nosotros, la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica, junto a las muchas voluntades que hemos sumado, somos responsables del resurgimiento del arte de contar oralmente en el mundo contemporáneo, sobre todo en el iberoamericano, pero, también, en general en todo el planeta; porque durante más de veinte años, a nuestros más de seiscientos talleres en diez países hasta este 1997, al impartirse muchos en Festivales Internacionales de Teatro, en Congresos de Literatura para Niños, o en cursos universitarios de postgrado, han asistido personas de todos los continentes. Muchas más de veinte mil hasta hoy.
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Nuestro trabajo, con otras ópticas acerca de este arte, además, ha sido difundido desde sus comienzos no sólo por la prensa de cada país, sino también por las agencias internacionales de prensa. Esta es una realidad probada por acciones y por documentos, señalada por investigadores y periodistas. Si bien para un ser humano veinte años es mucho tiempo, no lo es para el resurgimiento de un arte, y menos dentro del caos actual.
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El que por todas partes emerjan contadores en España es una consecuencia de la oralidad como un todo, pero, en mucho, de esos más de veinte años de nuestro trabajo, y de los cientos de talleres y presentaciones de nuestra Cátedra en veinticinco o más provincias españolas desde 1989, de su repercusión e irradiación; y de que este quehacer, tal y como me propuse, ha contribuido, desde la valoración social de, y el entusiasmo por, los nuevos narradores orales escénicos, a comenzar a cambiar positivamente la valoración de la sociedad respecto a la narración oral y a toda la oralidad, tanto respecto a la oralidad cotidiana como a los ya existentes cuenteros comunitarios y contadores para/con niños de la corriente escandinava.
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Que surjan contadores también se relaciona con la singularidad de este arte.
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–¿Podría definirnos y también diferenciarnos oralidad, narración oral y narración oral escénica?
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La oralidad es una imagen hablada (ser humano hablando) que establece un proceso de comunicación con uno o varios interlocutores. Y no es simplemente un ser humano hablando. El prototipo de toda la oralidad es la conversación interpersonal. Además de ésta existen, entre otras: la oralidad doctrinaria (orador y público), la docente (maestro y alumnos), la difusora (conferencista o conferenciante, o periodista, y público), la histórica (quien testimonia y público), la comercial (vendedor y comprador), y la oralidad artística (poesía oral, narración oral...).
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La oralidad es una categoría de la comunicación, y no sólo expresiva. Imprescindible y esencialmente comunicadora, entendiendo comunicación desde las ciencias de la comunicación de masas, no por extensión, y no en un sentido figurado o poético. Comunicación igual a interacción, desde un proceso abierto, y donde el otro es un interlocutor o un público interlocutor y no un espectador, entre otras características. Así que la narración oral como arte, pertenece, a diferencia de las otras artes y de la literatura, a una categoría comunicadora (que incluye lo expresivo) y no a una categoría expresiva.
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Por eso podríamos hablar, para ser más exactos, al hablar de narración oral artística, de oralidad narradora artística. Primero, la oralidad y sus leyes.
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Pero el asunto se vuelve más complejo porque la conversación incluye el acto de narrar oralmente. Un acto no artístico. En nuestras conversaciones cotidianas narramos lo que hemos vivido, lo que vimos o leímos, lo que nos contaron o escuchamos, lo que soñamos y lo que imaginamos. Narración oral es un genérico que puede referirse a un proceso cotidiano o a uno artístico. Narrar oralmente está en la memoria genética de cada ser y en su cotidianeidad. O tendría que estar.
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De allí que contar un cuento es cosa fácil. Y en nuestros cursos partimos de que todo el mundo cuenta en sus conversaciones. Son talleres de comunicación oral, centrados en la narración oral artística, pero que sirven a los participantes para entender qué es la oralidad, sus leyes, sus procesos; y para mejorar su comunicación afectiva, social, profesional; para integrar la narración oral (no sólo el cuento, también la anécdota personal) en el ejercicio de su profesión u oficio; y son talleres que sirven a muchos para iniciarse en el arte de contar.
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En los talleres básicos siempre digo, que también, contar es complejo. Nuestra Cátedra es la universidad de la narración oral artística. Digo, que no puedo enseñar este arte en doce horas, porque no es menos trascendente y complicado que el teatral, o que la ingeniería. Y que si bien no existe aún una carrera (ya logramos que en universidades iberoamericanas sea seminario o materia optativa o curso anual), si existe la Cátedra y sus numerosos cursos y talleres que pueden cursarse en varios países a través de los años, combinándolos con la práctica y la investigación.
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De los que comienzan a contar oral artísticamente a partir del taller básico, no todos vuelven a clase (antes indicaba que nuestro mundo es en mucho caótico): a veces no vuelven por necesidades económicas urgentes o por otras tantas razones. A veces no comprenden (o no sabemos explicar y convencer a todos de) los postulados y maneras de accionar de la Cátedra. Vivimos en sociedades marcadas por la desconfianza. Hay que señalar, no obstante, que muchos mantienen los vínculos con nosotros.
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–Usted es Director de la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica (CIINOE), ¿cuál es el objetivo, fundamento e historia de esta institución docente e investigadora?
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La Cátedra nació como una institución de docencia oral artística centrada en la narración oral escénica, aunque se ocupa, en general, de la comunicación y la oralidad. También se ocupa de la investigación y de la teoría, de lo oral artístico y de lo oral artístico comunitario en cuanto a la narración oral escénica. Sus objetivos son formar narradores orales escénicos y lograr que este arte tenga una presencia contemporánea, y, que por esta vía, nuestras sociedades revaloricen toda la oralidad.
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En 1996, la Cátedra mereció, por haberse cumplido veinte de la fundación del Movimiento Iberoamericano de Narración Oral Escénica, el más significativo premio de la escena iberoamericana: el Ollantay / 1995.
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La Cátedra se nombra como tal en Caracas, en 1989, pero viene desde 1975, desde La Peña de Los Juglares, en La Habana, y desde los originarios Talleres de la Palabra, la Voz y el Gesto Vivos, antecesores de la Cátedra y que ésta incluye. Su labor ha sido respaldada desde su surgimiento por el Centro Latinoamericano Español de Creación e Investigación Teatral (CELCIT), por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y por el Ministerio de Cultura, y por muchas otras instituciones de prestigio. Sus sedes están en Madrid y México Distrito Federal.
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La Cátedra tiene un Consejo de Dirección y Delegados y Asesores en varios países, todas personalidades reconocidas en varios ámbitos.
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Cuando decidí iniciar esta propuesta en 1975 yo era un persona con la siguiente formación: una Licenciatura en Periodismo y un ejercicio de más de diez años, sobre todo como Director de revistas y departamentos o gabinetes internacionales de propaganda; varios años cursados en el campo de la docencia (para maestro, para profesor) y prácticas en diferentes niveles educativos; más de diez años en la escena, actor, crítico, investigador (después dramaturgo y director), y numerosos cursos recibidos; más de diez años en la literatura, con títulos publicados y por publicarse; y más de diez años recorriendo el país como conferencista y con el decir de la poesía y la conversación escénica (anécdota personal). Un hombre con varias obsesiones: la de ser una buena persona y contribuir al mejoramiento humano; la de trabajar de lunes a lunes; la de la utilidad social del arte sin demérito de su condición artística intrínseca; la de la comunicación cara a cara con el público, y la de formar un nuevo público. Me identificaba con la estética de la participación, de la extensión de la cultura y de la integración de las artes.
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Para poder transformar la narración oral artística, tal y como existía hasta 1975, en narración oral escénica, necesité ver, por primera vez, la narración oral: desde una oralidad entendida desde la oralidad (en consonancia con la antropología más avanzada) y no desde la escritura; verla desde las ciencias de la comunicación de masas; verla como un posible arte escénico (en el escenario; lo que luego he precisado diciendo: “arte oral escénico”), distinto, esencialmente comunicador, y verla en sus diferencias con el teatro (que es el referente más fuerte que tenemos en lo escénico). El resultado es que, desde la oralidad, la narración oral escénica es la dimensión contemporánea del antiguo arte de narrar oralmente, y, desde los escenarios, significa la fundación de un nuevo arte escénico, o para ser más preciso, oral escénico, es decir, comunicador por excelencia. Hoy los narradores orales escénicos pueden contar con cientos, con miles de personas de todas las edades en una plaza o con miles de adultos en un recinto escénico. Esto ha ocurrido en Colombia, México, España...
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–La Cátedra incluye los Talleres de la Palabra, la Voz y el Gesto Vivos, ¿en qué consisten?
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La línea docente de la Cátedra es el sistema de talleres, cursos y otros, nombrado Talleres de la Palabra, la Voz y el Gesto Vivos, entre éstos:
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-Taller Básico de NOE: Cómo contar un cuento y conversar mejor.
-Taller de Perfeccionamiento: Proceso de Montaje.
-Taller de Perfeccionamiento: Crítica de Repertorio.
-Taller de Anécdotas Personales y Conversación Escénica.
-Taller de Análisis del Cuento y Proceso de Ensayo.
-Taller de Improvisación en Narración Oral Escénica.
-Taller de Lenguajes Corporales o No Verbales.
-Taller de Oralidad Insólita y Sistema Modular.
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A éstos se suman muchos otros Talleres que hemos impartido, por ejemplo en España, en universidades y en instituciones como Casa de América, el Círculo de Bellas Artes, o el Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez; pero también en Centros de Profesores, como el de Villablino (dentro del Seminario "El lenguaje en la educación infantil"); y en ámbitos del libro, como los ofrecidos para las Bibliotecas Públicas de Madrid, para la Asociación de Bibliotecarios y Documentalistas de Guipúzcoa, y para los asesores pedagógicos y comerciales de Ediciones SM. Los talleres son una de las cuatro líneas de trabajo de la Cátedra, todas entrelazadas.
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La línea teórica, investigativa y difusora tiene su acento en el Laboratorio de la Palabra, la Voz y el Gesto Vivos, que ha dado, desde dentro, tres libros: El arte (oral) escénico de contar cuentos (España, 1991; Egipto, en árabe, 1996), Teoría y técnica de la narración oral escénica (España, 1995) y Cuentos para aprender a contar (Colombia, 1995); así como grabaciones (entre más dos con la Universidad Pedagógica Nacional, México), filmaciones (varias para la UNESCO…).
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Esta línea incluye conferencias (como las dadas en el Coloquio Internacional de Promoción a la Lectura, San José /1994, en el Congreso Latinoamericano de Literatura Infantil, Montevideo /1994; y en el Congreso Nacional de Literatura Infantil y Juvenil "Ciudad de Lucena" /1997), o la Mesa Redonda en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) hace unos años. Incluye igualmente otras acciones: exposiciones fotográficas, que indagan en la utilización de los lenguajes corporales o no verbales; exposiciones de carteles que divulgan los numerosos eventos del Movimiento Iberoamericano de NOE; asesorías a tesis universitarias de grado, y a proyectos, eventos o montajes escénicos. Existe también el Archivo de la Palabra, la Voz y el Gesto.
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Hemos convocado, desde 1985 (el primer evento en el mundo), numerosos encuentros teóricos, los más importantes: los Encuentros Teóricos Iberoamericanos de NOE, con siete ediciones hasta este 1997 (Venezuela, 1989 y 1991; México, 1990; España, 1993 y 1996) y Cuba (1994); y los Encuentros Teóricos Internacionales de NOE de México, con cinco ediciones hasta el 97.
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En Madrid se efectuó un Encuentro Teórico en 1995 en la Biblioteca Central, en coordinación con las Bibliotecas Públicas. Se trata de Encuentros sólo para narradores orales escénicos y, varios, han sobrepasado la cifra de cien participantes.
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La línea oral artística (aunque insisto en que las cuatro líneas están muy relacionadas), se ocupa del montaje de espectáculos unipersonales, y de los grupos y espectáculos colectivos de la Compañía de la Imaginación; y de dirigir cada año unos diez eventos, casi todos internacionales, desde el Festival Iberoamericano de Narración Oral Escénica (desde 1989, anual o bianual, itinerante, hasta 1997 ya con siete ediciones, que reúne entre setenta y doscientos participantes, narradores orales escénicos de entre ocho y catorce países, y que ha totalizado hasta noventa funciones), hasta las Muestras Iberoamericanas o Internacionales estables: Ciudad de México, La Habana, Madrid, León y Valladolid (entre otras); desde Festivales o Ferias como los de la Oralidad Escénica o los del Cuento de Buen Humor hasta las sesiones del Concurso de Anécdotas Personales o los Ciclos y Festivales de Jóvenes o Novísimos Contadores Españoles de Cuentos (en el Centro Cultural de la Villa).
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La línea oral artística comunitaria o dirigida a sectores determinados de la sociedad dona, yendo a sus propios espacios, y coincidiendo sobre todo con nuestros Festivales, decenas de funciones a escuelas, institutos, asilos y hospitales, pero también a centros de atención a drogodependientes o a prostitutas, y a cárceles. Y desarrolla acciones como las de “Los cuentos toman las casas”, “Los cuentos toman las Facultades Pedagógicas”, “Los cuentos toman las fábricas”.
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La Cátedra otorga cada año, a través de Jurados Internacionales, desde 1989, el Premio Iberoamericano Chamán, concedido en España, entre otros, al Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil, al CELCIT, al Círculo de Bellas Artes, y al Centro Cultural de la Villa de Madrid…
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La Cátedra, en España, ha sostenido y sostiene una intensa correspondencia centrada en la docencia, la documentación, y el intercambio (en la actualidad por medio de ciinoe@hotmail.com).
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–Usted precisa siempre, enfáticamente, que no es lo mismo contar oralmente “con” el público que “para” el público. ¿Puede apuntarnos cuáles son los matices diferenciales de ambos enfoques? ¿Cuál es el papel del narrador oral escénico? ¿Y del público?
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“Contar” es un término genérico. No todo el que cuenta lo hace oralmente.
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El actor, que también puede contar, y que hace narración escénica o cuento teatralizado, cuenta para el público. El público del actor es un espectador. Los procesos, todos o varios, cuando cuenta un actor desde el teatro, son, desde un criterio comunicológico, procesos cerrados.
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De que comencé a contar oralmente (y desde los inicios, de modo intuitivo, lo hice con el público), a que pude definir que todo el que cuenta oral artísticamente, desde siempre lo hace con el público, pasaron doce años. Este, en apariencia sencillo, “con”, ha sido decisivo para la comprensión más científica de la oralidad narradora artística y determinante para el desarrollo y plenitud de este arte.
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La narración oral escénica (en general todo el arte oral de contar) es una conversación dimensionada artísticamente. El público es el otro de la conversación interpersonal, ése que escucha en silencio porque alguien le está contando algo que, a quien cuenta le importa y quiere compartir porque desea comunicarse, y que, a quien escucha, le ha despertado la atención y le mantiene la expectación, que es algo que quien escucha puede relacionar con su propia existencia.
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Si conocemos la importancia de la comunicación no verbal para los seres humanos, podemos admitir que el otro, el que está en silencio, en el caso de un proceso oral artístico (pero también muchas veces en las conversaciones cotidianas), responde fundamentalmente por medio de los lenguajes corporales o no verbales, y su respuesta es incluida en el proceso (en este caso en el acto de contar oralmente) porque el contador de cuentos cuenta desde un proceso abierto.
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Para que el proceso esté abierto, hay que respetar las leyes milenarias de la oralidad, entre otras, la oralidad es siempre: comunicativa o comunicadora y no sólo expresiva, inventora y/o reinventora, con el otro y nunca para el otro, el otro es siempre un interlocutor y nunca un espectador; la oralidad ocurre siempre aquí y ahora, no puede ser fijada de antemano y no puede ser fijada cuando sucede, no admite la literalidad, tiene que ver con el juego de la memoria, pero no con la memorización frase a frase; la oralidad, y muy en especial la narración oral, tiene que ver con la imaginación y no con la construcción física de las imágenes de lo que se cuenta en el espacio; la oralidad es desde siempre en continua transformación, se adecua, se actualiza, incluye la realidad circundante.
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–¿Puede sintetizarnos en qué se diferencian la narración oral escénica y el teatro?
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Es difícil sintetizarlo. Y explicarlo sin realizar ejemplos prácticos. El narrador oral escénico y el actor tienen los mismos recursos expresivos esenciales: las palabras, la voz y los lenguajes del cuerpo. Allí comienza la confusión. La oralidad narradora fue antes que lo escénico teatral. Las categorías son la oralidad artística y las artes escénicas, y no la oralidad artística y el teatro. Pero la oralidad artística, a su vez, pertenece a una categoría mayor, que es la oralidad, que la rige cuando está en el escenario.
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Todo lo que el narrador oral escénico utiliza cuando está haciendo eso, narrar oral escénicamente, y no otra cosa, primero está en la oralidad cotidiana, sólo que es dimensionado oral escénicamente porque, entre otros puntos, hay una intencionalidad y un hecho artísticos.
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Cuando el narrador oral dimensiona sus recursos escénicamente (respetando el juego de las personalidades que están en todo acto de oralidad), narra oralmente, no actúa. Es el cuentero el que está en los orígenes del actor, y no a la inversa.
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Nuestras sociedades padecen, respecto a lo escénico, de teatro-centrismo, y, conste, que soy un hombre de teatro. No debemos confundir lo específicamente teatral con los procesos y propuestas a través de los cuales el teatro se apropia de recursos pertenecientes a otras artes –lo cuál puede ser válido– como si le fueran propios, como si se tratara de aquellos que lo definen como teatro en sí; ni debemos denominar teatrales a otros procesos y propuestas inscritas en la integración de las artes. Parte de las apropiaciones del teatro tienen que ver con una rama de la oralidad narradora artística, con el arte de la conversación escénica; es así sabiendo que: el teatro no es oralidad, sino escena teatral; al teatro no lo define la conversación sino el diálogo teatral (que es la recreación teatral de una conversación), y que no basta hablar para que el proceso sea oral.
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Entre otras diferencias: el teatro es acción, la narración oral es evocación y sugerencia; el teatro es representación, la narración oral, presentación; el teatro convoca al público como espectador, la narración oral como interlocutor; el actor suele caracterizar personajes, construir físicamente las imágenes esenciales, el narrador oral es siempre el propio narrador y sugiere todos los personajes e imágenes de la historia; el espacio y el tiempo del actor son los de la obra y no así necesariamente los del público, el narrador oral comparte un mismo tiempo y espacio con el público: el de la cocreación del cuento...
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–Usted habla del público como un interlocutor, nunca como espectador, pero en este arte ¿es siempre posible esta respuesta activa y estimuladora desde el patio de butacas?
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El narrador oral artístico cuando a solas selecciona el cuento para apropiárselo y posteriormente contarlo oralmente, prioriza dos de las cinco personalidades que intervienen en todo proceso de oralidad: la de quien dice (o sea, la suya propia) y la del público posible. El cuento que se contará nunca se elige sin elegirlo para un público de unas determinadas características. Esto tiene que ver con la esencia de la oralidad. Y ya desde allí el público es incluido como interlocutor.
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El narrador oral tiene que preguntarse si el público podrá comprender de inmediato (ley de la oralidad artística) y si se interesará en ese cuento (el arte de contar oralmente depende de la expectación). Y tendrá que hacer un análisis que, en principio, lo compruebe. Este es un tema que no es factible sintetizar demasiado, porque a la oralidad hay que entenderla en su complejidad, en sus interconexiones y en sus posibles conexiones.
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El público tiene que comprender e interesarse en ese cuento porque ello le permitirá y le estimulará a imaginar. El cuento oral no existe sino en la relación entre el narrador oral artístico y su público. No está en el espacio escénico, sólo existe en la razón y el sentimiento, en la imaginación del narrador oral y de cada persona del público que pueda (tiene que haber un código común, un marco de referencia y no debe haber ruidos e interferencias en la comunicación) y acepte ser interlocutor.
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El público de la narración oral artística es un cocreador. A partir de lo que el narrador oral le sugiere, cada persona del público verá sus propios personajes e imágenes. Esto hará que el cuento también sea suyo. Y hará que sus respuestas no verbales sean de comprensión, de aceptación, de admisión y de estímulo. O no. Porque el arte de contar oralmente tiene que partir de los acuerdos entre el narrador oral y el público, y no de los desacuerdos. Es un arte que no puede agredir, porque como es con el otro, si el otro se siente agredido, se va, o protesta de viva voz, o expresa su rechazo por medio de sus lenguajes no verbales. Envía carga negativa y/o se va. Y el narrador oral, dentro de ese proceso suyo abierto, se desestabilizará, se saldrá del cuento y terminará por no poder contarlo.
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El hecho de que el público (aunque en ocasiones utiliza sonidos o interviene verbalmente) sobre todo responde al narrador oral, y lo estimula o no, con sus lenguajes no verbales, es una de las razones por las que dedicamos tanto tiempo al estudio de la comunicación corporal o no verbal. Otra, es que el cuerpo del narrador (y sus palabras y voz) es la escena. Cuando el público es muy numeroso, el narrador oral artístico mantiene básicamente abierto su proceso de interacción con las primeras filas, allí se retroalimenta, y después lo dimensiona a través de sus recursos hacia todo el público que, si el proceso es cierto, por un fenómeno de comunicación de masas se siente integrado, interlocutor.
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–¿De qué modo puede entenderse la narración oral como una forma de hipnosis alternativa?
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Está demostrado que el ser humano en su cotidianeidad puede caer en trance hipnótico alternativo, y que la hipnosis no es únicamente el proceso que como tal puede generarse entre terapeuta y paciente. Recordemos que la hipnosis es un estado de extrema concentración.
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Cuando el cuento oral encuentra profundamente la razón y el sentimiento de ésta y aquella persona con la que se cuenta, puede ocurrir en la persona uno de estos estados (también cuando alguien en la calle se abstrae del resto de la realidad que le rodea y queda impresionado por, y concentrado en, una pelea callejera). Entonces la persona comienza a imaginar el cuento a partir de lo que se le sugiere, pero en mucho también a partir de su paisaje interior; y para ello tiene que concentrarse y bajar sus defensas. En ese momento en que queda vulnerable, el cuento oral puede tocar a la persona e influirla, tocarla y transformarla. De allí también la tremenda responsabilidad de quien cuenta.
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–Para usted la oralidad no puede excluirse de la formación humana. Pero ¿qué le aporta al ser humano la oralidad? ¿Qué papel juega la oralidad que narra en la formación de niños y adolescentes?
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La oralidad definió al ser humano como ser humano. Es parte inseparable de un hombre o de una mujer normal. Sin embargo, salvo excepciones, nuestras sociedades creen saber qué es la oralidad y cuáles son sus procesos, pero en realidad no lo saben. Entre otras razones, porque la antropología estudió la oralidad durante siglos en, y desde, sociedades de escritura, y la antropología más contemporánea ha demostrado que, por ello, la estudió equivocadamente. La estudió ejerciendo un criterio centrista desde los procesos de la escritura, que son otros procesos. Y lo hizo sin tener realmente en cuenta que la oralidad es anterior y tiene sus propias leyes.
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De esto es un ejemplo el término, “literatura oral”, sólo explicable por extensión, pero que es peligroso en un proceso investigativo, o docente, o ensayístico donde los términos tienen que ser usados con mucha exactitud, usados con relación al contexto donde se definen. “Literatura” significa en su origen “letra, escritura” y, por tanto, no existe literatura oral, porque no existe escritura oral, lo que existe son, por ejemplo, cuentos de la tradición oral, y testimonios escritos de una de las tantas contadas, siempre cada una distinta a las otras, de esos cuentos. No tenemos que ser menos rigurosos, y ni estar menos dispuestos a aceptar los nuevos enfoques (si estos demuestran su coherencia y consistencia) en el estudio de la oralidad, de la literatura y de las artes, que lo que lo es la medicina, porque aunque hablamos de ámbitos muy diferentes entre sí y de procesos muy diferentes, ninguno de los dos es, como no lo es ninguna cosa en la existencia, inmovilista. Pero siempre estamos más dispuestos, nosotros, a aceptar lo nuevo en la medicina (ignoro cuánta resistencia hacen los médicos a lo nuevo en su propio campo) que en la oralidad, la literatura y el arte. Se trata de que lo que conocemos o creemos conocer nos da seguridad y acostumbramos a aferrarnos a ello.
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Que la sociedad no sepa, qué es la oralidad, es muy grave. Cuando cree que la oralidad es sólo la puesta en marcha de palabra, voz y gesto, confunde la verbalización, vocalización y presencia de lo corporal o no verbal con algo mucho más complejo, que es la comunicación humana.
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El acto de oralidad por excelencia es la conversación interpersonal, el acto de comunicación por excelencia es la oralidad. La conversación es la expresión originaria y máxima de la oralidad. Lo más decisivo para nuestra vida casi siempre lo aprendemos a través de las conversaciones. Estas son nuestro más eficaz medio para expresarnos y comunicarnos, por tanto, para explicarnos y afirmar nuestro derecho a ser nosotros mismos, para aceptar y ser aceptados, para amar y ser amados, para llevar adelante nuestros sueños y construirlos como realidades.
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Además, cuando dentro de una conversación, narramos, la conversación gana en confianza, expresividad, hondura. En calidad. Y de calidad de vida estamos hablando. La comprensión de la oralidad como comunicación, y su utilización más eficaz y plena, significan una mejor calidad de vida para los jóvenes y adultos. Y también para los niños y adolescentes, que son el principio, pero para ellos, además, es el punto de partida de la formación y del desarrollo.
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Cuando enseñamos al niño a alimentarse, a caminar y a correr, estamos cumpliendo solamente con una parte de nuestra responsabilidad. El desarrollo de su intelecto dependerá en gran medida de que le conversemos y de que le contemos oralmente. Hace años que varios de nosotros (que recuerde: el escritor colombiano Jairo Aníbal Niño, yo...) venimos diciendo que al niño hay que hablarle y contarle desde que está en el vientre de la madre y desde sus primeros meses después del alumbramiento (ver en mi libro, Cuentos para aprender a contar, “El hijo de la cuentera”), ahora, recién, lo ha afirmado la ciencia. Digo una vez más que la conversación y la narración oral son el camino natural a la lectura, y a otros ámbitos de sensibilidad y progreso. La conversación y la narración oral son las apelaciones más fuertes que pueden hacerse al imaginario de otro ser humano. Enseñar a imaginar es enseñar a relacionar. Y enseñar a relacionar tiene que ver en la vida con todo y no sólo con el arte y la literatura. La imaginación tiene que ver con la calidad de vida y con que llegáramos al cosmos y con que tengamos o no una mejor pareja y con que podamos descubrir las vacunas necesarias. Está probado científicamente, e insisto en esto, que ningún medio de difusión y expresión masivas (no son medios de comunicación, ni medios masivos de difusión) puede alcanzar el grado de profundidad y de eficacia, ninguno la posibilidad tan honda de influir y transformar que propicia la comunicación de un ser humano no frente a, ni para, sino con otro.
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Otra apelación poderosísima al imaginario de otro ser humano es la lectura. Pero, no podremos acercarnos a lo ideal en términos de nuevos lectores, mientras sigamos perdiendo, con muchos de los posibles lectores, ese período esencial para la formación humana que va del vientre de la madre a los tres años de edad (de donde el alerta y la explicación a, y el adiestramiento de, la familia, es esencial); y mientras quienes se preocupan y ocupan de la educación y de la animación a la lectura (maestros, bibliotecarios, escritores para niños, entre otros) no clarifiquen qué es la oralidad, cuál es su significación y trascendencia, y la empleen efectiva y solidariamente, y contribuyan a que la sociedad lo clarifique y la emplee. Porque una clase tiene que ser ante todo un hecho de comunicación, uno comunicador. Y la animación a la lectura pasa por la conversación interpersonal, en unos casos, y grupal o escénica, en otros; esto sin sumar la necesaria presencia del arte de contar.
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–¿Cree que la expresión oral se trabaja de manera correcta y suficientemente en la escuela?
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No creo que se trabaja correcta y suficientemente. Porque se trabaja sin conocer, más allá muchas veces de lo intuitivo (que es imprescindible), qué es la oralidad. Y porque se trabaja sobre todo como expresión oral y no como comunicación oral. Y, además, porque se trabaja en muchas ocasiones centrando, lo de expresión oral, en lo verbal y lo vocal, cuando ninguna persona habla con otro ser humano sólo con las palabras y la voz, sino con todo su cuerpo. Un ser humano hablando es una imagen hablada integrada por lo verbal, lo vocal y lo corporal o no verbal. Por eso la conversación no es el arte de la palabra, y la narración oral tampoco; son: el arte de la palabra, la voz y el cuerpo vivos.
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Lo he dicho, lo digo y lo diré:
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¿Por qué no recuerdo significativamente a ninguno de mis maestros de primaria y sí a algunos conversadores que iban a mi casa o a algunos cuenteros comunitarios en el campo? Porque mis maestros de primaria (aquellos, que no son todos) no me conversaron suficiente y adecuadamente. ¿Por qué sí recuerdo a las bibliotecarias de mi infancia, y a Luisa Ceballos, mi profesora de Biología en séptimo grado? Porque ellas hablaban cálidamente conmigo, me respetaban en nuestras conversaciones, y ello me estimulaba. ¿Por qué mi familia, y sobre todo mi madre, una mujer con sólo tercero de primaria, me influyó tan poderosamente? Porque desde que recuerdo, mi madre me respondía, me conversaba en la casa y en la calle, me explicaba y me preguntaba, me contaba y me cantaba, me decía refranes y máximas, y, además, me narraba la historia de la familia y de los amigos mostrándomelos a través de un cofre repleto de fotos. Por suerte, además, tenía una correcta expresión verbal, porque somos de una provincia obsesionada por la corrección verbal. Fue esta actitud de mi madre la que me creó un apasionado interés por la lectura, que moldearon las bibliotecarias, y, más tarde, dos de las profesoras de literatura del nivel medio. Todas ellas hablaban mucho conmigo, tanto de la vida como de los libros.
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Todo proceso de oralidad es una búsqueda de equilibrios, desde un proceso de comunicación, abierto, entre la personalidad de lo que se dice, la personalidad de quien lo dice, la personalidad de quien lo escucha o la colectiva del público, la personalidad del lugar donde se dice y la de la circunstancia en la que se dice. Estos equilibrios en movimiento determinan los equilibrios entre la expresividad de quien dice y la atmósfera creada, también en continua transformación. Llegará el día en que no pueda graduarse a ningún profesional sin que haya cursado una asignatura llamada Oralidad, con fuertes acentos en la comprensión y la práctica de la comunicación, de la comunicación corporal o no verbal, de la conversación, de la narración oral artística, y de la conversación grupal o escénica.
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La Cátedra, durante años, ha trabajado directamente, en varios países, con las Escuelas, Institutos, Universidades que forman maestros y profesores, y en España, cada vez más en Centros de Profesores y Recursos, y en Asociaciones o instituciones de bibliotecarios, así como empieza a tener una presencia en los Congresos de Literatura para Niños y Jóvenes. A los talleres que convocamos directamente, cada vez más acuden no sólo bibliotecarios, maestros y profesores en ejercicio, sino estudiantes de estas profesiones.
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–¿Qué papel desempeña la literatura infantil y juvenil dentro de la narración oral escénica?
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Las fuentes de la narración oral escénica para unos u otros públicos son varias: las tradiciones orales (que no debieran ser contemporáneamente lo mayoritario dentro del repertorio, ni tampoco estar ausentes), la literatura, los argumentos y demás de las artes expresivas, las historian reales aparecidas en los medios de difusión y expresión masivas; y en cuanto al arte de la conversación escénica, la propia vida, las anécdotas personales. El narrador oral escénico es sobre todo un reinventor, no tiene que ser un escritor, aunque puede serlo o llegar a serlo. En la medida en que van ganando en experiencia, cada vez más estos originarios reinventores enfatizan la invención.
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La literatura para niños y adolescentes, como me gusta llamarle, es una literatura, como sabemos, escrita originalmente para estas edades, o se trata de historias de la tradición oral que se han escrito rehaciéndolas para estas edades. Pero no es todo lo que los niños deben leer y leen en el campo de la literatura: también están aquellas obras que, escritas originalmente para adultos, resultan apropiadas.
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Uno de nuestros narradores, idealmente, debiera poder contar con cualquier público. Así que todas esas fuentes suelen estar en el repertorio de un narrador oral escénico cuando cuenta con niños o con adolescentes. Pero a esto se suman las historias de la tradición oral, ésas sin edad que suelen interesar a muchos de los niños y a las otras edades (mitos, leyendas, cuentos populares), y lo proveniente de las artes expresivas, los medios de difusión masiva y la propia vida, y, a veces, de la propia creación.
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He logrado (dando el ejemplo y argumentándolo), además, que muchos narradores orales escénicos cuenten para adultos, eligiéndolas cuidadosamente, historias escritas para niños, y que lo realicen con excelentes resultados. Para los narradores orales el conocimiento y la apropiación de la literatura para niños y adolescentes, por tanto, son urgentes, imprescindibles. Como imprescindible es compartirla, realzarla.
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Tanto cuando se cuenta con niños y adolescentes, como cuando se cuenta con jóvenes, adultos y ancianos, la narración oral, a partir de cualquiera de sus fuentes, debiera ser, además de todo lo señalado a lo largo de esta entrevista, un acto de ensoñación, comunión, sabiduría, estimulación, humildad, indefensión, transparencia. Un acto de audacia, pureza, indagación, lealtad, justicia, libertad, dignificación. Y sobre todo ese acto, de solidaridad, amistad y amor, del que todos tendríamos que ser capaces y que todos merecemos. Contar es compartir la confianza.
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 OSORO, Kepa. Escritor e investigador. Amigos del Libro / Revista de la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil, Año XV, Madrid, España, Abril – Junio de 1997. La entrevista se respondió por escrito. Tener en cuenta que los datos que se aportan en las entrevistas son hasta su fecha, por ejemplo, la Cátedra hoy tiene nuevos cursos/talleres como el de Iniciación a la Escritura y del Cuento Hiperbreve (primero en su género), el del Humor y la Comicidad, el del Drama y la Intensidad…

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jueves, 22 de octubre de 2009

1997 / ENTREVISTA A FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES REALIZADA EN MADRID, ESPAÑA

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LA LLAMADA

FRANCISCO GARZÓN CÉSPEDES: “RESUCITA EL ARTE
DE CONTAR”



–Don Francisco Garzón Céspedes, contador de cuentos, ahora presenta en el Centro Cultural de la Villa de Madrid la VII Muestra Iberoamericana de Narración Oral Escénica. ¿Qué cuentan ustedes en los escenarios?

–Contamos lo que hemos recibido de la tradición oral, lo que viene de nuestras lecturas y nuestra propia vida.

–¿Qué es el contador o cuentero?

–Un reinventor de historias.

–¿Algo que ver con el teatro?

–No. Lo nuestro es la oralidad escénica. El público de la narración oral es un interlocu-tor: el del teatro, un espectador. Y el cuentero es anterior al actor.

–Hace miles de años, alguien contó una historia al amor de una hoguera y así empezó todo...

–Si. El ser humano necesita contar lo que ve y lo que siente.

–La narración oral ha conocido muchas etapas...

–Nosotros somos ahora un artista que antes no existía; no somos el cuentero de la tribu, ni el familiar, ni el que cuenta a los niños.

–¿Qué es?

–El narrador contemporáneo, el profesional que cuenta oralmente ante miles de perso-nas en un teatro.

–¿Ha sido positiva la experiencia en Madrid?

–Llenamos cada noche. Mucha gente no puede entrar.

–¿Conclusión?

–Resucita la narración oral, el arte de contar.

–¿Qué pasó para que desapareciera durante un tiempo?

–Llegaron la radio, la televisión, entre más. Ahora se buscan otra vez espacios de comunicación directa, real.

–¿Mejor el público adulto que el infantil?

–Al adulto se le atrapa mejor.

–¿Los niños que les escuchan echan de menos la televisión?

–No. Cuando uno dice “había una vez…”, se pronuncia una palabra mágica.

–Qué maravilla…

–Haga una encuesta: todos preferimos una buena conversación a la televisión. Pero ha de ser una buena conversación, claro.

–Usted ha creado una escuela…

–He reinventado el oficio más viejo del mundo.

–¿Tendría éxito un programa de cuenteros en televisión?

–Creo que sí, pero no es nuestro espacio natural.

–¿Tienen algo que ver con nuestro contador de chistes?

–No. Por lo general, el chiste es discriminatorio e intrascendente. El cuento es solidario y culto.

–Me imagino que les confunden con el showman...

–Bueno, si el showman es un conversador escénico, hay parentesco.

–¿Los políticos son buenos cuenteros?

–También los políticos pueden contar buenos cuentos.

–Si al menos empezaran con el “había una vez…”

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 AMILIBIA, José María. Periodista. Diario ABC, Madrid, España. 14 de Febrero de 1997. La entrevista se realizó por teléfono en correspondencia con el título de la Sección: La LLamada…
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